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Publicado: 02-01-2022 12:00

Congela a Varela: una lección de amor

La maestra Claudia nos cuenta cómo nació su interés por cambiar la vida de perros desamparados

Verónica Palafox

Juárez

Yvoné Vidaña

Su vida la considera una serie de eventos fortuitos, situaciones que no ha planeado, que llegan y las toma, en consecuencia, la han colocado en el lugar y el momento justo para convertirse en una mujer destacada de la ciudad. Yo estoy segura de que cada uno de los pasos de c Varela ha sido un fuerte eslabón, trabajado y disfrutado, para llegar a ser la persona comprometida con su entorno que es hoy.

Claudia recuerda que desde pequeña tuvo interés genuino por aprender, lo hizo primero con ayuda de sus hermanos mayores, hasta que “cuando tenía 7 años, decidí auto inscribirme en la escuela, nadie se había tomado el tiempo de hacerlo, así que le pedí a mi mamá algunos papeles y me fui a hacer el trámite. Como en esa misma institución estaban mis hermanos, la directora pensó que mi mamá estaba de acuerdo y me inscribió, ella supo de mi acción cuando le solicitaron que completara el expediente, firmara las formas e hiciera el pago correspondiente”.

Ese entusiasmo por los estudios la llevó a ocupar los primeros lugares de aprovechamiento en la primaria y secundaria, aunque confiesa que en la preparatoria se desbalagó.

Maestra comprometida

Me sorprendió cuando me platicó que por cinco años fue parte de la Congregación de las Misioneras de María Dolorosa, donde fue postulante, hizo el noviciado y por dos años vivió como religiosa, su comunicación con los niños y jóvenes era simbiótica, hasta que un día, de la nada, su superiora la mandó llamar para enviarla a casa, tenía 24 años.

“Yo digo que me corrieron porque no seguía algunas normas de no convivencia con la comunidad, yo pensaba que estar cerca de las personas era una mejor manera de acercarlas a Dios, pero en la congregación pensaban diferente y me mandaron de regreso a casa”, recuerda.

Una vez en la vida secular, “debía estudiar, así que entré a Psicología. Mientras estudiaba, me ofrecieron clases en una preparatoria y las tomé, para acceder a más carga horaria, hice el propedéutico en la Normal, alguien me sugirió ir al Sindicato de Maestros para acelerar el trámite y me fue bien, una cosa llevó a otra y cursé también la carrera de Maestra Normalista en el área de inglés”, y de esta manera, durante 10 años, Claudia dio clases por las mañanas y consulta psicológica por las tardes. Después trabajó un tiempo en el DIF.

Rescatista de corazón

En esa época asumió un gran reto, quizá el más comprometedor de su vida: adoptó a su hijo Gabriel, hoy de 19 años, “quien ha venido a enseñarme muchas cosas”. Tiempo después, su vida dio otro gran giro: conoció a Margarita, su esposa, con quien tiene ya 12 años de relación y ese amor le sembró otro, por las mascotas.

“Cuando empezamos a salir, ella tenía siete perros, ya viviendo juntas, comenzamos a rescatar ¡y llegamos a tener 23! Era tremendo, pero hoy ya solo tenemos 17…”, y ríe sabiendo que ese “solo 17” sigue representando un gran número de canes que le deben la vida al gesto de Margarita y Claudia, de salvarlos del abandono.

“Rescatar a un perro es como rescatarse a uno mismo”, asevera, y esas palabras siguen retumbando en mi mente y creo que es una de las más grandes verdades que he escuchado en mucho tiempo.

Entrar en contacto de manera tan vívida con el problema de los animales en situación de calle la hizo tomar medidas y buscó asociaciones de rescatistas para colaborar con ellas: “entendimos que no era posible seguir trayendo a casa más perros, pero sí lo era ayudar a quienes se dedican a salvarlos de manera profesional”, así que comenzó a acercar comida y trabajo voluntario a un par de lugares.

Un día, recordando al famoso Juan Tenorio, aquel locutor juarense que se subía en una torre eléctrica para atraer donaciones de juguetes en Navidad, se le ocurrió pedir a sus alumnos que donaran croquetas y juguetes, y para hacerlo más atractivo, pensó en meterse 24 horas a una casa de perro, colocada en la azotea de la Secundaria Técnica 80, donde trabaja desde hace 23 años, el evento lo llamó “Congela a Varela”.

Gracias a las redes sociales, la colecta salió del ámbito escolar y casi triplicó la meta planteada, al conseguir cinco toneladas de croquetas y mil 500 juguetes. El ejercicio se repitió en 2020, en modalidad caravana debido a la pandemia y llegaron 6.25 toneladas de alimento para perro:

“Suena mucho el decir más de seis toneladas, pero el refugio al que se entregan consume ¡200 kilos de croquetas al día! Esas seis toneladas les rinden solo unos días, por eso este año queremos superar la meta del anterior, además abrimos la donación a dos refugios más y por primera vez apoyaremos a uno de gatos”.

Una vez institucionalizado “Congela a Varela”, la cabeza de Claudia generó otra gran idea: “alimentar animales en situación de calle, no es más que un paliativo al problema real, que es la sobrepoblación de animales abandonados, quiero ir al origen, así que se me ocurrió hacer Jornadas de Esterilización, lo comenté con amigas veterinarias y desde junio de este año hemos realizado una jornada por mes, así, en lo que va de 2021, 980 animales, entre perros y gatos, han sido esterilizados de manera gratuita, con el trabajo desinteresado de un equipo de veterinarios y voluntarios, 60 personas aproximadamente, y las donaciones ciudadanas para la compra del material quirúrgico”.

Para dar forma a todos estos esfuerzos, Claudia crea el grupo Chucho’s Lovers, que es como la encontramos en redes sociales: “estamos creando conciencia de la esterilización y el no abandono, ahora sigue darle la importancia a la vacunación, es lo que vamos a planear para 2022”.

“De acuerdo con números oficiales, en Juárez hay más de 120 mil perros callejeros, que no merecen vivir con hambre y en condiciones deplorables, tenemos que hacer algo y con Chucho’s Lovers  estamos aportando a la solución”, y me pide compartir una frase del sacerdote Baudelio Pelayo que la ha motivado en su vida: “construyo luego lo que tengo en mente, porque la vida es corta para construir nuestros sueños”.

Alma generosa

Les comparto lo último que me dijo al cerrar la conversación: “quiero que pongas que yo no haría nada sin todas las personas que me apoyan, mi familia, amigos, algunos que no me conocen, que se suman y eso es lo que da resultados, el trabajo de todos, le agradezco tanto a cada uno que me sigan en mis proyectos y antes de que nos vayamos, respóndeme tú: ¿por qué me elegiste para entrevistarme, si yo no hago nada especial?”.

Como les decía al inicio, ella cree que su vida es una serie de fortuitas coincidencias y que solo se ha dejado llevar por ellas, yo digo que no, que Claudia Varela es un alma generosa, que se regala día con día para hacer de este mundo un mejor sitio de como lo encontró.

“Congela a Varela 2021” se realizó el 11 y 12 de diciembre, en el estacionamiento de la Plaza Juárez Mall, un trabajo titánico que la maestra Varela se ha echado a cuestas de la manera más amorosa y desinteresada.

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