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20 de noviembre, 2020 - 06:00

Juárez, foco de la Revolución

Esta frontera fue el escenario donde se definió la primera etapa de la lucha armada

Samuel Palacios

Revista

Juárez, foco de la Revolución
Cortesía | Muref, Archivo de la Secretaría de Defensa Nacional y Mediateca INAH
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El olor a pólvora inunda los caminos de terracería, los orificios de bala formaban parte ya de los edificios de adobe y los caballos deambulaban nerviosos por la calle Del Comercio. Moribundos en el suelo suplicaban atención médica, los ilesos huían antes de que alguien los descubriera. Escenas como estas eran comunes en tiempos revolucionarios y de las que Ciudad Juárez fue escenario. 

La región fronteriza Juárez-El Paso durante el movimiento armado jugó un papel clave en la lucha entre los bandos revolucionarios y federales, en su primera etapa. Esta zona era clave para el tráfico de armas y provisiones, explica la doctora Sandra Bustillos, académica de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). 

En su revisión histórica titulada “La Revolución Mexicana en Ciudad Juárez” disponible en línea, Bustillos refiere que, a pesar de que el movimiento empezó como una exigencia del sector campesino, finalmente las grandes batallas se libraron en las zonas urbanas y Juárez fue uno de los puntos clave. 

Por su parte, el historiador y promotor del Museo de la Revolución en Frontera (Muref), Carlos Rocha Pineda, expuso que la frontera sirvió ampliamente para la captación de armamento. Los hermanos Flores Magón y el político Abraham González utilizaron la ruta El Paso-Juárez para abastecer a los partidarios del movimiento antirreeleccionista. 

Además, Rocha Pineda apuntó que la posición geográfica de la ciudad benefició a la huida y protección de los líderes. Por ejemplo, Ignacio I. Madero se instaló en la Casa de Adobe para que en caso de una avanzada de los federales, cruzar a El Paso y refugiarse o avanzar hacia otra ciudad si era necesario. 

De la política a las armas 

La postura antirreeleccionista comenzó a circular entre la población juarense muy temprano, gracias a los ideales de los hermanos Flores Magón, considerados por los historiadores como los precursores del movimiento contra Porfirio Díaz. Más tarde, los Flores Magón y Francisco I. Madero no coincidirían, por la postura radical tomada por los primeros. 

Madero vistió Ciudad Juárez en 1910 donde intensificó su campaña contra la reelección de Díaz. Estuvo acompañado de Abraham González, su principal operador en Chihuahua, y del abogado Roque Estrada. A pesar de que el movimiento de Madero ganaba adeptos a lo largo y ancho de México, la derrota en las elecciones de ese año generó que los discursos se convirtieran en fusiles y las palabras en balas. 

Bustillos señala en su revisión la importancia del norte del país en la Revolución, no solo porque en los estados de esta zona nacieron los personajes principales del movimiento: Pascual Orozco, Venustiano Carranza, Toribio Ortega, Francisco Villa, Álvaro Obregón y el propio Madero, también porque el norte, en específico en Chihuahua, se levantaron en armas en noviembre de 1910 tras proclamación del Plan de San Luis.

Imagen
Cortesía | Muref, Archivo de la Secretaría de Defensa Nacional y Mediateca INAH

Puro norte

Fue entonces que surgen las imágenes de las revolucionarias y revolucionarios: grandes sombreros, carrilleras, botas, pantalones de manta, vestidos típicos y carabinas 30-30 en la espalda. A caballo, a pie o como polizones en los trenes, iniciaron la Revolución de 1910. 

Versiones hay muchas sobre dónde se registró la insurrección. En Chihuahua, atribuyen al levantamiento de Toribio Ortega y los habitantes de Cuchillo Parado, municipio de Coyame, donde atacaron a un grupo de soldados que pretendía detener al comerciante el 14 de noviembre de 1910.

En San Isidro, municipio de Guerrero, Pascual Orozco y los pobladores tomaron el 19 de noviembre la estación del tren Miñaca, que era un punto importe para el embarque de armas, dinero, municiones  y minerales provenientes de las minas de la sierra. Después de destruir las vías de comunicación, avanzaron por diferentes poblados donde más personas se unieron al movimiento. La primera cabecera municipal en ser tomada por los revolucionarios fue Guerrero. 

Fernando Peña, historiador y cronista de Guerrero, argumenta que a partir el movimiento ya no se pudo detener, “se hizo más grande hasta la toma de Ciudad Juárez”

La Toma de Juárez

Las tropas federales, mejor equipadas que los rebeldes, asestaron golpes importantes en su avance por el norte. Batallones comandados por el general Juan J. Navarro avanzaron hacia Guerrero con el objetivo de eliminar los focos de insurrección en los pueblos cercanos hasta llegar a Ciudad Juárez. 

Para finales de 1910, Orozco ya era uno de los perfiles más destacados del movimiento liberal, y por lo tanto uno de los objetivos principales a eliminar. Sin embargo, el revolucionario pudo llegar hacia Juárez-El Paso, el objetivo era darle a Madero una vía segura de entrada a la ciudad. 

Los maderistas mantenían posiciones en diversos municipios como Ojinaga, Casas Grandes y Guadalupe en 1911, librando batallas con resultados positivos y fracasos absolutos. En abril de ese año, las fuerzas comandadas por Villa, Orozco y Madero se apostaban en las afueras de Ciudad Juárez, en la Casa de Adobe, sin pensar que en los próximos meses definirían parte del futuro de México. 

El relato oficial indica que Madero no pretendía tomar Ciudad Juárez ante las constantes quejas del gobierno estadounidense por afectaciones a sus ciudadanos y evitar así represalias, además de que el político mantenía muy buenas relaciones del otro lado del Bravo. Pero Orozco y Villa no obedecieron la orden e iniciaron el ataque contra los federales el 8 de mayo de 1911. 

El avance revolucionario inició en el poniente. Las fuerzas federales colocaron barricadas y construyeron trincheras en todos los puntos cardinales para impedir el paso, pero la superioridad de hombres les permitió controlar las posiciones. Madero propuso un cese al fuego pero los hombres de Villa y Orozco no lo respetaron y tomaron el norte de la plaza. 

Carlos Rocha comentó que en ese entonces Juárez vio interrumpida su vida y economía, donde el sector servicios era fundamental: casas de juego, bares, restaurantes, teatros, prostíbulos etc. Lejos estaba todavía la dinámica industrial que la caracteriza. Los daños a los edificios como la Aduna, la Misión de Guadalupe, las Oficinas de Correo, entre otros, fueron evidentes. 

Para el 10 de mayo, los militares se habían replegado al Cuartel General donde seguirían combatiendo, pero por la falta de personal y municiones terminaron por rendirse. Los revolucionarios tomaron la plaza, y originaron los Tratados de Ciudad Juárez en los que se pactó la renuncia de Porfirio Díaz para después organizar las elecciones en las que Madero fue electo presidente. Así terminó la primera etapa de la Revolución Mexicana. 

Ciudad Juárez y el resto del territorio chihuahuense tienen un valor inigualable para el movimiento que transformó el país. La frontera aún guarda entre sus edificios antiguos los ecos de la batalla; las calles transpiran el sudor y la sangre de los caídos de ambos bandos; en la memoria de su gente están los protagonistas del movimiento y en el presente del país, su política, las traiciones, la insurrección y el valor. 

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