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08 de noviembre, 2020 - 12:00

Catrinas, las reinas de noviembre

La mexicana elegante y huesuda cumple más de un siglo como parte de nuestro patrimonio cultural

Ruth González

Revista

Catrinas, las reinas de noviembre
Yvoné Vidaña | Modelo: Griselda Ortega
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Con el colorido folclor mexicano, la muerte se pinta y viste para resaltar la vida, no la ausencia. La herencia prehispánica que celebra a los difuntos dio nacimiento a un Patrimonio Cultural Inmaterial contemplado por la Unesco como “El Día de Muertos”, pero mucho antes de esto, artistas de todas las disciplinas han contribuido a darle rostro y forma a esta festividad.

Las catrinas, altares, murales, grabados, esculturas, grandes obras y hasta los alfeñiques han permitido que la expresión artística mexicana no tenga límites para plasmar esta tradición en diferentes planos y expresiones. 
Para navegar en el universo de los muertos es importante conocer el icónico rostro e historia de “La Calaca”, “La Parca”, “La Huesuda”, “La Emperatriz de los Difuntos”, “La Catrina”.

Cosmovisión de la muerte

Las grandes civilizaciones prehispánicas simbolizaban a la muerte con calaveras. Mictlantecuhtli (El Señor de los Muertos o Señor del Mictlán) protagonizaba los códices mixtecas, mexicas y zapotecas. Este dios del inframundo era el rostro de la muerte en la mitología predominante. 

Esta deidad calavera era resultado de la cosmovisión de la época, asimismo era la inspiración del arte pictórico, escultórico y poético. Las culturas consideraban a la muerte como el principio de la vida, no solo como el final. De ahí que la muerte también fuera motivo de celebración, la renovación de la vida iniciaba con la muerte.

“El tránsito de la vida y la muerte está presente en números materiales arqueológicos, como la lámina 26 del códice Borgia, ahí las figuras de Ehcátl – Quetzalcóatl y Mictlantecuhtli, espada con espada, simbolizan la dinámica al nivel celeste y al inframundo” (Félix-Báez Jorge, Simbólica Mexicana de la Muerte). 

Tras la Conquista Española, las creencias y la cultura se transformaron, se fusionaron las tradiciones; la calavera y la muerte no desaparecieron, sino que se adaptaron a la conquista, misma que se vio reflejada en su arte. 

“La calavera mexicana, obra de Manuel Manilla y más tarde de José Guadalupe Posada, se ha convertido en un nuevo símbolo de identidad. No creo que estos artistas hayan pretendido generar una representación de la mexicanidad cuando dibujaron sus calaveras; sino que, probablemente son resultado de una asimilación del arte europeo, enmarcado en un contexto típicamente mexicano. Es factible que los grabados de la Danza macabra, realizados por Hans Holbein, el joven, hayan influenciado a José Guadalupe Posada, quien, además había retomado la idea de su precursor, Manuel Manilla”. (Talía Morales, La catrina mexicana, símbolo de nuestra identidad /Aion.mx)

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Yvoné Vidaña | Modelo: Angélica Hinojosa

Calavera Garbancera

El nacimiento de “La Catrina” nos debe recordar a “su padre” José Guadalupe Posada, así como a “su padrino” el gran muralista, Diego Rivera. La Catrina toma de Rivera su vestido y de Posada el esqueleto.

“Tan grande como Goya, Posada fue un creador de una riqueza inagotable. Ninguno lo imitará; ninguno lo definirá. Su obra es la obra de arte por excelencia", dijo Rivera sobre el pintor, caricaturista, grabador e ilustrador nacido en Aguascalientes en 1852.

Posada fue un gran crítico del gobierno, la desigualdad y la injusticia social. Sus caricaturas dieron rostro a la sociedad porfiriana y entre estos trabajos destacaron sus litografías con escenas de la muerte, caricaturas sociales que dieron el rostro de los mexicanos de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. 

La obra de Posada que dio “vida” a La Catrina fue “Calavera Garbancera”, un retrato de “los malinchistas”, en alusión a los productores de garbanzo de esa época, los cuales eran de sangre indígena, pero vestían de forma elegante para aparentar un estilo de vida europeo, renegando de su origen, herencia y cultura.

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Cortesía | Calavera Garbancera

La influencia de Posada fue tan grande que es considerado como un precursor del movimiento nacionalista en las artes plásticas en México, que abarca a artistas como: José Clemente Orozco, Francisco Díaz de León, Leopoldo Méndez y al propio Rivera.

Pero la creación de Posada da la vuelta al mundo en otra obra maestra en 1947, en el mural “Sueño de una Tarde Dominical en la Alameda Central”, donde Posada pasea con su Catrina de la mano de un Diego Rivera niño junto a Frida Kahlo. Esta obra de Rivera, que fue un encargo del arquitecto Carlos Obregón Santacilia para el comedor del Hotel del Prado, le dio un lugar a la Catrina en la historia universal, ya que entre más de un centenar de personajes destaca su “huesudo” protagonismo.

Esta estampa mexicana muestra los personajes en el pasado, presente y futuro, desde la Conquista y la Santa Inquisición hasta la primera mitad del siglo XX.
“Debido al sismo de septiembre de 1985, el Hotel del Prado quedó casi destruido; el restaurante que albergó inicialmente al mural estaba completamente en ruinas, pero el mural, que fue llevado previamente al vestíbulo del hotel, se pudo rescatar. La obra fue desplazada otra vez y tras la nueva mudanza, se construyó el Museo Mural Diego Rivera, que se inauguró el 19 de febrero de 1988, donde actualmente se encuentra el mural, justo en el Centro Histórico de la Ciudad de México” (INBA / Secretaría de Cultura).

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Cortesía | “Sueño de una Tarde Dominical en la Alameda Central”

Del lienzo a la piel

Con 120 años de edad, “La Catrina”, no desaparece solo se transforma, desde entonces es el retrato mexicano de la muerte por excelencia. 

Plasmada en todas las festividades del Día de Muertos, su imagen ha saltado del lienzo a la piel humana en creaciones de maquillaje artístico o body paint, en donde el tocado de flores en la cabeza, el sombrero, el vestido, la sombrilla, todos sus accesorios varían para darle a la muerte su propia personalidad. 

Para la artista de maquillaje y cabello (make-up & hair artist) Jessica Rosales Márquez, reconocida en el medio como Jessica Yeika, la muerte es uno de sus personajes favoritos. “Me gusta pensar que hay diferentes tipos de muertes, de Catrinas, pero también pueden haber catrinos, por ejemplo, este año maquillé a un chico con un jaguar en el pecho y le puse una corona de calaveras, siempre trabajó en mujeres y ahora pensé en un hombre”.  

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Yvoné Vidaña | Jessica Yeika

Para Yeika la cultura maya inspiró a este dios de la muerte en honor a la herencia prehispánica, mientras que para sus catrinas respeta la elegancia y los tocados clásicos floridos y las viste con atuendos indígenas con bordados originales.

La frente, en el rostro de una Catrina puede ser un elemento decisivo para la artista. Yeika asegura que el maíz, las flores, las curvas, las telarañas, permiten definir la personalidad de sus creaciones. “Hay una Catrina para cada persona, porque cada persona puede tener su propia muerte, es un personaje que se adapta a cada persona”.

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Yvoné Vidaña

Su trabajo de maquillaje puede incluir el rostro, medio cuerpo o cuerpo completo, sus creaciones se desarrollan sobre la persona de una manera adecuada a su personalidad, parece improvisado, pero no lo es, “debería hacer bosquejos, pero la verdad es que trabajo sobre la piel y personalidad de cada cliente”. En el caso del vestuario, Yeika no lo crea, pero adapta sus creaciones a las necesidades de la Catrina que la modelo desea ser.

La forma cadavérica del rostro, el cráneo, ofrece la base para saber cómo resaltar los ojos de una Catrina, la profundidad de las cuencas, los pómulos, la mandíbula, permiten a Yeika hacer del rostro un lienzo para su obra. “En el mentón también hay que considerar un elemento que resalte, flores, ondulaciones, curvas… en el caso de la boca puede haber labios o solo la dentadura, todo varía de la mano de los colores”, dijo la artista del maquillaje.

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Yvoné Vidaña

 

Entre las flores que mejor lucen en las catrinas están las rosas, claveles y crisantemos, los tocados es el lugar donde mejor se aprecian, aunque en el caso de los sombreros también funcionan como elemento principal, compartió la artista.

En cuanto a los maquillajes, Yeika mezcla el maquillaje social o de belleza con el maquillaje con base de agua para body paint, “el secreto es no limitarte”, se deben mezclar todas las posibilidades para lograr los resultados que se desean.

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Las catrinas de la artista son como “cenicientas”, sus creaciones tienen una duración limitada, al momento que pasan las festividades sus catrinas se desvanecen con agua y jabón esperando otro año para renacer en el rostro de otra persona que desea convertirse en una nueva Catrina. 

Este año Yeika sumó su talento al de la fotógrafa Yvoné Vidaña, colaboradora de Revista Net, juntas nos ofrecen una espectacular pasarela en imágenes de la Catrina moderna, que no muere para las nuevas generaciones, al contrario, se adapta y se transforma para “vivir” eternamente en la cultura mexicana.

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Yvoné Vidaña

 

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