
Ciudad Juárez.- A poco de terminar el ciclo escolar, no es poco común que los y las alumnas de esta frontera comiencen a optar por dormir menos horas de las acostumbradas aprovechando la casi llegada de las vacaciones. No obstante, de acuerdo con los profesionales de la salud, la mencionada conducta, más allá de ser una costumbre, puede terminar afectando el rendimiento escolar del estudiantado.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niños de entre 5 a 10 años de edad deberían de dormir por lo menos 12 horas. A los adolescentes por otra parte, de edades entre los 10 y los 19 años, se les recomienda hacer lo propio durante nueve horas como mínimo.
“Lo que pasa es que el sueño no es nada más un tema de descansar. El sueño es también un medio para que se realicen todos los procesos restaurativos del cuerpo: desde la piel hasta los tejidos cerebrales. Lo que sucede eventualmente en esto casos es que, si el niño no duerme, no descansa, va a empezar a tener problemas, el más evidente va a ser la falta de energía que le va a afectar en su rendimiento escolar”, explica la psicóloga Brenda Cardoza.
Según la OMS, la falta de sueño en los niños, niñas y adolescentes puede mostrarse en síntomas tanto físicos como mentales. Entre estos están la aparición de ojeras, los bostezos excesivos, la irritabilidad y la falta de concentración. El último fenómeno, según la psicología desencadena en una de las señalas más evidentes de los trastornos a la hora de dormir: el niño empieza a perder sus útiles escolares.
“En ocasiones también se pueden volver muy apáticos ante la gran mayoría de las interacciones que tienen en su vida diaria. Les dejan de interesar convivir con sus compañeros de clase o puede ser que las materias que más les gustaban ya no les generen interés. Tampoco participan en actividades recreativas que nada tienen que ver con la escuela y en el caso particular de la irritabilidad, sí puede llegar a desencadenar en peleas y otros conflictos con los mismos compañeros de clase”, dice Cardoza.
Según la medicina, algunos de los casos de trastornos relativos al descanso corresponden a circunstancias externas al infante y provocados por terceros, tales como: la violencia intrafamiliar, el acoso escolar (bullying) o las dificultades económicas de sus padres.
No obstante, el factor que más afecta el descanso de los niños y jóvenes desde hace por lo menos una década si depende de ellos mismos: el uso de los dispositivos móviles.
Muchas pantallas
Acorde con la explicado por la OMS, la exposición a las pantallas de aparatos como teléfonos celulares, televisiones, tablets y videojuegos antes de dormir afecta los niveles óptimos de melatonina debido a la luz azul emitida por los mismos. Según el organismo, se han vuelto uno de los principales obstáculos para el descanso óptimo de los últimos años.
“El problema del sueño y de los dispositivos electrónicos se da por que siempre se encuentran en los lugares más íntimos de las casas: en las recámaras. Los usamos inclusive acostados ya en la cama, esto genera mucha estimulación cerebral y a la hora de querer dormir ya no nos es posible”, señaló Ulises Jiménez Correa, director de la Clínica del Sueño de la Facultad de Medicina de la UNAM.
¿Qué tanto les afecta a las nuevas generaciones de juarenses?
Las autoridades locales en materia de salud mental, cabe señalar, recalcan los problemas que trae consigo el uso de los dispositivos electrónicos para el bienestar del sueño de los niños.
“Si, por su puesto que influyen estos aparatos. El estar expuesto por tanto tiempo a las pantallas afecta mucho, primero a la capacidad para retener información de los cerebros de los niños. A la hora de dormir hacen muy difícil que el cuerpo obedezca a su naturaleza de dormir y eso termina afectando a todo el organismo”, remata Cardoza.
La última encuesta realizada por la Red de Organizaciones Dedicadas a la Prevención y Atención a los Trastornos Mentales (Rotmenas), refleja los problemas de los niños y jóvenes para conciliar el sueño.
Se encuestaron a 409 niños de entre 5 y 9 años: el 20.6 por ciento de estos señaló sufrir de problemas “leves” para quedarse dormido, un 12.1 por ciento dijo tener inconvenientes “moderados” y una minoría del 5.4 por ciento expresó tener “graves” dificultades para pernoctar. El 31.3 por ciento de los cuestionados también manifestaron tener algún tipo de problema para concentrarse en las aulas al día siguiente.
Si bien las cifras no parecen del todo alarmantes en este sector población, el fenómeno de no poder dormir las horas suficientes se agrava entre los adolescentes. En total, el mismo organismo también encuestó a mil 643 a alumnos de entre 10 y 19 años, el 20 por ciento de estos señaló tener inconvenientes “graves” para dormir y el 51 por ciento de los cuestionados dijo tener algún problema de concentración en clase.