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17 de junio, 2020 - 10:00

Rompe los prejuicios con su arte textil

Marcelo se ha convertido en una expresión contra la imposición de género

Dinorah Gutiérrez

Revista

Rompe los prejuicios con su arte textil
Cortesía
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Chihuahua.- Originario de Ciudad Juárez, radicado por algún tiempo en Cuauhtémoc y actualmente viviendo en la ciudad de Chihuahua, César Marcelo Olivas Torres, se ha convertido en un símbolo de ruptura entre los prejuicios y la imposición de roles de género a través de su arte textil.

Con sólo 29 años, ya ha sido ganador de premios y reconocimientos como: el FOMAC, Premio Municipal de las Artes en 2019; Premio a la Juventud en la categoría de actividades artísticas; el reconocimiento del Arte por la Inclusión en 2018 y dos veces ha sido beneficiario del programa de residencias de la Ceiba Gráfica en Veracruz, gracias a su trabajo y creación como artista textil.
 

“En mi formación artística sí me topé con la limitante que decía que aquí (en la Facultad de Artes de la UACh, su Alma Máter), los grandes artistas de las Bellas Artes solamente pintan o crean con materiales como el mármol y bronce. Aquí no se puede dibujar con hilo o hacer tejidos porque son materiales muy ordinarios”, dice.

Ese fue uno de los primeros prejuicios con los que Marcelo se encontró dentro de las instituciones formadoras de artistas para abrirse camino en una expresión artística, considerada por muchos como arte menor o artesanía y solo para el ámbito doméstico o de ornato, regularmente elaborado por mujeres. 

Sin embargo, su deseo de expresión artística ha sido más fuerte que las barreras y los estereotipos impuestos por una cultura con visión principalmente antropocéntrica. 

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Encuentra a Marcelo Olivas a través de sus redes sociales. En Facebook como Marcelo Olivas Torres y en Instagram como Marcelo Olivas

“En mi familia yo crecí en un círculo de mujeres tejedoras. Fue como el matriarcado muy fuerte. Mi tía y mi mamá tejían y yo tenía ese contacto con el tejido de manera natural. Me nació el gusto por pertenecer a ese círculo de convivencia entre las mujeres de mi familia mientras tejían”, recuerda Marcelo.
 

“Poco a poco fui mejorando mis habilidades en el textil, hasta que llegué a la Facultad a profesionalizarme como artista. Al principio me costó un poco de trabajo irme por el textil, pero dije: toda mi vida en realidad he andado por esto y me siento muy cómodo. Esto es lo que me gusta y esto es lo que siento”, describe.

Marcelo explica que el arte textil, aunque para muchos pudiera representar el propósito de crear algo para alguien más, ya sea una pieza utilitaria o algo para protegerle, para él un proceso creativo del arte textil es más “como una meditación muy personal, un momento y un ritmo muy propio que el proceso de textil te va dando, casi comparado con los mantras como esta repetición constante que te da el tejido y te hace entrar en una especie de trance”.

En esta ruptura de paradigmas y roles de género advertidos en el arte textil, se encuentran historias relevantes también en Latinoamérica, como el caso del chileno Claudio Castillo, artista que imparte una serie de talleres en su casa-taller en la ciudad de Santiago para enseñar a otros hombres este arte, “casi siempre practicado por mujeres”, admite.

En su página de Facebook Hombres Tejedores, se ha propuesto un “punto de convergencia de hombres tejedores y/o varones interesados en aprender la técnica”, explica la sinopsis del sitio, donde se muestran imágenes de los talleres donde aparecen hombres tejiendo y conviviendo sin prejuicio, emulando quizá esos “círculos de las mujeres tejedoras” de la antigüedad, arraigados en el imaginario colectivo.

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“Quería compartir lo que he aprendido durante estos años y ofrecer un espacio a aquellos que no se atrevían a tejer y también a los que se les negó la posibilidad de hacerlo de pequeños. La intención es que puedan realizarlo en un contexto de confianza y sin prejuicios”, detalla Claudio Castillo en una entrevista publicada en Expoknews.

Más allá de la imposición de estereotipos y roles de género, para artistas como Claudio o Marcelo, no puede perderse de vista la esencia del arte y lo que motiva la expresión artística en los seres humanos.
 

“Creo que arte en general sí nos hace falta”, señala Marcelo Olivas, “y la pandemia nos ha demostrado esta necesidad que la cultura y el arte tienen de estar en nuestras vidas. En estos momentos de introspección personal, momentos de paz y de tranquilidad… el producir arte le da una riqueza muy personal al alma”, reflexiona.

Marcelo Olivas actualmente ofrece talleres presenciales y en línea a través de sus redes sociales.

En Facebook como Marcelo Olivas Torres y en Instagram Marcelo Olivas. Trabaja activamente en promover el arte textil para hombres y mujeres y busca enseñar esta profesión a toda aquella persona que decida transitar por este camino “tejiendo con hilos” las necesidades expresivas de los seres humanos.
“Para mí es muy importante el hecho autobiográfico, el arte confesional. Es muy importante partir del elemento que quiero traer del pasado de mi vida y sublimarlo en una catarsis, lo que sucedió”, añade el artista. “Como el hilo rojo que une dos almas”, recalca.

“Producir arte le da una riqueza muy personal al alma”
Marcelo Olivas, artista textil

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Encuentra a Claudio Castillo a través de sus redes sociales. En Facebook como
Hombres Tejedores

 

Un poco de historia

De acuerdo con una investigación de tesis del artista juarense, César Marcelo Olivas Torres, la incorporación formal del textil al ámbito del arte es relativamente reciente. 

Se introduce a finales del siglo XIX y principios del siglo XX a nivel mundial, en un momento en el que se vive una apertura a explorar diferentes materiales y procedimientos en la creación artística; son los movimientos artísticos de las vanguardias. 

Sin embargo, el uso de las fibras textiles por el ser humano tiene una historia tan primitiva, como muchas otras manifestaciones artísticas.

En el caso particular del tejido, la acción de tejer es un oficio que históricamente está ligado a lo femenino y doméstico.

Si miramos hacia el pasado, tejer es un oficio que tradicionalmente ha estado ligado a la mujer. Esta ideología cultural proviene desde el pensamiento más antiguo, donde la heteronormatividad dictaba que el trabajo textil estaba dividido entre las actividades que realizaban las mujeres y las que estaban destinadas a los hombres, limitando a estos a no tejer y confinando al desarrollo de las mujeres exclusivamente en ese espacio. 

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Por ejemplo, en Egipto los talleres de producción textil eran operados por las mujeres, quienes eran encargadas del hilado y del tejido.

La vinculación que tiene el tejido con lo femenino en nuestra cultura, predominantemente occidentalizada, ha sido tan significativa en la construcción de estereotipos de género tanto que aparece en historias, mitos y leyendas. 
Como el mito de Aracne, esta mujer tejedora con mucha habilidad que ofende a la diosa Atenea. O Penélope, personaje de la Odisea, que mientras espera el regreso de su esposo, se ve obligada a tejer para despistar a sus pretendientes.
Es hasta la década de 1920 cuando el tejido adquiere otro valor más allá del uso utilitario y doméstico. 

El arte textil comienza a posicionarse bajo nuevos paradigmas, gracias a la expresión y el debate que propician artistas de la escuela alemana de arquitectura, diseño, artesanía y arte fundada por Walter Gropius en Weimar, conocida como La Bauhaus.

Ahí la expresión textil se inserta en el arte como una forma de creación artística profesional, aunque los cursos de textil eran destinados exclusivamente para las mujeres.

Cincuenta años más tarde, en los setenta y debido a la ruptura causada por el arte conceptual, la segunda ola del movimiento feminista introduce en la obra de arte textil, la reflexión discursiva que puede brindar el tejido y donde los roles de género y los consensos sociales de lo femenino o lo masculino comienzan a cuestionarse en público abiertamente.

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