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06 de noviembre, 2020 - 10:00

Escritora rarámuri lucha por mantener viva su lengua materna

Esther Moreno plasma en sus textos la cosmovisión de su comunidad

Dinorah Gutiérrez

Revista

Escritora rarámuri lucha por mantener viva su lengua materna
Cortesía
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Esther Moreno Batista, originaria de Norogachi, municipio de Guachochi, muestra el rostro y la mirada de su pueblo rarámuri a través de sus palabras. Con cada una de ellas dibuja los paisajes, la comida, las personas de su comunidad; la danza y los juegos tradicionales; los niños y las niñas que se mueven libremente entre los pinos y el olor de la Sierra Tarahumara.

La escritora rarámuri ganó el Premio Literario Erasmo Palma 2020 por su obra “Siné Rawé Wabé Semáti” (Un Día Extraordinario), un reconocimiento, además, por su amplia trayectoria en la difusión de la cultura de su comunidad y la promoción y preservación de su idioma, sobre todo en las nuevas generaciones. 

Salvar el idioma 

“A mí siempre me ha gustado revalorar, rescatar nuestro idioma. Me ha gustado escribir desde que soy docente y me di cuenta que estábamos transformando muy rápido nuestro idioma. Si seguimos así yo creo que dentro de muy poco vamos a tener un cambio muy drástico” 

Comenzó a trabajar con palabras sueltas entre las niñas y niños que educaba, para que ellos aprendieran a escribir en la lengua materna y no se perdiera o cambiara drásticamente, explicó la escritora.  

Hace dos años Esther tuvo oportunidad de escribir una obra, “esto ya fue a nivel nacional”, aclara; “salí ganadora”. Orgullosa detalla que le tocó ir a la Ciudad de México a la Feria Internacional del Libro y ahí supo que tendría que seguir escribiendo sobre lo que bien conoce y defiende: su propia cultura y la cosmovisión indígena ralámuli o rarámuri (tarahumara).

“Me ha gustado escribir porque veo que es algo tan importante. Rescatar nuestras tradiciones; rescatar las palabras que ya en muchas comunidades no se usan… ya las cambiamos por otras palabras en español”, señala con cierta tristeza. 

Esther reconoce que un evento importante en su vida fue perder a su madre recientemente: “perdí a mi mamá hace tres años y eso fue mi gran motivo para que el primer texto que escribí fuera de Luciana, Ciana… es una creencia indígena, pues tuvo una muerte drástica… ese es el final de ese texto…”

De lo tradicional a las palabras

La escritora evita dar más detalles sobre ese capítulo en particular, incluido en su libro titulado: "Siné Rawé Wabé Semáti”, una recopilación de cuatro cuentos en los que plasma elementos representativos de su cultura: la comida, la danza, los juegos, el idioma en uso, “envueltos en un entorno natural lleno de pinos, arroyos y animales, que se describen de manera fantástica en cada párrafo”, como describen la obra  los reseñadores de la Secretaría de Cultura de Chihuahua. 

“En el libro hablo de otras creencias, de dos mundos, del juego tradicional, porque también veo que estamos perdiendo nuestras actividades tradicionales. Se nota más en las ciudades. Aquí en Guachochi, por ejemplo, se nota mucho que ya no se quieren seguir las tradiciones, aunque en comunidades más pequeñas todavía se pueden ver. Pero estamos dejando muchas cosas. También hablo de la diferencia de un contexto a otro. En Choguita, donde soy docente, estamos haciendo cosas para rescatar nuestra cultura, porque ahí trabajo con puro niño monolingüe”, explica Esther.

Al cuestionarle sobre los retos que ha tenido que enfrentar al momento de escribir en su idioma materno y de manera simultánea en español, Esther describe que tuvo oportunidad de estudiar en escuela de religiosas, tanto en su comunidad como en la ciudad de Chihuahua, incluso parte de sus estudios en Creel, en el municipio de Bocoyna. 

Logró titularse como docente y obtuvo una licenciatura en Educación

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Primaria, pero admite que vivir en la ciudad también le resultó difícil: “tenía que leer y releer los temas para comprenderlos. Ya cuando salí de la licenciatura ya estaba más acostumbrada a la otra forma de hablar, sin embargo, nunca dejé mi vestimenta, mi idioma, seguí practicando con mi familia. Ese cambio de vida, de ver cómo se batalla para entrar al otro mundo, también me dio valor para seguir adelante y enfrentarme a todo lo que me iba a tocar vivir en una sociedad tan diferente a la mía”. 

Traducir no es lo mismo que interpretar, aclara Esther, se trata de interpretar los diferentes contextos en los que se vive dentro de la cosmovisión indígena y luego darle una interpretación más o menos cercana al español y viceversa. “Cómo puedo interpretar lo que se dice en español y llevarlo a mi cultura, a mi propia forma de vida y a mi propia cosmovisión, porque sí son bien diferentes”. 

“Ponerte a escribir una historia, un poema, una tradición, requiere estar inmerso en la cultura, porque si nos salimos de ella, ya no damos la misma idea. Para escribir este libro tuve que pensar desde mi propia cultura, mi propia visión de la vida y de la comunidad, para ver si le estaba dando la interpretación correcta al español”, relata Esther, para quien, al parecer, resulta más sencillo escribir en español que en su idioma natal, debido a que “no estamos acostumbrados a escribir en rarámuri, más bien lo hablamos”.

Detalles que podrían parecer triviales para una persona dedicada a la escritura, para Esther significaron un desafío.
 El número de palabras en rarámuri y en español es totalmente distinto, aunque se trate del mismo texto, así que para esta mujer, apasionada de las letras, constituyó un reto que ella describe como “interesante”, ya que las expresiones suelen ser o más largas o más cortas en cada idioma. 

“Yo podría haber escrito el doble de páginas en rarámuri, si hubiera hecho solo una simple traducción. La oralidad es tan fácil, pero ya la escritura cambia… Yo tuve que quitar algunas muletillas para que quedara bien y que no fuera muy extensa la impresión del texto”, recuerda Esther.

Aunque Moreno Batista encuentra en la escritura una importante fuente de oportunidades para preservar su cultura, señala que las personas de las diferentes comunidades de la Sierra no parecen estar muy interesadas en actividades culturales como en la que ella ha participado recientemente, debido a que desconocen las convocatorias. 

“Nos falta hacer extensivas las invitaciones, porque las redes sociales no llegan a las comunidades y hay mucha gente que no tiene celular, así que ni se enteran que hay convocatorias para escribir. Hay muchos saberes en las personas adultas y sí pudiéramos plasmarlas en un escrito, pero hay que darle valor a la escritura en las comunidades e invitarles ahí mismo”, concluyó Esther Moreno.
 

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