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Publicado: 15-10-2021 06:00

La muerte en el vientre y el luto solitario

Cada 15 de octubre se conmemora el Día Internacional del Duelo por Muerte Gestacional y Neonatal

Carolina Hinojos

Juárez

Pixabay

Cada 16 segundos se registra una muerte fetal en el mundo, de acuerdo con datos de la Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS). A las muertes antes o durante el parto se suma la violencia obstétrica que sufren las mujeres en hospitales; en instituciones públicas las afectadas no pueden estar acompañadas de familiares cuando reciben la noticia o durante la recuperación, mientras que en privadas solo algunas brindan apoyo psicológico a las afectadas.

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Pablo Navarro

La violencia obstétrica consiste en cualquier acción u omisión por parte del personal de salud que cause un daño físico o psicológico durante el embarazo, parto y puerperio. Cualquier acción u omisión que se exprese en la falta de acceso a servicios de salud reproductiva, un trato cruel, inhumano, degradante o un abuso de medicalización, señala el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE).

En Ciudad Juárez, el Grupo de Apoyo Mi Angelito Estrella (Gamae), creado en 2016 por la psicóloga Paola Benítez, tiene como objetivo prevenir, dar información, intervenir y orientar sobre protocolos de salud, legales y psicológicos para fomentar la empatía y el respeto al duelo de las mujeres, así como proponer a las autoridades protocolos de acompañamiento y actualizaciones.

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Pablo Navarro

Benítez, quien sufrió pérdida gestacional en 2015, explicó que el trabajo de la organización se realiza en alianza con la Red Latinoamericana de Duelo Gestacional, Perinatal e Infantil, que involucra a más de 20 organizaciones civiles que se encuentran en Argentina, México, Paraguay, Ecuador, Chile, Colombia y Perú.

“Con todos los cambios que seguían en mi cuerpo por las hormonas del embarazo que continúan, los 40 días posteriores a la pérdida empecé a cuestionarme ¿por qué me pasa esto? y también seguía con la duda de ¿dónde había quedado mi bebé?”, recuerda Paola Benítez.

Su situación la llevó a buscar información sobre estos casos y cómo las organizaciones en otros países brindan apoyo a las mujeres afectadas. “Abrí la página de apoyo y compartí toda la información que tenía y a gestionar el evento de ‘Ola de Luz’ que conmemoramos cada 15 de octubre, levantando la voz por todas las muertes gestacionales”.

Mi Angelito Estrella realiza actividades de concientización y para recordar las pérdidas gestacionales o abortos espontáneos de muchas mujeres. Revista Net visitó las instalaciones de esta organización y recopiló las historias de mujeres que han sufrido una pérdida de este tipo y que además han sido víctimas de violencia obstétrica.

‘Quisiera estar en su lugar’

Alba Varela acudió al Hospital de la Mujer en julio de 2014, tenía 38 semanas de embarazo. En una de sus revisiones ya no escuchó el latido del bebé en gestación, por lo que uno de los médicos en turno le dijo que tendrían que inducir el parto.

La espera fue un tormento. No podía asimilar que de un momento a otro perdería su embarazo. Después la hicieron caminar al área de tococirugía, a donde fue acompañada por una enfermera que en ningún momento le brindó apoyo con alguna silla de ruedas o andador.

“En el cuarto había como unas 15 mujeres y yo podía ver todo, a mí nunca me explicaron qué proceso llevaríamos, solo me dieron una pastilla. Cada médico que llegaba o enfermero me preguntaba ‘¿usted por qué está aquí?’, no tienen un expediente, uno tiene que repetir todo a cada persona que entra”, narra la mujer.

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Alba destacó que no cuentan con áreas para atender a las mujeres que sufren abortos espontáneos o muerte fetal y tienen que estar en las mismas salas con mujeres que están a punto de dar a luz o que ya tienen a sus hijos en brazos; un contraste doloroso.

“Yo estaba ahí con mi bebé muerto en mi vientre y otras mamás con sus hijos bien, escuchando el latido de ellos a cada instante que retumbaba por la habitación. Escuché a las mujeres parir y sus hijos llorar, a los doctores regañar a las mujeres”, cuenta.

“Llegó un punto en el que les pedí que me llevarán al pasillo, no podía estar más con ellas. En el caso de una mujer que estaba gritando y llorando, yo decía por dentro: ‘quisiera estar en su lugar’, por lo menos ella podía estar adolorida, cansada, pero escuchaba el corazón de su bebé y yo no, yo no tenía eso”, lamenta la mujer. 

Ella se despidió de los restos del que sería su bebé, pero optó por no cargarlo y no aferrarse a él. Regresó a la sala donde estaban todas las mamás con sus hijos recién nacidos y Alba pedía desesperadamente a los enfermeros que la sacaran del lugar, ya que no resistía el escuchar a las otras madres alimentar a sus hijos, consolarlos, ver cómo se maravillaban de ellos.

Agregó que en ningún momento le ofrecieron atención psicológica y para poder darla de alta del hospital fue forzada a elegir un método anticonceptivo, ya que por reglamento no pueden salir sin cumplir este requisito.

Sus familiares permanecieron afuera del hospital sin recibir actualizaciones sobre el estado de salud, por lo que Óscar Heredia, su esposo, tuvo que amenazarlos con acusarlos de secuestro si no les brindaban información, solo así pudo conocer la situación por la que atravesaba su esposa.

A la deriva

Gabriela Gutiérrez perdió a sus gemelos en gestación en 2017, tenía 10 semanas de embarazo. Personal del Hospital General No. 66 del Instituto Mexicano del Seguro Social (Imss) le confirmó la muerte de sus fetos e iniciaron con el proceso para la expulsión, el cual duró tres días, tiempo en el que estuvo sin recibir alimento y sufrió 12 horas de dolor, aun y cuando ella les informó que su cuerpo no dilataba, le practicaron cesárea como en ocasiones anteriores.

“Durante la espera escuché a los bebés de las otras mujeres llorar durante tres días y yo estaba esperando poder dilatar, al final tuvo que ser cesárea como les había dicho desde el principio. Yo no supe dónde quedaron los restos porque no me dijeron que podían entregármelos, solo se los llevaron, no me informaron tampoco cuál fue la causa de muerte”, recuerda Gabriela.

En su siguiente consulta médica, la mujer le dijo al doctor que se sentía deprimida por la pérdida, pero él solo se limitó a decirle que le “echara ganas”, que era algo normal y que estaba mejor que pasara eso en una etapa temprana del embarazo, sin guiarla en ningún momento a una atención psicológica especializada.

Sin despedida

“Ni siquiera pude verla, se la llevaron sin preguntarme si quería verla o cargarla, yo quería darle un beso, despedirme de ella”, narra entre lágrimas Gabriela Ramírez, otra mujer que experimentó la pérdida durante la gestación.

Ella tenía 34 semanas de embarazo cuando el corazón del feto dejó de latir y tuvo que solicitar atención en un hospital privado, donde no le dieron oportunidad de ver los restos, ni le preguntaron si quería hacerlo, solo se los llevaron del quirófano.

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La lucha por un mejor trato

Médicamente el periodo fetal empieza a las ocho semanas después de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide y termina en el momento del nacimiento, sin embargo, para muchas madres desde que se comprueba el embarazo el producto es tratado “como un hijo”, no importa la etapa de formación en que se encuentre, el apego emocional durante la gestación es muy intenso, igual al posterior de un parto completo exitoso.

Es considerado aborto espontáneo cuando el producto o embrión fallece antes de las 10 semanas de gestación; muerte fetal se refiere al deceso del feto después de ese tiempo y antes del parto.

Muchas mujeres se integran al Gamae debido a la falta de sensibilidad que sufrieron por parte del personal médico durante esos casos y siguen pidiendo que se respeten los protocolos médicos en muertes fetales o abortos espontáneos, tanto en el interior de los hospitales, que deberían de contar con áreas específicas para su atención, como también la capacitación del personal para ofrecer el servicio con un trato empático y humano.

Además, que se respete el tiempo de incapacidad que se destina en estos casos, ya que en algunos trabajos les piden a las mujeres que se reincorporen inmediatamente después de la pérdida, ya que al tener el aborto no consideran su estado físico ni psicológico.

La afectadas también piden que se realicen los trámites necesarios por parte del personal de los hospitales para que ellas puedan brindarles una identidad a sus seres no natos y se les otorgue la decisión sobre qué hacer con los restos (embriones o fetos) para que no sean vistos como desechos médicos sin preguntar antes a las madres sobre su disposición final. 

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El Gamae propone que las mujeres que sufren pérdidas fetales puedan ser tomadas en cuenta como donadoras de leche materna, pues podrían salvar la vida de recién nacidos en una situación emergente. 

Al salir de los hospitales que se les entregue alguna caja con un peluche o manta que haga alusión a su hijo o hija fallecida, esto con el objetivo de que no salgan con los brazos vacíos, dependiendo el caso o decisión de la afectada.

Aseguran capacitación

El director del Hospital de la Mujer, Luis Guzmán, informó que solo tienen en sus registros una denuncia por violencia obstétrica en lo que va del año, la cual se atendió con seguimiento de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH).

El médico agregó que en medio de la pandemia de Covid-19 el personal ha recibido capacitación para brindar un mejor trato a las pacientes, destacó que cumplen con todos los requerimientos establecidos por el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGSR).

“En este caso que tenemos registrado, era una época difícil por la segunda oleada de Covid-19 y el semáforo epidemiológico no permitía las reuniones de capacitación sobre todo para mejorar la cultura de servicio, lo cual ya hemos realizado”, dijo el director del Hospital de la Mujer.

Ante estos casos y cientos que se viven al año, el Gamae urge que se generen políticas públicas para la atención, protección y acompañamiento de estas mujeres y sus familiares, así como vigilar que sean implementadas en las diversas instituciones públicas y lugares de trabajo, con el objetivo de hacer más ligero su luto y su dolor.

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