Ciudad Juárez.- El sueño de ser maestra de kínder se ha quedado en pausa para Erika Rosario Bueno Castro, debido a que los espacios educativos no son incluyentes para que una persona con Síndrome de Down puedan cursar los programas académicos; sin embargo, la búsqueda del sueño no se detiene, por ahora es parte del equipo de reposteros que aprenden en el proyecto “Manitas Mágicas Down”.

La joven de 20 años de edad se encontraba frente a una mesa de trabajo ocupada de ingredientes cuando compartió a los micrófonos de Netnoticias lo que más le gusta del taller de repostería, en donde también ha incursionado en la preparación de pizzas; describió los insumos y el proceso para la elaboración de los ‘besos de nuez’, un tipo de galleta que se encontraba preparando en ese momento.

El espacio coordinado por las maestras Eva Flores y Raquel Martínez tiene sede en el Centro Comunitario Zaragoza, en donde reúne a un grupo de adolescentes y jóvenes, entre los 15 y 20 años de edad, quienes con dedicación han aprendido recetas y la técnica para preparar una variedad de bocadillos de repostería fina, como galletas, donas y pasteles.

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Centro Comunitario Zaragoza | Foto: Denise Ahumada

Los jóvenes que participan en el proyecto suelen acudir con sus hermanos y madres, quienes los acompañan en la elaboración de los postres para que la convivencia dentro del taller transcurra como sería al incursionar en espacios sociales comunes, así como en un centro de trabajo, atendiendo a las indicaciones y en comunicación con el resto de participantes.

Fue la señora Alma Castro, mamá de Erika, quien explicó a Netnoticias que la joven terminó la escuela preparatoria, a donde asistió siempre de forma escolarizada y ahora ella quisiera continuar estudiando en la universidad, pues tiene el sueño de ser maestra.

“Sí, quiero ser maestra de kínder, con los niños chiquitos, enseñarles y sí, dar clases a ellos”, explicó Erika en su forma pausada de hablar que, a pesar de tener ligeras dificultades para expresar sus ideas en una conversación fluida, tiene la firmeza de comunicarse y expresar lo que piensa.

Sin embargo, tanto la maestra Eva como la familia de Erika describieron que las escuelas de educación superior no tienen las condiciones para que personas con Síndrome de Down se integren a las aulas, y los profesores no tienen la disposición de recibirlos en los programas académicos, al tratarlos como otro estudiante.

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Erika aprende reportería, pero su sueño es dar clases a niños pequeños | Foto: Denise Ahumada

El proyecto del que Erika es parte inició hace dos años, cuenta con un espacio habilitado como cocina al interior del comunitario, en el que semanalmente toma cuatro horas de clase de repostería.

“Ellos asisten los jueves y sábados de 9:00 a 11:00 de la mañana, también tienen talleres de lectura y escritura miércoles y viernes; los miércoles también tienen zumba”, describió acerca del proyecto de activación integral que se desarrolla en el Centro Comunitario.

La forma como las personas con esta condición se relacionan con el mundo puede ser distinta a la de la población regular, por lo que aprender la medición de los ingredientes, su relación con cada receta y la manipulación de cada mezcla se ha convertido en un reto alcanzado por cada uno de los integrantes de Manitas Mágicas Down.

“Lo que ha sido un reto, bueno que no es fácil dominar las medidas de los ingredientes y manejar las texturas al amasar, pero se ha logrado con paciencia, con mucha paciencia”, describió la maestra Eva.

Con dos años en operación en el Comunitario Zaragoza, el proyecto Manitas Mágicas Down tiene como meta ser un espacio de capacitación para que los jóvenes que no puedan continuar estudiando adquieran habilidades y un oficio para trabajar, permitiéndoles tener una actividad de inserción en la comunidad y la posibilidad de generar ingresos económicos.

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Denise Ahumada

A través de la dirección de Centros Comunitarios se les ha facilitado un espacio para el taller, herramientas como batidoras, estufas, tarja y suministro de gas para hornear lo que preparan, lo que ha respaldado el proyecto que actualmente está integrado por los alumnos Jonathan, Alfonso, Celina, Mariana, Erika, Ángel, Juan José y Amada, quienes asisten con entusiasmo y dedicación.

Las maestras explicaron que el grupo ahora busca avanzar para convertirse en una asociación civil que pueda atender a más usuarios, proceso que se encuentra en búsqueda de registro para constituirse como “Trisomía 21”.

En octubre se conmemora el mes de la Concientización sobre el Síndrome de Down, una ocasión para aprender sobre una condición genética que presentan uno de cada mil recién nacidos en todo el mundo, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y pese a los problemas de salud que puedan presentar durante su vida, tienen derecho a desarrollarse como cualquier otra persona, por lo que se busca fomentar sociedades más incluyentes.

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Denise Ahumada
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