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Editorial Dominical

Rubén Aguilar | 01 de mayo, 2016 - 03:35 |

El secretario de la Defensa, el General Salvador Cienfuegos, en un acto poco común de parte de las Fuerzas Armadas, pidió disculpas a la sociedad en nombre de la institución por la tortura que integrantes del Ejército aplicaron a una mujer el cuatro de febrero de 2015, en la población de Ajuchitlán de Progreso, Guerrero.

 

Esto ocurre después de que circuló un video en las redes sociales sobre ese brutal y lamentable hecho. La Secretaría de la Defensa, en una reacción rápida, también poco usual, emitió un comunicado en el que reconocía lo sucedido e informaba que el 10 de diciembre de 2015 se habían enterado del acontecimiento.

 

Señalan también que el cinco de enero de 2016 se arrestó a la cabo y al capitán que participaron en la aplicación de la tortura en la que también estuvieron presentes tres elementos de la Policía Federal, que también están detenidos. Ahora los soldados están a disposición del juez quinto de la justicia militar.

 

La reacción rápida y contundente tuvo un triple propósito: operar el control de daños al cerrar el espacio a la especulación y la crítica; dejar en claro a los integrantes de la institución que se condena la tortura y quien la aplique se atiene a las consecuencias y dejar claro a la sociedad que la tortura no forma parte de los protocolos de actuación de las Fuerzas Armadas.

 

El hecho admite diversos análisis. Es evidente que la tortura es una práctica que todavía está presente en México como lo han denunciado organizaciones de derechos humanos del país y de carácter internacional.

 

El Ejército no es la excepción. Ahora nos enteramos de un caso, pero seguramente hay otros.

 

En esta ocasión, el Ejército ante el hecho, detrás estaba la experiencia de su mala actuación en el caso de Tlatlaya, actuó bien y rápido en términos políticos y de comunicación. Una hora después de que el video empezó a circular en las redes reconoció el suceso, ofreció nueva información y reveló que los responsables ya estaban encarcelados y a disposición de un juez militar.

 

Después, en voz del propio secretario de la Defensa, la institución pidió disculpas a la sociedad. La adecuada reacción hizo frente al problema y logró controlarlo de cara a los medios y las distintas audiencias. En el exitoso manejo de la crisis tres son los elementos a destacar: reconocer de inmediato el hecho ante la evidencia aplastante; anunciar que los militares ya están en la cárcel y pedir disculpas a la sociedad.

 

Estos elementos revelan que los altos mandos del Ejército, en una sociedad mediática, ya entendieron que deben reaccionar aceptando los hechos, no intentando minimizarlos y todavía peor esconderlos o negarlos.

 

Se espera que de aquí en adelante este sea el patrón de respuesta de las Fuerzas Armadas ante este tipo de hechos vergonzosos que nunca deberían pasar, pero suceden. 

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