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03 de febrero, 2020 - 08:00

Spaik: trazos por el mundo

Israel Guerra imprime en sus murales la colorida cultura latinoamericana

Mónica Delgado

Revista

Spaik: trazos por el mundo
Jorge Félix
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Ciudad Juárez.- El arte urbano se ha convertido en escaparate para que el talento de jóvenes salga a la luz. Es también una manera de cumplir sueños y metas, de trascender y proyectarse a otras latitudes. Desde los malabares en los cruceros hasta grandes murales, son muestra de la capacidad que poseen. Tal es el caso de Israel Guerra, mejor conocido como Spaik.

Originario del estado de Tlaxcala, Israel ahora es reconocido a nivel mundial por sus obras que resaltan el colorido de la cultura latinoamericana, y en específico las características de lo mexicano, con seres más cercanos a los alebrijes.

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Su propio camino

A los 15 años, viendo los grafitis de los diferentes barrios de las colonias de su ciudad, entendió que podría resaltar de manera distinta cada letra y número, con colores vivos y diseños variados, un nuevo enfoque para esos trazos que se pierden entre sí. 

“Al paso de los años me interesé por leer sobre el arte, las vanguardias, sucesos emblemáticos para los muralistas en los años treinta, además de estudiar cine ayudándome a nutrir la parte audiovisual en mi imaginario y querer hacer cosas con mayor complejidad en los edificios”, comentó el artista sobre su formación. 

Al principio, su familia no lo apoyó; existía la creencia de que ser un artista urbano o muralista era un sueño absurdo en el que no habría buenos resultados. Esta situación lo impulsó a buscar su propio camino, viajar por el país y eligió Morelia, Michoacán, para residir y cursar  la Licenciatura en Estudios Cinematográficos en el Instituto Mexicano de Investigaciones Cinematográficas y Humanísticas (IMICH).

Con 17 años de experiencia, Spaik comentó que las cosas no han sido sencillas: ganarse un lugar en el muralismo no se dio de la noche a la mañana, al contrario, tuvieron que pasar ocho años para poder consolidarse y obtener su primera invitación a Guatemala.

“La primera impresión para mí fue muy cabrona porque jamás había tenido contacto con personas de otros países o ciudades fuera de México. El aprender otros idiomas y costumbres fue un gran reto dentro de mi sueño”, resaltó Israel.

Esencia latinoamericana

“Cuando estaba estudiando cine, estaba leyendo sobre la influencia del cine norteamericano en Latinoamérica, analizando la narrativa en la que ponen a Estados Unidos como el héroe sin importar lo que haga”, agregó el artista, situación que se repite en otro tipo de artes.

Spaik explicó que la influencia de la cultura estadounidense sobre las expresiones artísticas en México es notable, incluso en el trabajo que ha desarrollado, pues, en retrospectiva, se percató que caía en un mercado simple, al estilo de Los Ángeles y Nueva York: “algo súper gringo”, por lo que decidió retomar sus raíces mexicanas.

“Yo mismo dije… pero si aquí tengo un chingo de cultura y creo que me toca a mí poder enaltecer esta parte de Latinoamérica en los muros, como lo hace el cine en la pantalla grande sorprendiéndose ante lo majestuoso de los formatos”.

Sus trabajos se basan en la simbología de las culturas precolombinas, a la que suma formatos y técnicas adecuados para crear grandes murales coloridos con conceptos propios para lograr que la gente sienta la magia. 

Oportunidades

En todas partes del mundo existen jóvenes que sueñan con convertirse en muralistas reconocidos, sin embargo, no cuentan con los recursos, experiencia o talleres necesarios para mejorar su técnica y comprender el sentido del arte; las dudas permean y la capacitación es la forma de resolverlas. 

Basado en su experiencia, Israel Guerra, aseguró que los jóvenes ahora tienen más facilidades para inmiscuirse en las actividades artísticas y culturales, ya sea en talleres y capacitaciones o emprender ellos mismos su camino, a través de redes sociales, video tutoriales o con un simple intercambio de palabras se pueden asesorar.

Israel ha participado como tallerista en actividades organizadas por asociaciones civiles dentro y fuera del país. En Ciudad Juárez trabajó con jóvenes de las colonias Parajes de San Isidro y Riberas del Bravo, con el objetivo de darles una alternativa al ambiente de violencia y vulnerabilidad al que están expuestos constantemente.

Recientemente, el artista conoció uno de los penales de máxima seguridad en México, además, pudo convivir y conocer las historias de las personas privadas de su libertad por diferentes circunstancias. En su intervención, les dio ánimos; trató de aportar algo positivo en medio de la pena por la que pasan.

“El arte influye en la psicología de cada persona, la música que escuchan, el cine que ven o las estupideces como las narcoseries o novelas. Claramente se crecerá con esas ideas al igual que la música, ya que se fomentan ciertos tipos de actitudes… Lo que hace falta es educar y encaminar a la gente a pensar en cosas positivas y constructivas cambiándoles el chip”, recalcó Spaik.

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Sin fronteras

Los murales de Spaik resaltan en varias latitudes: Francia, España, Inglaterra, Ecuador, Colombia y por supuesto en distintas ciudades de México, incluyendo Ciudad Juárez. En su recorrido ha logrado crear un amplio grupo de amigos, esto le ha permitido mejorar sus técnicas e intercambiar ideas.  

Con orgullo lleva un pedacito de México en cada lugar al que lo invitan a pintar. Se ha fijado el objetivo de regresar a esas sedes por lo menos dos veces más y dejar plasmado su talento en los muros.  

“Agradezco de ante mano a todas aquellas personas que han confiado en mi talento sin conocerme y que se han convertido en grandes amigos. Yo sé que no acabaría nunca de agradecer la oportunidad y el impulso que se le da al talento mexicano en otros países, cosa que valoro y siempre recuerdo al momento de ver un edificio de muchos pisos en blanco para que yo pueda hacer mi trabajo”, finalizó Spaik. 

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