La colonia Chaveña es sinónimo de historia y tradición, es uno de los barrios más antiguos de esta frontera y entre sus calles guarda miles de anécdotas que marcaron el rumbo de los juarenses, todos como parte del gran corazón de esta ciudad.

Su origen se remonta a principios de 1900. La llegada del ferrocarril a la frontera en la época de Porfirio Díaz detonó el movimiento de familias completas que trabajaban como maquinistas, fogoneros y hasta conductores, quienes se asentaron cerca de las vías del tren, compartió el historiador Miguel García Sáenz.

La Chaveña obtiene su nombre precisamente por las familias de apellido Chávez que habitaron ahí. García Sáenz dijo que una de las más destacadas fue la encabezada por la señora Blasa Chávez, en aquellos tiempos su opulencia y recursos permitían realizar fiestas y bailes “la gente acostumbraba ir a las fiestas de Los Chávez, pero se generalizó decir una fiesta Chaveña”.

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La Pila, el emblema

En el cruce de Miguel Ahumada, Nicolás Bravo y Joaquín Terrazas se encuentra “La Pila”, estructura con 97 años de historia, aunque su apariencia dista mucho de lo que era al principio: “originalmente era una cajita utilizada por los lugareños para dar de beber a sus animales, alimentada por un arroyo llamado Las Cajeras. Después, en 1906, cuando se construye el depósito de agua en la antigua Presidencia Municipal, este ya surte ahí”, dijo José Luis Hernández, promotor de la historia local.

El 5 de mayo de 1923, la colonia española regala al gobierno local una fuente (la actual Pila), que es una réplica de una estructura ubicada en León, España. Actualmente, el Gobierno del Estado realiza obras para restaurar la fuente y mejorar el entorno de La Pila.

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Foto: Pablo Navarro Ortíz

Sobre la calle Joaquín Terrazas, en los límites entre la Chaveña y la colonia Centro, resalta un edificio antiguo, desgastado por el paso del tiempo, incluso genera un poco de temor, pero nada de qué preocuparse, sus aulas y pasillos han sido testigos de la formación académica de cientos de juarenses: el Centro Escolar Revolución.

“Antes se llamaba la escuela David G. Berlanga, pero luego comenzó a tener problemas y más con la Revolución, entonces deciden tirarla y construir el Centro Escolar Revolución, es un ícono del barrio de la Chaveña. Yo estuve ahí durante toda mi primaria, es una escuela preciosísima, grande, de tres pisos que tenía una capacidad de más de mil 500 alumnos”, recordó García Sáenz.

Son múltiples las leyendas que rodean a este edificio con 81 años de historia: túneles que conducen a diferentes puntos de la colonia, pasadizos secretos y actividad paranormal. Para los que han tenido la oportunidad de recorrerlo, seguramente sintieron esa sensación de ser observado, o de que alguien aparecerá al girar en el pasillo.

“Originalmente ahí también estuvo un panteón, por eso es que se encuentran restos óseos cuando hacen excavaciones en los patios de la escuela… muchos dicen que hay túneles, más bien yo me inclino a creer que es un modelo de construcción de pilares, porque antes el terreno se encontraba en una loma, pudiera ser que sí, porque en una ocasión fuimos a la escuela Miguel Hidalgo, y ahí sí había”, comentó el promotor.

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Foto: Pablo Navarro Ortíz

Otro de los puntos más reconocidos de este sector es la escuela primaria Francisco I. Madero, ubicada en las calles Espejo y Libertad. Frente a este edificio se encuentra un parque del mismo nombre, pero es mejor conocido por los juarenses como el “Parque de la Chaveña”, característico por el kiosco que está en el centro.
Justo a un costado de este emblemático lugar, se encuentra una tortillería con más de 25 años de historia. Armando Ramos, propietario del negocio, explicó cómo ha cambiado el establecimiento a lo largo de los años y su labor para preservar el espacio de recreación de varias generaciones.

“Conocemos a mucha gente de aquí, y pues ha cambiado mucho, antes estaba descuidado el parque pero gracias al apoyo de la comunidad esto ha cambiado, la gente se ha interesado en dejar limpio y nosotros hacemos nuestro trabajo.Esa es nuestra aportación”, agregó Ramos.

En este barrio antiguo el comercio jugó un importante papel por su cercanía con el tren, pues esto les generaba un ahorro en cuanto al transporte, además de ayudar a que no sufrieran pérdidas durante los embarques para entregar a sus distribuidores. Embotelladoras de whisky, sodas, cervezas; fábricas de muebles y diversos comercios convirtieron a la Chaveña en el centro del comercio, coincidieron García Sáenz y Hernández.

El comercio también ha cambiado y ahora figuran los puestos para vender cosas usadas: ropa, zapatos, juguetes, electrodomésticos, muebles, instrumentos musicales y objetos que nunca se pensó encontrar en un montón de piezas de cinco pesos cada una.

El mercado de Los Herrajeros, ahora Cerrajeros, forma parte de esta gran historia: “antes no vendían nada nuevo, pura cosa usada, los zapatos viejos los hacían nuevos y los vendían; iba a buscar un tornillo y lo hallaba”, contó Manuel Borjas, uno de los habitantes del barrio.

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El paso del tiempo y la decadencia

“Había veces que se quedaba uno aquí hasta las dos, tres de la mañana platicando, pues póngale que eso fue en los ochenta o noventa, cuando todavía se podía hacer eso, no había tanto problema como ahora”, recordó con nostalgia Borjas sobre esta zona, que ahora luce diferente: algunas casas están abandonadas o en ruinas, los vecinos no platican y son pocos los que se conocen realmente.

Don Manuel contó que el barrio también ha cambiado debido a los hechos violentos que se han registrado entre sus calles, a él le tocó sufrir la pérdida de uno sus seres queridos.

“A uno de mis hijos aquí lo mataron. Le gritaron ‘¡Jorge!’ y papas, le dieron aquí en el pecho y luego se vino y lo remató. Yo no estaba aquí, andaba en el Centro y cuando regresé miré todo acordonado y dije: ‘¿qué estará pasando?’ Luego llegué y no me querían dejar verlo; un policía con malas palabras me dijo que me retirara y yo por enojo le dije ‘¡hazle como quieras!’, vine y lo destapé. Esto fue cuando pasó todo lo de las matanzas, en 2010”, contó Don Manuel.

Recorrer ahora la Chaveña deja sensaciones como nostalgia y tristeza al ver la decadencia por la que atraviesa, pero al final aparece la esperanza pues los habitantes quieren a su barrio, hacen lo posible para que se mantenga en pie, tratan de reforzar sus relaciones para recuperar el brillo de los años dorados.