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18 de April, 2021 - 10:00

'Estoy orgullosa de ser indígena': Anaí Zúñiga, la modelo rarámuri

Lo joven luce en las pasarelas los trajes tradicionales de sus ancestros

Dinorah Gutiérrez

Estatal

Cortesía
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Anahí Zúñiga Pérez es una joven con sangre indígena, mitad rarámuri y mitad tepehuán. Aunque nació en la ciudad de Chihuahua todas sus raíces provienen de la Sierra Tarahumara. Jamás olvida su origen étnico y el orgullo de pertenecer a uno de los pueblos originarios más resilientes del norte de México. 

Su vida ha transcurrido durante 21 años entre la ciudad y las comunidades indígenas,  es por ello quizá que le resulta natural moverse “sin empacho” entre la vida de las personas chabochis o mestizas y con total fluidez entre las personas de origen rarámuri. Es la menor de tres hermanos y aunque no habla la lengua rarámuri, tanto ella como sus hermanos, fueron criados por familia en las tradiciones rarámuris.

“Lo que más me gusta de los rarámuris es la forma que tienen de hacer comunidad; se ponen de acuerdo para hacer todas las festividades, por ejemplo. Se apoyan entre todos y me gusta que hasta las opiniones de los más pequeñitos se toman en cuenta”, explica Anaí. No obstante, admite que conoce historias de muchos niños y niñas que ya han perdido la capacidad de hablar su lengua cuando llegan a la ciudad: “dejan de hablar rarámuri porque les da vergüenza y sufren discriminación, hay chabochis malos (mestizos) pero, por fortuna, también hay gente mestiza muy buena”, subraya la joven.

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“Mi mamá es la mayor influencia positiva en mi vida, sin embargo, me gusta mucho hablar con las Siríame (mujeres guías en la comunidad) para aprender de ellas y recordar de donde vengo siempre”, afirma Anaí.

Desde pequeña quiso que su vida fuera diferente a la de muchas personas que viven sin hacer realidad sus sueños, sobre todo quienes sufren condiciones de discriminación y pobreza, debido a su origen indígena.

“Inicié en el modelaje por curiosidad primero. Vi un anuncio y me inscribí. Al principio no me sentía muy segura, pero poco a poco trabajé en mi autoestima y me fui sintiendo más cómoda como modelo y haciendo pasarelas y fotografías vestida con mis trajes tradicionales. Me siento muy orgullosa de ser quien soy y de donde vengo y quiero mostrarme así”, detalla Zúñiga. 

Lleva ya tres años en el modelaje y recuerda cómo inició en las pasarelas luciendo prendas confeccionadas por diseñadoras también de origen indígena: “tres diseñadoras indígenas, una de la comunidad guarijó y las otras dos de la comunidad ralámuli (rarámuri), me contactaron para proponerme una pasarela. Ellas ya sabían que yo era modelo.En esa ocasión me pidieron enseñar a otras personas en esa pasarela y me dio mucho gusto ver cómo se desenvolvían con mucha seguridad”, recuerda con orgullo.

“He estado trabajando con dos diseñadoras indígenas: Francisca Santo Niño y Bertha Vega, quienes diseñan ropa casual que puede ponerse cualquier persona”, señala.
Destaca que durante su experiencia en el modelaje ha visto a muchas personas que también tienen interés en el modelaje.

“Las niñas siempre me dicen que quieren ser como yo. Me imitan. Quieren aprender y me pone muy feliz que lo que yo hago pueda inspirar a otros o a otras. Aunque hacer esto es también una responsabilidad”, reflexiona Zúñiga.
Es frecuente verla vestir prendas tradicionales rarámuris y otras que llevan algunos diseños inspirados en la iconografía indígena, que se ven en lugares como los campos de manzana de la región noroeste del estado. “Me gusta representar los lugares donde está la comunidad, mi gente”, explica Anaí.

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Más allá de la pasarela: busca dos títulos

Actualmente estudia dos carreras: una en ingeniería en Sistemas, que está por concluir, y otra en Derecho. Ambas, dice, le ayudarán a formarse de manera profesional para apoyar a las personas de las comunidades indígenas que necesitan estar en contacto con la tecnología para no quedarse rezagadas y, por otro lado, para defender los derechos de todas aquellas personas de origen indígena que viven en condiciones de vulnerabilidad: “Me gusta mucho estudiar Derecho porque creo que cuando termine podré ayudar a mi gente”, destaca Anaí.

Como a toda joven de su edad, le encantan las redes sociales y las utiliza de forma permanente para promover su cultura de origen y las tradiciones que su familia le enseñó.

“Las niñas de la comunidad donde estoy ayudando aquí en la ciudad me siguen en mis redes. Un día vieron un video que subí cantando y les gustó mucho. Siempre están viendo mis videos. Les dije que cualquiera de ellas puede hacer lo que yo hago, pero hay que quitarse la pena. Esa vez les di sermones”, narra riendo la joven modelo.

Su persona favorita es su abuela, de quien, al preguntarle en la entrevista, prefirió no dar su nombre. Es su compañera de acción y constantemente aparece a su lado, en las múltiples fotografías y vídeos que comparte a través de Instagram y Tik Tok, en esta última red social ya cuenta con más de 15 mil seguidores. 

Anaí explica que incursionó a las redes sociales durante la pandemia y tuvo curiosidad por conocerlas y ver su funcionamiento. “Un día grabé un video bailando con mi abuelita que vino de curiosa y se quedó también ahí grabada. Le gustó mucho a la gente. Mi abuelita y yo siempre hemos sido muy unidas”. 

Su mensaje social en redes

La joven está segura que entre más personas conozcan su cultura y las tradiciones de su pueblo, menos actos de discriminación se cometerán a causa de la ignorancia o ideas equivocadas acerca de las personas de origen indígena: “he mostrado en mis videos algunas injusticias y hasta casos de discriminación allá en las comunidades. Yo espero que lo hago en las redes ayude a mostrar lo que pasa para cambiar las cosas”, destaca Anaí.
“Mi sueño es el bien común, aunque se escuche muy cliché”, finaliza la joven modelo.

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