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18 de marzo, 2020 - 12:00

Columbus, entre la realidad y la ficción

A 104 años de la invasión, el eco de la batalla aún resuena a uno cuantos kilómetros de Ciudad Juárez

Samuel Palacios

Revista

Columbus, entre la realidad y la ficción
Cortesía
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Ciudad Juárez.- Era demasiado tarde para arrepentirse. Ya arriba del caballo no había vuelta atrás: era matar o que lo mataran. Luis Treviño estaba bajo el mando de Francisco Villa; confiaba en la gallardía del Centauro del Norte para invadir Columbus, Nuevo México, pero el resultado del asalto no fue como esperaba: “diecisiete gringos muertos, en su mayoría civiles, a cambio de más de cien de los nuestros y muchos heridos”

Ignacio Solares (Ciudad Juárez, 1945) da cuenta de la batalla en su libro Columbus (Alfaguara, 1996). Su obra forma parte de los textos de ambiente histórico y de la neonarrativa de la Revolución Mexicana, de acuerdo con José Ávila Cuc, maestro en Literatura Hispanoamericana, de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ)

Lejos de centrarse en los personajes de renombre (Pancho Villa), Solares crea un ambiente donde el lector se entera de las vivencias del joven Treviño, radicado en Ciudad Juárez y empleado en un burdel de enanas. 

El escritor recrea el ambiente de la ciudad considerada como de paso, donde viajeros, gringos y bandoleros hacían de las suyas en un lugar abocado al sector servicios: bares, hoteles, restaurantes, teatros y burdeles. El protagonista cuenta parte de su historia dentro de estos lugares, en medio del tufo a alcohol y tabaco; las enanas vestidas sugerentemente y el ir y venir de estadounidenses dispuestos a pagar en dólares por placer. 

“No fue tanto por irme con Villa como por joder a los gringos”

Para enrolarse al ejército de Villa, Luis Treviño y su novia Obdulia tuvieron que pasar por un proceso complicado. Era un momento en el que estar cerca del revolucionario era sinónimo de desprestigio. Las soldaderas estaban vetadas y solo se remitían al trabajo de cocina y limpieza en los campamentos. El jefe temía de las mujeres armadas.
Luis y Obdulia, ambos jóvenes, emprendieron la búsqueda de Villa que se mantenía agazapado en la Sierra de Chihuahua. Su ejército, aunque raquítico, le era fiel, porque si un soldado hacía algo incorrecto, el general era capaz de eliminar a cualquiera de un plomazo. Las batallas contra los federales de Porfirio, los colorados de Orozco, los pelones de Huerta y los carranclanes de Carranza, los habían pulverizado; la División del Norte era un chiste.

Ávila Cuc recordó una de las razones que motivaron a Villa para invadir Columbus: “es la quema de mexicanos (…), para pasar a Estados Unidos, a los mexicanos se nos despiojaba, nos echaban queroseno para que se murieran los parásitos, entonces en una ocasión había mexicanos ya bañados en queroseno y a un oficial de migración se le ocurre aventarles un cerillo”. Este hecho, plasmado en el libro y documentado por El Paso Herald, da cuenta de la muerte de 20 connacionales, pero el docente aseguró que pudo haber muchos más. 

Otra versión indica que el duranguense buscaba a Samuel Ravel, quien le había vendido armas y parque en mal estado, lo que le hizo perder las batallas en el Bajío de 1915. Además, señala el historiador Pedro Salmerón, que Villa estaba molesto por el reconocimiento de Estados Unidos hacia el gobierno carrancista.

“Ahora ya andan otra vez con querernos invadir porque dizque nosotros mismos no sabemos gobernarnos, y cómo vamos a saberlo con un traidor como Carranza en la presidencia, pero no lo van a lograr porque nosotros nos les vamos a adelantar” (p. 169).

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Por la gloria o la perdición

La invasión a Columbus fue la única protagonizada por mexicanos en contra de EU. A pesar de que fue de entrada por salida, marcó un precedente importante dentro de los años de inestabilidad política y social, pero las acciones no salieron como esperaban.

“Se cometieron errores, la caballeriza estaba en un lado, los soldados estaban en otro; los mexicanos entran y matan a los caballos, esto le da oportunidad a los soldados de levantarse (…) y responder al ataque”, comentó José Ávila, y agregó que los villistas incendiaron una tienda llena de productos inflamables, lo que permitió que los estadounidenses pudieran hacerles frente con claridad. 

Luis Treviño, el protagonista de Columbus, recuerda que después de la aniquilación de los caballos “en donde dejamos nuestro mejor entusiasmo y la mayor parte de nuestro parque”, no les quedó otra opción que buscar otros puntos de ataque: “¿qué otra cosa podías hacer para compensar la frustración?” (p. 163).

Ávila Cuc comentó que la novela de Solares revive otro de los grandes misterios en torno a la invasión mexicana: que Francisco Villa no cruzó la frontera, se quedó en Palomas esperando el regreso de sus tropas. El maestro en Literatura retomó lo descrito por el historiador Friedrich Katz, quien dedicó gran parte de su obra a repasar las vivencias de Doroteo Arango, sobre que el parte de guerra estadounidense indicó que el líder no entró a Columbus. 

“Pero Villa no entró a Columbus —nunca he entendido por qué después de cómo nos habló—, se quedó en Palomas” (p. 170). El libro describe cómo los grupos de villistas se diseminaron rápidamente, luego, uno por uno fueron cayendo en el terreno árido. El “Viva México” se había apagado con los balazos y los errores estratégicos. Los pobladores no sabían dónde estaba el tal Samuel Ravel, y cómo iban a saberlo si estaban asustados con los estruendos de la refriega. Al protagonista no le quedó otra opción que regresar a Chihuahua.

Después del heroico y trágico evento, el gobierno estadounidense inició una cacería contra Villa y sus hombres: la expedición punitiva de 1916 encabezada por el general John J. Pershing. Se estima que entraron a México más de 11 mil soldados que buscaron, sin éxito, al forajido. El ejército estadounidense experimentó con el uso aeronaves, motocicletas y armamento recién diseñado, pero Arango estaba bien oculto. 
“De aquí se generan una serie de hechos interesantes en Chihuahua, de resistencia, de correr a los americanos que están buscando a Villa, que nunca lo encuentran”, recordó Ávila Cuc, docente en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).

El legado

A 104 años de la invasión, el eco de la batalla aún resuena a unos cuantos kilómetros de Ciudad Juárez. En la ciudad de Columbus, Nuevo México, mantienen la esencia de la madrugada del 9 de marzo. El nombre de Villa forma parte del lugar, puesta está en museos, parques, eventos y por supuesto en la memoria de quienes repasan ese pasaje de la historia. 

El académico juarense refirió que la obra de Solares es importantísima, ya que “es la única novela que tiene en donde habla de Ciudad Juárez (…) es un retrato de nuestra ciudad en los años de la Revolución”. Además, resaltó que el libro no expone la “historia dura”, como regularmente se trata de hacer, “aquí te divierte, te recrea otros ambientes, te humaniza a los personajes”.

Solares permite conocer, a través de la ficción, esa otra versión de la historia que pasa desapercibida o que no se ha explorado. Su texto acerca al lector, aunque brevemente, al personaje desmitificado, que es como cualquier otro mexicano en medio de la inestabilidad y el hartazgo de la época. Columbus es la puerta por donde se puede invadir el terreno del conocimiento entretenido. 

Imágen: George Grantham Bain Collection

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