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Publicado: 10-10-2021 12:00

El rudo camino de El Legionario

La estrella de la Lucha Libre, José Luis Rucobo, nos comparte su historia arriba y fuera del ring

Ruth González

Juárez

Net Noticias

Por: Ruth González y Joel Santillán

José Luis Rucobo Salas es un tipo rudo, camina lento pero firme, su paso se balancea con los estragos de viejas lesiones, caídas y triunfos de su carrera, parte de su historia como el enmascarado: El Legionario.

Han pasado décadas y “ya no son los mismos tiempos”, dice un hombre maduro concentrado en los recuerdos de gloria de la Lucha Libre de la frontera en la década de los ochenta.

“Soy de Fresnillo, Zacatecas”, lo dice con mucho orgullo, aunque la frontera sea su hogar adoptivo, sus raíces en casa le hacen recordar una adolescencia e infancia difíciles pero llenas de encanto. Nació el 14 de julio de 1950.

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José Luis Rucobo durante la entrevista con el equipo de NET

¿Cómo fue su niñez en Fresnillo?

— Fue muy hermosa, jugábamos al trompo, a las pedradas, al futbol, a los ligazos, a golpear una rueda… No teníamos nada, pero éramos muy felices. Fuimos 10 hermanos, yo fui el tercero, ahora somos solo siete. Mi padre fue Pedro Rucobo Martínez y mi madre Socorro Salas. Voy a Fresnillo dos o tres veces por año, visitó a mi gente, a mi raza.

Era un deportista nato o ¿cómo lleva su afición como deportista a la Lucha Libre?

— Fue Manuel López “El Zurdo” el que me dijo —vente a entrenar— y cuando empecé a ir, me nació el gusto por la Lucha Libre. Me gustaban los trancazos y de ahí hasta que llegué a la Sección 19.

Entrenaba en la escuela Revolución con unos chavos que también se hicieron luchadores profesionales, con los Hernández, Los Toritos, “El Zurdo” y muchos otros que empezaron ahí en Fresnillo.

Y su maestro en la etapa profesional, ¿quién fue?

— “El Cavernario” Galindo, Ray Silva, Robles (un señor de todos mis respetos, japonés, fue mi pareja mucho tiempo), con ellos eran entrenamientos muy duros verdaderamente.

Para su generación esos entrenamientos eran para retarlos a quedarse, eran golpes, eran palizas, ¿cómo fue su experiencia?

— Fue muy buena, para empezar, yo era matancero (carnicero) en una empacadora en Fresnillo, estaba impuesto a ver sangre y cuchillos y todo eso, así que estar ahí era como decir ‘qué tanto es tantito’. Pero sí es cierto, podía uno terminar con fiebre o algo y era obligatorio acudir al entrenamiento, la verdad yo les tenía más miedo a los entrenamientos que a las luchas.

Pero después de un tiempo cosechas lo que haces, porque luego cuando enfrentas a los grandes es porque ya llegaste a su nivel, te catalogan así.

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El Legionario en acción

¿Qué lo hizo subir al ring?

— Llegó la Sección 19 (de León, Guanajuato) a Fresnillo y les faltaban luchadores, ‘yo mero’, les dije. Me prestaron una máscara y unas zapatillas y subí, el caso fue que me fui con ellos y ya no me despegué. A la Sección 19 de León Guanajuato, llegaban los mejores: Mil Máscaras, Dos Caras, TNT, Carmelo El Cien Caras, eran otros tiempos.

¿Cuál era su nombre, su equipo y cómo se sintió en ese momento?

— Subí como Mr. Muerte (en 1968), tenía una calavera. Recuerdo que le comenté a Ray Silva (el campeón de peso medio de Guanajuato) —pues me están echando unos golpes muy duros— y me dijo —tú agárrala como venga, así es la vida—. Y sí, desde entonces aprendí eso.

Pero creo que mi debut más formal fue en Lagos de Moreno, era un estadio de beisbol, iban José Luis Barajas “El Faraón”, Mil Máscaras y Tinieblas, los rivales éramos El Cavernario, Hércules y yo, recuerdo que Hércules me dijo —tú no más síguenos, pareja—, creo que ya me andaba pasando de rudo. Fui aceptado en ese momento, fue como mi carta de presentación.

Como Mr. Muerte, José Luis Rucobo quitó algunas máscaras y cabelleras. Pero su vida daría un giro cuando las luchas lo traen a la frontera.

— Al llegar a Ciudad Juárez llegué contratado por un mes y ya llevó aquí unos 40… 45 años. Melchor Vaca me dio un contrato por ocho años, me dijo —a nadie le he dado eso, te lo doy a ti pero quiero que te quedes—.

Él me dio el diseño de la máscara, le pregunté si nadie tenía el diseño de esa máscara y me dijo —no, ese diseño es mío, tú póntela—. Me la puse junto a un contrato de ocho años, no me podía negar. 

¿Y por qué Legionario?

— Estaba platicando con Hermes (Carlos Jáquez Valerio) y le dije de la máscara, así que estaba buscando un nombre y él me dijo uno cortito: Legionario.

Y mira, ‘Legionario’, llegamos a los estelares de la Lucha Libre, llegué a rozarme con lo mejor de la baraja de la Lucha Libre nacional.

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El Legionario vs Tinieblas

Cuando llega a esta frontera, entra a la Plaza Alberto Balderas, estaba ahí Julio Quiroga, ¿recuerda lo que pasó ese día?

— El señor Julio Quiroga era muy duro y medio ‘taconcito’ con los nuevos. Me dijo —vamos a subir los escalones de la plaza de carretilla— y Julio iba agarrándome los pies, subimos sin descansar, al llegar arriba, —ahora pa’ bajo—, pues al final bajé los escalones parado de manos y con eso me comentó—, bueno tú puedes hacer lo que tú quieras—, jamás me volvió a entrenar. Pasé la prueba. A partir de ahí hubo un poco más de respeto, todo mundo se portó bien conmigo… —cuando te dan y respondes como que se hacen a un lado—.

¿Cuándo siente que el público en Juárez le da ese respeto?, ¿fue gradual o llegó un momento que sintió esa aceptación?

— Desde el primer domingo que subí me empezó a corear la gente, con ese personaje de El Legionario y en ese tiempo que estuve con ese personaje murió Miguel, “El Cobarde”, mucha gente me relacionó con él como pariente —y se les agradece porque la familia luchística somos una sola familia— me sentí halagado de que me relacionaran con él como un familiar.

¿Cómo conoció a Flama Roja (Arturo García)?

— Llegué a Juárez un jueves, el domingo lo conocí en vestidores y pensé —o va a ser mi pareja o va a ser mi rival más duro—, porque era entrón, ya cuando se acopló conmigo, ya con más confianza entraba, ya tenía quién lo respaldara, hicimos una pareja “de catálogo”. Cada año estábamos nominados como la Mejor Pareja del Año del norte del país. No hubo una mejor pareja que Flama Roja y Legionario.

Y todavía no la hay…

— Los que venían de fuera eran los que estaban con el pendiente, porque en verdad había muy buenos luchadores aquí, estaba Tony Reyna, Carlos Mata, Carlos Monterrosa, Espectro… la plaza de Ciudad Juárez fue la mejor del mundo, porque por aquí entró la Lucha Libre a México.

Hasta que nos salimos Flama y yo, porque hay que retirarse a tiempo, que la gente nos vea bonitos afuera, que no nos vean arriba de un cuadrilátero pues mal. Ya cuando uno no puede es mejor retirarse para no estar dando lástima y así fue. Lo hemos platicado, apenas nos salimos y como que los que quedaron no pudieron sostenerla…

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José Luis posa en medio de las réplicas de Flama Roja y la suya

Para El Legionario, sus raíces de Zacatecas eran parte de su personaje, ¿le daba orgullo llevar ese sombrero charro en el ring?

— Claro, yo sentía que estaba en Fresnillo, ponían La Marcha de Zacatecas y yo saludaba a todos los paisanos, todo el tiempo la tocaban, era parte de mi espectáculo…

La rivalidad con Flama Roja tenía ese toque de llamarle “El Huarachudo de Zacatecas”, era también una rivalidad regional.

— Sí, es que el Flama es “jalisquillo”, es de Guadalajara (se ríe), inclusive ya cuando luchaba fuera del ring la gente me gritaba: “El Huarachudo de Zacatecas”, “El Huarachudo, El Legionario” y muchos paisanos me defendían porque se sentían orgullosos de que representara en el ring a los zacatecanos, así que mucha gente de Estados Unidos también me apoyaba, puro paisano.

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“El Huarachudo de Zacatecas”

¿Cómo llevaban su amistad entre familias?, ¿les afectó el antagonismo?

— Nos respetamos, somos compadres sin ser compadres y nos llevamos bien entre familias. Cuando viene o cuando voy y lo veo nos respetamos y saludamos y nos ponemos a ver las fotos, una cosa bonita.

¿Qué pasó cuando una vez llegó su rival a su casa?

— Estaba chica mi hija, tenía unos 4 años. Llegó Flama a visitarme, lo pasé y comenzamos a charlar y llegó mi hija y le dijo ‘a usted no lo quiero’ —¿por qué mija? — le contestó ‘porque le dice huarachudo a mi papá y le sacó la cangre (sangre)’, se ríe al recordar la inocencia de su hija.

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Flama Roja y El Legionario en vestidores

En una ocasión enfrentó en una pelea de box a Flama, ambos enmascarados, ¿lo recuerda?

— Sí, una vez se la canté al Flama le dije —¿qué, directo y sin guantes? — Pero la Comisión no nos dejó nos exigió usar guantes.

Ya ahora, ya retirados, cuando nos vemos, preguntamos pues ¿por qué me retabas tanto? y el otro dice —eras tú, no yo— (se ríe).

Esa fue la época dorada, recuerda, “era otro nivel, a nosotros nos tocaron los mejores”.

¿Cómo fue luchar con El Santo y Blue Demon?

— Era una maravilla, te sentías en las nubes. Luché con puro original aquí, El Perro Aguayo, El Ray Mendoza, Rayo de Jalisco, Mil Máscaras, Fishman, Tinieblas, todos los originales no los Jr., los juniors no tienen nada de humildad porque no sufrieron, para ser un deportista humilde tienes que subir desde abajo, hacerte de un nombre no que te lo hagan.

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La lucha contra El Santo
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El Legionario y Blue Demon

¿Raptó a Aluche en el ring, recuerda esa anécdota?

— Claro, creo que Tinieblas se metió por otra máscara o fue al vestidor y se quedó Aluche solo y le dije a Romero —Vamos a robarnos al Aluche— y nos lo robamos, fue un escándalo nacional. La prensa ya nos traía, la Policía nos andaba buscando, qué bueno que entonces no había celulares (suelta la carcajada).

Un mes después regresó Tinieblas por él a rescatarlo, se lo tuvimos que entregar a los policías. Llegamos al gimnasio municipal con él en una jaula y ya estaban los agentes esperándonos y lo entregamos. Creo que el público de esa época no lo puede olvidar.

¿Cómo se llega a la lucha de máscara vs Flama Roja (domingo 30 de marzo de 1986)?

— Bueno, era tanta la rivalidad que muchos promotores lo intentaron y ofrecieron el encuentro, pero hubo un momento en que me convencieron.

Ese día fue muy especial, antes de subir al ring estaba muy tranquilo, calentando, estaba listo, pero ya cuando tocaron —(toc toc), sigues— y empezó La Marcha de Zacatecas… me empezaron los calambres y fui caminando del vestidor rumbo al cuadrilátero y se me iban quitando hasta llegar con el público, —ya no más subes y órale, estaba listo—.

Tienes que ver al rival pequeño y… me faltó colmillo con mi pareja (con Don Arturo), ese día nada más (se ríe). Ya le había ganado varias veces. Mira, una lucha mano a mano Flama Roja y yo sin campeonato, ni máscaras, ni cabelleras, se quedaba la gente afuera. Eran unos luchones, unas carnicerías…

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Cartel de la lucha máscara vs máscara con Flama Roja

¿Cómo se sintió cuando se quitó la máscara?

— Agarré aire (suspira) y después vi a Arturo, me preguntó —¿cómo te sientes? — Y le dije —no'mbre, mira ya todo el mundo me conoce como El Legionario, ya cuando voy en la calle me gritan "ese mi Legio", "mi Legionario" y en el mercado ni las tortillas me cobran—, le dije —tú andas tapado ahí porque quieres (se ríe)— y pues se animó con El Villano.

Esa época no creo que regrese, necesita haber un promotor, primero que quiera a la Lucha Libre, no que quiera llenarse de dinero, que quiera y respete a los luchadores y sobre todo que lleve una bandera de la Lucha Libre digna.

¿Cuándo decide que ya es tiempo de descansar?

— Cuando nosotros nos retiramos fue durante una etapa muy oscura en la Lucha Libre, se cayeron las entradas no había quién uniera a la Lucha Libre.

Yo viví lo mejor de la Lucha Libre gracias a Dios, muchos siguen ahí todavía haciendo daño, pero allá ellos.

Me retiré satisfecho, me dedico a cuidar a mi familia, a mis hijas, a mis nietos, a mi chaparrita, una dicha andar de aquí a allá.

¿El legado del Legionario?

— Los recuerdos hermosos que me dejó la Lucha Libre, mis hijas que me ven con orgullo, mi esposa que no se raja que donde quiera anda conmigo, ya vamos a cumplir 50 años, nueve nietos, tres bisnietas. Estoy feliz, encantado de la vida.

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El reconocimiento en vida

Actualmente, se tiene el proyecto en Ciudad Juárez del museo de Lucha Libre que se espera próximamente pueda materializarse, entre las figuras réplica de los grandes luchadores se encuentra la de El Legionario con su rival y pareja, Flama Roja, con quien decidió posar para Revista Net para esta edición.

Como profeta en su propia tierra, Rucobo recibió en julio de este año una placa de honor en su casa familiar, en El Mineral, un tributo a sus cuatro décadas de trayectoria en el cuadrilátero. El 2 de septiembre recibió la medalla al Mérito José González Echeverría junto a otros 30 fresnillenses destacados por el aniversario 467 de la fundación de la ciudad.

Desde su casa en Juárez, al lado de su inseparable esposa Blanquita, Rucobo sigue tan hiperactivo como se lo permite su buena salud, da masajes quiroprácticos y soluciona cualquier problema de torceduras o acomodo de huesos, además, reserva en su hogar un lugar especial para la buena cocina de fresnillo: las carnitas y la birria siempre han sido “su fuerte”.

“No se vive solo de la Lucha Libre, hay que combinar actividades”, comenta, ya que por mucho tiempo su Birriería fue la actividad económica familiar. Hoy en día, esas recetas son solo para el deleite de su familia.

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