Quedan 75 días al gobierno del presidente López Obrador. En una sociedad radicalmente polarizada como la de México, las valoraciones sobre su gestión son diametralmente opuestas.

Para los simpatizantes del presidente su gobierno ha sido el mejor de la historia posterior a la Revolución Mexicana y él en lo personal, el mejor presidente que ha tenido el país.

Para otros, me incluyo entre ellos, su gobierno ha implicado una regresión histórica y la vuelta al presidencialismo autoritario, corporativo y clientelar de los años más antidemocráticos del PRI.

Por años en la Universidad Iberoamericana, en la carrera de Ciencia Política y Administración Pública, impartí el curso de Sistema Político Mexicano.

Explicaba cómo se había constituido y cómo operaban sus componentes teniendo al presidente como articulador central del sistema a partir de sus atribuciones metaconstitucionales.

El presidente López Obrador, formado en ese PRI, ha restaurado ese sistema, del que según él, se había desviado por el neoliberalismo adoptado desde el gobierno del presidente Miguel de la Madrid.

Para López Obrador había que regresar al estatismo autoritario de los presidentes Luis Echeverría y José López Portillo, sus modelos. En sus seis años de gestión lo ha logrado en buena medida.

La oposición ha criticado el regreso al presidencialismo autoritario, paternalista y clientelar, pero en lugar de golpear al presidente lo ha beneficiado. En su gestión ha sido inmune a la crítica y la ha aprovechado a su favor.

Eventos de la dimensión de Segalmex, que implica un fraude dos o tres veces mayor al de la Estafa Maestra, no le han hecho ningún daño a su imagen.

En 75 días el presidente ha dicho que se va a su rancho La Chingada en Chiapas. Lo suyo a partir del 30 de septiembre será pasado. La oposición tiene que ver al futuro y diseñar una nueva estrategia, para enfrentar al gobierno que asume la presidencia el 1 de octubre.

¿La presidenta Claudia Sheinbaum será también inmune a la crítica? ¿Estará blindada ante la misma? Es algo que la oposición tiene que analizar con cuidado. No puede cometer el mismo error de su estrategia al enfrentar a López Obrador.

Es posible que la crítica al seguimiento de la gestión de la nueva presidenta pueda ser capitalizados por la oposición, pero también que no sea así.

Esta, a partir de grupos de enfoque, con metodología antropológica, debe trazar una nueva estrategia, la que utilizó contra López Obrador tuvo claros efectos en su contra. ¿Cuál es la del futuro?

@RubenAguilar

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