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26 de enero, 2021 - 11:41

Vuelve Almodóvar

‘Dolor y gloria’ muestra la profundidad en la estructura psicológica de los personajes

Rubén Aguilar

Opinión

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De Pedro Almodóvar es la dirección y el guion de Dolor y gloria (España, 2019) que cuenta la historia de Salvador Mallo (Antonio Banderas) un director de cine ahora retirado que sufre depresión e intensos dolores de espalda que lo llevan a consumir drogas. Antes ha conocido la fama.

Mallo, en la soledad que se impone, repasa su vida y, en un ir y venir entre el presente y el pasado, recuerda su infancia y las difíciles condiciones económicas de la familia. La relación con su madre (Penélope Cruz), al alumno ejemplar y el momento, todavía niño, que descubre su homosexualidad.

En el presente, con su depresión, ha perdido todo ánimo. No le interesa hacer nada. Una invitación de la Cineteca de Madrid, para comentar Sabor, una película suya filmada hace 32 años, que se ha vuelto un clásico, lo lleva a buscar Alberto Crespo (Asier Etxeandia), que era el actor y no veía desde el estreno de la película.

El reencuentro es cordial, pero pronto se tensa. El día de la presentación, a la que deben ir los dos, no asisten, pero por el celular el presentador desde la sala se comunica con él. Una vez más Mallo habla mal de la actuación de Crespo. Éste se siente traicionado.

Para reconciliarse el director entrega una obra inédita, que Crespo de manera accidental ve en su casa, para que la firme como suya y la represente. En una de esas presentaciones se encuentra Federico (Leonardo Sbaraglia), que ahora vive en Argentina, y fue pareja sentimental del director.

Este ve como en la obra hay referencias a su relación con Mallo. Va al camerino de Crespo y le pide la dirección de quien fuera su amante. Hace muchos años, desde que Federico se fue, no se han vuelto a ver y nunca han tenido contacto.

Se encuentran en la casa del director y hablan de su relación. Se ponen al día de sus vidas. Federico le pide perdón por haberlo dejado. Para despedirse lo besa en la boca. Le dice que lo espera en Buenos Aires, para que conozca a sus hijos y nueva compañera.

Mallo acompañado de Mercedes (Nora Navas), su amiga de siempre y el único contacto con el mundo exterior, va al médico. Le dice que los dolores son cada vez más intensos y por eso ha aumentado el consumo de las drogas. Se descubre también por qué en ocasiones está a punto de ahogarse después de comer.

Lo operan y su condición mejora. Vuelve a recuperar el ánimo y las ganas de vivir y de hacer algo; de escribir le dice al médico. Ha superado una larga etapa de problemas, angustias y también el dolor.

“En mi película, dice Almodóvar, sentí la necesidad de salvar a Antonio, porque, si lo salvaba a él, también me salvaba a mí. Y no hay mejor camino hacia la salvación que un final feliz y esperanzado”.

Dolor y gloria forma parte de una trilogía dedicada a la tarea y la vida de los directores de cine que inicia con La ley del deseo y continúa con La mala educación.

Es, al mismo tiempo, una reflexión sobre los miedos y angustias que surgen cuando se pasa de la madurez a la vejez y aparecen los primeros signos de límites físicos y también mentales.

A pregunta expresa si Mallo no es él, Almodóvar responde: “En Dolor y gloria no hay que buscar quién es quién. No es una película en clave. Es una suma de experiencias y el personaje de Antonio Banderas, al igual que los de Asier Etxeandia y Leonardo Sbaraglia, reproducen situaciones que han tenido que ver conmigo, pero que no llevan detrás nombre y apellidos. Son un poco personajes Frankenstein, seres creados a partir de otros y el resultado de haber cogido de aquí y de allá; cosas que me han ocurrido, que he oído o que estaba presente cuando pasaron”.

La actuación de Antonio Banderas, en el papel de Mallo, sobre la cual descansa la película es muy buena. De ella el propio Almodóvar dice que “es el mejor trabajo que ha hecho en su vida y estoy muy contento de que haya sido el protagonista”.

Todos los actores realizan muy buenas interpretaciones de sus papeles. El director dice del trabajo de Asier Etxeandia y Leonardo Sbaraglia que “están deslumbrantes”. También me gustó mucho la actuación de Julieta Serrano que hace el papel de la madre ya anciana de Mallo.

Y de Asier Flores (Salvador niño) y César Vicente (el joven albañil) afirma que “es un milagro dar con dos actores que no han visto una cámara en su vida. El crío tiene nueve años y es un actor nato”.

La película me gustó mucho. La historia está muy bien construida y se desarrolla de manera muy natural. Da la impresión que solo se sigue el desarrollo de la vida de las personas que intervienen en la historia. Hay profundidad en la estructura psicológica de los personajes. El ir y venir entre el presente y el pasado está muy bien logrado.

El filme obtuvo una serie de premios Goya y de premios Platino. Ganó el Ariel como mejor película Iberoamericana. Bandera obtuvo el premio de varios festivales europeos como mejor actor entre ellos el Festival de Cannes.    

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