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18 de julio, 2021 - 12:00

Ivonne Uribe: la saxofonista que rompe barreras

Ha sido la única mujer en entrar a la banda de música de Gobierno del Estado, su talento demuestra que este espacio no se hereda, se gana

Dinorah Gutiérrez

Estatal

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Ivonne Chávez Uribe, conocida artísticamente como Ivonne Uribe, es egresa de la escuela de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh). Se ha dedicado a la música desde la infancia. A los once ya había iniciado clases de solfeo y comenzaba el camino donde ya sentía la vocación; pero fue hasta los 16 años cuando decidió buscar un espacio en una de las instituciones musicales más antiguas y de mayor prestigio en el norte del país: la banda de música del Gobierno del Estado de Chihuahua.

A lo largo de los casi 93 años desde la fundación de esta integración musical, un 15 de septiembre de 1928, solo una mujer ha pertenecido a ella y es precisamente Ivonne quien ostenta este título desde hace 24 años. “Me di cuenta que es la institución musical más antigua en el estado, por lo tanto, pertenece ya a nuestro patrimonio cultural y claro que valía la pena pertenecer como profesional de la música”, explica Uribe.

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Ivonne recuerda que tras su ingreso a la banda enfrentó muchos tabúes por ser mujer en una agrupación integrada por solo hombres. “Ha sido una tradición en la banda de sumar por generaciones a familiares de los integrantes varones: hijos, primos, tíos, sobrinos... Yo llegué para realizar mi servicio social y me quedé en la banda ya como integrante tocando primero el clarinete y luego el saxofón tenor”, explica Ivonne. “No fue fácil. Hace 25 años entrar y destacar en el ambiente de la música, más en este tipo, era complicado. A algunos de los integrantes tal vez les causaba recelo que alguien tan joven y además mujer (solo tenía 20 años) llegara y demostrara que también  tenía las aptitudes y el nivel para ejecutar el tipo de música que ellos hacían”, señala.

 

La artista relata cómo ha sido el proceso de aprendizaje de vida en su paso por esta antigua institución musical. Reconoce que no solo se ha tratado del reto de ser mujer y romper con prejuicios de aquellos quienes piensan que la música es un hobbie, sino también ha representado el reto de prepararse continuamente hasta especializarse en varios instrumentos, que en su caso, son los instrumentos de viento.

Al preguntarle sobre cómo es un día ordinario en su vida, más allá de la música, explica que le ha dejado muchas satisfacciones personales y profesionales, pero no podría hablar de días normales. “No hay ni días ni horarios fijos. Hay temporadas en que tenemos más trabajo que en otras: fechas cívicas, fiestas patrias, graduaciones, audiciones... No viví al 100 la infancia de mis hijos porque siempre he estado trabajando. Fueron muchos años de llevarme a mi hija a los eventos. Tocaba una pieza y le corregía una tarea. Se quedaba dormida en dos sillas porque estábamos tocando fuera la ciudad… En fin, aquí conocí a mi esposo y los músicos de la banda son como mi familia; no obstante, mi vida ha sido como un malabar”, reflexiona Uribe.

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La vida entre la música y la familia

Recuerda con nostalgia que cuando era estudiante y soltera, aunque su rutina era complicada y tenía que correr y llegar a la universidad uniformada después de tocar en algún concierto, ese ritmo era muy gratificante. Aunque ahora se han incrementado las responsabilidades y no es solo dedicarle el tiempo a la profesión, también hay que buscar equilibrio entre la vida personal, la familiar y el trabajo. “Ya cuando te conviertes en madre y esposa, la jornada se vuelve doble o triple”, subraya Ivonne, “entonces hay nuevos retos, aunque la música sigue siendo mi vocación. La ventaja es que mi esposo también es integrante de la banda y me comprende a la perfección, entonces ambos compartimos la responsabilidad de llevar la casa y el trabajo juntos”.

Al recordar cómo pasó sus embarazos mientras tenía que portar el uniforme de la banda, relata divertida que, como no le quedaba el suyo, algunos compañeros de talla más grande prestaban su  ropa para caber en “semejante barriga” y así acudir sin mayor problema a cumplir con los compromisos de la agenda.

“Alguna vez pensé en complementar mi carrera como música con la danza. Y dentro de la música también la etnomusicología. Me gusta mucho la música tradicional de México, de las etnias, pero ya me gustó tanto tocar el saxofón o el clarinete, que mi vida está ligada por completo a este sonido”, admite Ivonne, aunque también ha explorado la investigación histórica de la música.

 

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La mayor parte de la vida de esta joven mujer está ligada a la de esta institución musical, de la que por cierto, ha escrito un documento que reseña las más importantes etapas desde su fundación. Ivonne relata que los orígenes de este tipo de bandas se remontan a 1910, cuando en plena revolución acompañaban a las tropas a las batallas. Eran el vínculo con la sociedad para dar a conocer los géneros que venían de Europa en ese tiempo: el vals, la polka… pero debido a la revolución, había muchos niños huérfanos a los que les enseñaron el oficio. “En el caso de la banda de Chihuahua, algo similar sucedió, pero en 1928, en la Escuela de artes y oficios, cuando un maestro de música decidió enseñar a niños boleros, chicleros y algunos en situación de calle, la profesión de músicos. Así se creó la primera banda de música que ya en los años cuarenta fue institucionalizada por el Gobierno del Estado”, narra Uribe.

La banda de música del Gobierno del Estado de Chihuahua, de la que Ivonne Uribe se siente muy orgullosa de pertenecer, es de tipo sinfónico y, explica, interpreta prácticamente todo tipo de música, aunque siempre se han tocado piezas de música clásica adaptadas a una organización de instrumentos “aliento-madera y “aliento-metal”. Por lo que el sonido es diferente al de una orquesta filarmónica donde hay instrumentos de cuerda.

La situación de la pandemia ha sido complicada para quienes integran la banda, Ivonne entre ellas. Tuvieron que adaptarse a los ensayos virtuales e intentar coordinarse para no perder el ritmo de los ensayos. “La música hay que tenerla en vivo para entenderla, para sentirla realmente, pero sobre todo para disfrutarla. Esta situación nos ha hecho revalorar nuestra profesión. Y aunque extrañamos el contacto con la gente, entendemos que esto también pasará.

No es tan frecuente encontrar a una mujer que toque el saxofón, aunque como dice la artista, ya hay cada vez más mujeres que se identifican con este instrumento y lo toman muy en serio. “En mi caso, a mí me tocó de alguna forma ser pionera en esto de tocar el saxofón y me siento muy satisfecha por haber tomado este camino. Es muy gratificante saber que lo que tú haces a través de la música está haciendo feliz a alguien”, concluye.

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