Realizada tras la tragedia, “Black Panther: Wakanda Forever” (“Pantera Negra: Wakanda Por Siempre”) reverbera con la agonía de la pérdida, haciendo agudo el terreno generalmente menos consecuente de las películas de superhéroes. Al igual que alguien que pasa por los diferentes estados del dolor.

En el Universo Cinematógrafico de Marvel, donde la mortalidad suele ser casi siempre algo de juguete, enfrentar el hecho genuino, con la muerte de su astro Chadwick Boseman, crea una inusual escala introspectiva de entretenimiento taquillero.

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Existe una línea delgada, claro, entre rendir homenaje y aprovecharse de él. Me sentí un poco desconcertado cuando el logotipo de Marvel se mostró con imágenes de Boseman dentro de sus letras, el panegírico convertido en marca. Que “Black Panther”, un fenómeno cultural y éxito de taquilla, tuviera una secuela estuvo momentáneamente en duda después de la inesperada muerte de Boseman por cáncer de colon en 2020. El guion radicalmente reformulado por Coogler y el coguionista Joe Robert Cole de “Wakanda Forever” trató de seguir adelante con la esperanza de honrar a Boseman y el rico mundo afrocentrista de la película original. En su forma admirablemente embrollada, logra ambos propósitos.

Parte del profundo atractivo de la primera “Black Panther” de Coogler residía en su diestra proyección el mundo real hacia la mitología. Transformó siglos de colonialismo y explotación en un espectáculo de la gran pantalla sobre identidad y resistencia. En una nación africana inventada, Coogler conjuró una historia fantasiosa sobre lo que pudo ser y una realidad emocional actual.

“Wakanda Forever”, que se estrena este fin de semana, expande este sentimiento, entretejiendo una perspectiva latinoamericana con un grado similar de especificidad cultural con la presentación de un antagonista inspirado en los pueblos prehispánicos, Namor (Tenoch Huerta), rey del antiguo mundo submarino de Talocan. Al mismo tiempo, la muerte de Boseman es agudamente incorporada en la historia desde el comienzo, desde la agonía fuera de pantalla.

“El tiempo se está acabando”, escuchamos que susurran mientras la pantalla sigue en negro. Shuri (Letitia Wright), la hermana especialista en tecnología de T’Challa, intenta frenéticamente crear algo en su laboratorio de inteligencia artificial para salvar a su hermano. Pero en un momento su madre, la reina Ramonda (Angela Bassett), le informa: “Tu hermano está con los ancestros”. T’Challa es despedido en una gloriosa procesión con una multitud de pobladores de Wakanda vestidos de blanco, quienes cantan y bailan en su honor. El funeral es de lo más impresionante que ha filmado Coogler.

Tras este prólogo, “Wakanda Forever” avanza un año después. “Black Panther” tomó la forma de un thriller de espías al estilo Bond, y la secuela lleva esto a un nuevo contexto geopolítico. En la Organización de Naciones Unidas, Estados Unidos y Francia presionan para tener acceso al vibranio, el raro metal gracias al cual Wakanda ha construido su imperio. Poco después, una expedición militar estadunidense descubre vibranio en el fondo del océano. Pero justo cuando empiezan a celebrar, una misteriosa tribu de seres submarinos azules, encabezada por Namor, un monarca con pantalones cortos verdes y alas en los talones, acaban con los exploradores sin piedad.

Se puede sentir que “Wakanda Forever” busca avanzar en esas primeras escenas. Pero ¿qué tanto nos puede importar la búsqueda de ese metal?, ¿qué hay del pueblo con habitantes azules? “Avatar”, podrías pensar, ya se ha apropiado de eso. Quien estabiliza la película es Bassett. Su asombrosa presencia conduce a “Wakanda Forever” por el dolor, al tiempo que defiende a Wakanda en un momento en el que el reino se reajusta sin rey. Ella se mantiene.

A continuación, se desata una trama mundial que aleja a la película de lo que quizá es su mayor atractivo, Wakanda, pero que descubre nuevos lugares con poder latente. Shuri y Okoye (Danai Gurira), la general Dora Milaje, viajan a Cambridge, Massachusetts, para buscar a una estudiante (Dominique Thorne) que creó un detector de vibranio. En la zona de Washington, el oficial de la CIA amigo de Wakanda interpretado por Martin Freeman enfrenta el escrutinio de su jefa, interpretada por una actriz cómica acostumbrada a la política.

Pero lo más importante es que una serie de intercambios acercan a Wakanda y Talokan. ¿Son amigos o enemigos? El pueblo de Tlalokan es un giro cautivador a la mitología de Atlantis. Pero su mundo oscuro y acuático no es Wakanda y da indicios de ser una sociedad más pequeña. A pesar de esto, Huerta logra darle magnetismo a Namor. De muchas maneras se asemeja al Killmonger de Michael B. Jordan, no es un villano y su furia puede justificarse. Pero su enojo sirve como magneto para Shuri, quien sigue de luto y está lista, tras la muerte de T’Challa, para “quemar el mundo”.

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Al igual que en la primera “Black Panther”, la cuestión está en encontrar el equilibrio en un mundo manejado por el dolor y los prejuicios. En esta ocasión se aplica a otra poderosa civilización. “Wakanda Forever”, donde se hereda el papel de Black Panther, se trata también de la transferencia del poder.

Wakanda y Talokan quedan en conflicto de una manera un poco torpe, pues Namor presiona a la nación africana para apoyarlo en su guerra contra la superficie. “Wakanda Forever” se desarrolla como una película de mitad de trilogía turbia que servirá al final de cuentas como un puente hacia futuros capítulos de “Black Panther”. Pero al mismo tiempo hay numerosas maravillas que Coogler logra con sus colaboradores recurrentes como la diseñadora de producción Hannah Beachler y la diseñadora de vestuario Ruth E. Carter. Por ejemplo, vemos cómo Talokan se eleva en el aire con ballenas. También destaca la interpretation ferrea de Gurira. Desafortunadamente, Lupita Nyong’o tiene un papel menos prominente en esta ocasión, pero cada vez que su Nakia (quien ha vivido discretamente en Haití) está presente, enaltece la película.

“Wakanda Forever” es demasiado larga, un poco difícil de manejar y de una manera inexplicable se acerca hacia el clímax en un barco en medio del Atlántico. Pero el comando fluido de Coogler que logra mezclar intimidad con espectáculo, se mantiene fascinante. Amplía el rico detalle y la complejidad no binaria que distinguió a “Black Panther” de formas a veces raras pero muchas veces emocionantes. Al lidiar con la pérdida, “Wakanda Forever” busca al final de cuentas algo raro en el paisaje beligerante de los superhéroes: paz.

“Black Panther: Wakanda Forever”, un estreno de Walt Disney Co., tiene una clasificación PG-13 (que advierte a los padres que podría ser inapropiada para menores de 13 años) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por escenas de fuerte violencia, acción y algunos diálogos.

Duración: 161 minutos.

Tres estrellas de cuatro.