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Publicado: 24-10-2020 10:00

Siembran vida en la Sierra Tarahumara

Comunidades indígenas se unen para cuidar la tierra de la que obtienen alimentos

Dinorah Gutiérrez

Revista

Dinorah Gutiérrez

Coordinado por la Secretaría del Bienestar, “Sembrando Vida” es uno de los programas insignia del Gobierno Federal que se ha propuesto sembrar un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables e incluir cultivos de ciclo corto, así como plantaciones agroforestales en 19 estados del país, incluyendo el estado de

Chihuahua, para el que se contempla una cobertura de 50 mil hectáreas en la Sierra Tarahumara, con 20 mil sembradores y sembradoras, en los municipios de: Balleza, Batopilas, Carichí, Guachochi, Guadalupe y Calvo, Maguarichi, Morelos, Urique, Bocoyna, Temósachic, Madera, Uruachi, Belisario Domínguez y Chínipas.

En las llamadas Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC), el corazón del programa, son un espacio de capacitación y acompañamiento técnico, donde se promueven la integración social, la inclusión productiva, el desarrollo comunitario y la inclusión financiera.  Se busca la recuperación de conocimientos tradicional sobre el cultivo. Se recuperan los saberes ancestrales y se adiciona con el conocimiento técnico de expertos facilitadores que apoyan directamente a las personas usuarias del programa, conocidas como sembradores y sembradoras. Busca potenciar la creación de diálogos para el aprendizaje y la interrelación generacional.

La base de las CAC es la convivencia y prácticas directas en campo, con el propósito de construir el conocimiento suficiente para que las personas creen sus propios cultivos de autoconsumo en aquellas comunidades con bajos índices de desarrollo humano, o bien, en zonas con amplio potencial para el impulso de actividades primarias, a través del sistema de Milpa Intercalada con Árboles Frutales (MIAF) y el Sistema Agroforestal (SAF).

El programa de reforestación otorga un apoyo económico de 5 mil pesos mensuales a cada sembrador o sembradora. De esa cantidad, 500 pesos son destinados a un fondo de ahorro que estará disponible a partir del tercer año de pertenecer al programa; de esta manera cada beneficiario del Programa de manera mensual dispone de 4 mil 500 pesos, informó Gabriela Bustillos, una de las facilitadoras del programa en la región de Guachochi.

En una visita realizada por Revista Net a Norogachi, municipio de Guachochi, encontramos una mirada diferente del campo entre quienes ponen la esperanza de sus vidas en cultivar la tierra, seca y árida, típica de un estado semidesértico y con una pronunciada sequía en el año reciente. El entusiasmo de los sembradores y sembradoras es contagioso. Tienen una gran habilidad para describir con pocas palabras la belleza de cultivar para producir alimentos.

Noé Espino Gardea, originario de la región y quien dijo le gusta compartir lo que sabe del campo con otros compañeros y compañeras, explicó que el programa “no se trata nomás de sembrar y cosechar, sino de la mejora de la tierra; pero también de cómo enseñar a nuestros hijos a diferentes capacidades que puede uno tener. No sería nomás esto, sino que se habla de cooperativas para ayudarse entre la gente”, dijo Espino. 

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Noé Espino considera que lo más importante del programa es el cuidado y preservación de la tierra.
Foto: Dinorah Gutiérrez

 

Espino aseguró que en los grupos de sembradores que se han ido formando con el apoyo de técnicos y facilitadores del programa, existe un gran talento para crear. Las personas de origen rarámuri conocen no solo de cultivar la tierra, sino que pueden elaborar piezas de artesanía, con los recursos a su alrededor, dijo este hombre alto y de piel bronceada que se muestra orgulloso de su origen y del de su propia gente en la Sierra de Chihuahua.

“Tenemos que cuidar la tierra donde vivimos porque estamos viendo deforestación, contaminación… Quisiera que tomemos consciencia en todo esto, nosotros como grupo. El trabajo no es nomás del presidente”, agregó Noé Espino.

En los espacios destinados al desarrollo de las actividades del programa, se trabaja diariamente en las CAC. En el municipio de Guachochi existen varios CAC´s a los que se les dio el nombre indígena Ichimea, que significa “sembradores”, dijo la Dra. Rocío Sánchez, facilitadora del programa en la región, quien detalló el nombre elegido para cada una: “Chimea Iwerka”, ubicada en Papajichi, tiene 26 integrantes, cinco de ellos mujeres, que asisten de localidades a poco menos de 20 kilómetros de distancia hasta donde se ha planeado establecer el vivero. Las localidades de donde provienen son: Satevó, Ranchería Ruruchacachi, Mesa de Papajichi, Gomichi, El Rebaje, Norogachito, Sagoachi, Sarabeachi y Papajichi. De este grupo, solo una mujer es mestiza y los demás son de origen rarámuri.

La otra CAC es “Ichimea Sineami Wiwerili”, ubicada en Pahuiránachi, integrada por 14 hombres y 15 mujeres, todos ellos indígenas rarámuris provenientes de las localidades Pahuiranachi y Guacarichi.
Una tercera CAC es “Unidos Sembrando”, ubicada en Cuchihuachi y en la que se integraron 20 hombres y cuatro mujeres, todos ellos rarámuris provenientes de las localidades como: Los Arbolitos, La Laguna, Cuchihuachi, El Madroño, Rocharachi, Los Táscates y Bajichi.
En Tatahuichi hay una CAC que se llama “Makawi Rosakami”, que significa Paloma blanca, otra tiene como nombre Kolimí, que significa Arcoíris.
La del ejido Sehuerachi tiene por nombre “Para Todos Nace el Sol”. Mientras que la de Rejogochi se llama Rolocochi, porque abunda la planta llantén. También está la que lleva el nombre Cusá, que significa “Lugar de Águilas”.

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Noé Espino considera que lo más importante del programa es el cuidado y preservación de la tierra.
Foto: Dinorah Gutiérrez

 

“La CAC Bawi Bacha Jú, significa algo así como El Agua es Vida”, dijo la doctora Sánchez quien agrega que muchas CAC´s tienen como nombre Napawica Nochama y sus variantes porque significa “Juntos Trabajando”. Hay una más que “se puso en rarámuri, algo que se traduce como in memorian a los hermanos Cruz, rarámuris trabajadores, porque uno falleció ahogado y al otro le cayó un rayo, esto muy recientemente”, comentó.

La integración del programa desde la cosmovisión indígena es esencial para el desarrollo del proyecto. Por ello los nombres asignados para los lugares de trabajo cotidiano, son reconocidos por la comunidad, porque no les resultan ajenos, sino que se han vuelto parte de sus vidas gradualmente en casi dos años que lleva el programa. “Los sembradores le pusieron nombre a su grupo y eso facilita un sentimiento identitario”, agregó Sánchez, que coordina al equipo de técnico que le acompaña, formado por un binomio entre Lupita, ingeniera originaria de Oaxaca y Reginaldo, especialista en temas forestales originario de Guachochi.

“Estamos recogiendo el resultado de muchos esfuerzos. También aportando mucho trabajo y creatividad. Tenemos una coordinadora precisa y técnicamente excepcional”, compartió la doctora, al referirse a la coordinadora estatal del programa, Teresita Ruiz Anchondo, también catedrática de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh) y plenamente comprometida con el proyecto del Gobierno Federal.

Entre las sembradoras y sembradores que forman parte del programa, también se encuentra Lucía, mujer indígena quien dijo estar muy contenta por ser parte del programa y porque ha aprendido mucho sobre cómo hacer composta, además, agregó “mi hijo pudo quedarse en Norogachi y ya no se fue a trabajar a Namiquipa, entonces aquí ya nos quedamos todos para aprender…”.

Jesús Espino mestizo radicado en Norogachi y Gustavo Bustillos, también indígena integrado al programa, dijo que desde que asisten al CAC han visto que pueden hacer muchas cosas con lo que van aprendiendo. “Ahora ya tengo muchos planes para mi tierrita. Voy a hacer muchas cosas ahí con un presón que tengo”, comentó Jesús. Mientras que Gustavo dijo estar muy agradecido con “los ingenieros que nos han enseñado mucho. Espero que ahí más delante también mis hijos y mis nietos aprendan de esto pues”.

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Chile, frijol, maíz y calabaza son algunos de los productos que se obtienen
Foto: Dinorah Gutiérrez

 

En las parcelas de Noe se han cultivado este año calabazas, chícharo, papas, frijol, maíz y están incorporando árboles frutales entre las parcelas para aprovechar la tierra abonada con la misma composta que han aprendido a preparar en la CAC. “Se aprovecha todo. Nada se desperdicia aquí y no le metemos nada de fertilizantes artificiales”, comentó el “inge” José, como lo conocen en la comunidad. “Aquí la tierra de temporal ha sufrido mucho este año por la falta de lluvias. Ha sido complicado para la gente cosechar, pero poco a poco vamos viendo cómo le hacemos para que la gente siga aprendiendo a aprovechar bien la tierra con cultivos de la milpa y que no se lleven mucha agua”, dijo el "inge".

Más tarde en Norogachi, afuera de las oficinas asignadas para atender a los sembradores y sembradoras, las personas hacen largas filas para recibir su pago del mes. Están animados porque pueden aprender y al mismo trabajar. “Es un dinerito que nos llega y ahora sí podemos sembrar con eso para ayudar a los hijos”, comentó Carmen, usuaria del programa que declara: “yo solo era ama de casa, pero ahora sí estoy ganando mi dinero y yo puedo hacer más cosas para mi familia”. 

Para el joven mestizo Ricardo Oguer Pompa Ceballos, de la Mesa de Papajichi, Sembrando Vida le ha devuelto la fe en el campo y el amor a sus raíces. Ha decido quedarse en su tierra para probar los frutos que confía en cosechar muy pronto gracias a lo que está aprendiendo. “Es uno de los sembradores más aplicado y comprometidos”, asevera Reginaldo, el técnico asignado a esa zona, “ Siempre está muy atento a lo que en el CAC vamos trabajando y ya puso sus manzanitos que ahí la llevan creciendo derechito”. Y si, los árboles formados en fila parecen seguir el ritmo de la voluntad de los Ichimea o sembradores en estas tierras del corazón de la Sierra Tarahumara.

Este 2020 ha significado un desafío lograr que los cultivos se amarren por la falta de lluvia. Es un año calificado como de sequía extrema y el agua es escasa para llevar a las sedientas parcelas. Este año el maíz está deshidratado.“Está muy flaquito ahora”, dijo Noe. “Pero ahí traemos agüita del pozo para que no se nos mueran los maicitos, oiga”, compartió Jesús.  “Hay que sacar el alimento de esta tierra noble como sea posible”.
 

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Sembradores y sembradoras esperan que las nuevas generaciones continúen con la actividad agrícola de autoconsumo responsable.
Foto: Dinorah Gutiérrez

 

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