En comunidades siempre el traidor es el vencido, el leal es el que vence. Pedro Calderón de la Barca, escritor del Siglo de Oro español.
En cuanto llegó al poder el de Tabasco, pronto se adueñó del poder, se adueñó del poder legislativo y emprendió una feroz campaña de desprestigio en contra del poder judicial, convirtiendo así, a su país, en un país vulnerable, motivando que USA hablara, a través de su gobierno, de una invasión militar, para someter a la ley y el orden, a los cárteles de la droga mexicanos, a quienes elevó, a través de Trump, al rango de terroristas.
Para pronto el gobierno, como Niño Héroe, casi se envuelve en el Lábaro Patrio y se tira al vacío desde la azotea del Palacio Nacional, convertido ahora en refugio de presidentes, advirtiéndole a los gringos, que no se les olvide que tenemos el Himno Nacional, donde dice que la Patria un soldado en cada hijo le dio.
Desde luego Washington ni se inmutó e insistió que el gobierno mexicano, tiene alianzas con el crimen organizado, aunque el Ejecutivo Federal y sus "adlateres" lo nieguen, no obstante estar todo el territorio nacional, tinto en sangre, desde la época de "Gelipillo", hasta estos dos últimos sexenios, que para la Jefa, es una herencia maldita.
Ante esta situación amenazante del "masiosare", hay que cuidarnos de los traidores a la patria, pues en México se tiene la costumbre, según la historia, de que todo aquel ciudadano que no es leal al gobernante en turno o cometa un desliz en contra de la nación, se le califica así; veamos algunos ejemplos:
Vicente Guerrero, no obstante ser un tenaz luchador por la independencia, fue declado traidor a la patria y al paredón y fuego, aunque después, aunque ustedes no lo crean, fue reivindicado, ya para qué; Agustín de Iturbide, el Consumador de la Independencia, es traidor a la patria por haberse convertido en Emperador de México, regresando del exilio, al bajarse del barco en Tamaulipas, lo tomaron prisionero y al paredón y fuego; "El "Seductor de la Nación", Su Alteza Serenísima, Gral. Antonio López de Santana Ana, por haber vendido parte del territorio nacional en 15 milloncillos 15 de dólares, al paredón y fuego; Atenógenes Miramón, teniente de artillería, el único Niño Héroe vivo y que no menciona la historia, por pasarse al bando conservador en la guerra de Reforma y haberle inflingido varias derrotas al ejército juarista, al paredón y fuego, en el cerro de "Las Campanas", conjuntamente con el general Tomás Mejía, indio puro de la etnia otomí, no obstante haberles perdonado la vida a sus compañeros de armas por haberlos derrotado, generales Mariano Escobedo y Jerónimo Treviño y ya ni para qué mencionar al rubio extranjero, el buen Max.
Como últimos ejemplos, el caudillo de morena, no podía quedarse atrás y para pronto, usando todo el poder de su firma, elevó al rango de traidores a la patria, a todos aquellos ciudadanos mexicanos que no estaban de acuerdo con su gobierno, destacando abogados por amparar a neoliberales corruptos, a periodistas, a los medios de comunicación, a los clasistas, a los aspiracionistas y a los racistas, hasta que al final de su sexenio, una aborigen de los pueblos originarios que de niña vendió gelatinas y tamales, cuyo nombre comienza con la X de México, también lo elevó al rango de traidor a la patria, por ser mal gobernante.
Como se habrán dado cuenta las amables lectoras (es), en México, entre traidores anda el juego.
Cosas veredes Mio Cid. Vale.
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