Una tragedia, una historia y un legado

Revivir la tragedia siempre será difícil, pero el dolor sería mayor de no recordarla.

El 14 de julio de 1992, partió de Ciudad Juárez “El Lobo”, que en ese momento trasladaba al ballet folklórico Makahui, pero más que miembros de un grupo de danza, llevaba hijos, hermanos y amigos quienes, en un viaje lleno de aventuras y grandes experiencias, encontraron la tragedia cinco días después.

“Mi princesa, ahí está mi princesa”, señala María Isidra con el dedo la pequeña pantalla del celular donde se reproduce un video en el que su hija, Bárbara, junto a otros bailarines del grupo Makahui comparten risas y pláticas a bordo del camión rumbo a una presentación; ninguno de ellos sobrevivió al accidente.

No era la primera vez que Makahui se iba de viaje, su gran disciplina y pasión por la danza ya los habían llevado por diferentes estados de la República y su excelencia les había dado el campeonato nacional (el primero de muchos) de 1991 en la Ciudad de México.

Poco después fueron invitados a la Feria de Chiapas donde el gobierno de Guatemala quedó enamorado de su presentación y los invitó a participar en el Festival de Santiago Apóstol, en Antigua.

A partir de entonces todo fue ilusión y anhelo, arduos ensayos y múltiples actividades para reunir el dinero que necesitarían: ¡Se iban de gira por un mes!

Sí, un mes era el tiempo programado del viaje que haría Makahui por varios países, empezando por Guatemala pasando por Honduras, Costa Rica, Nicaragua y El Salvador.

“Cuando nos dijeron (que se iban de gira) lo vimos como algo bien grande, bien imposible porque íbamos a durar un mes fuera de casa y visitar varios países de centroamérica y fue algo bien anhelado”, relata Susana Córdova, sobreviviente del accidente.

En las instalaciones del Centro de Bachillerato Tecnológico, Industrial y de Servicios (CBTIS) 114 se dan cita los familiares de 6 de las víctimas del fatal accidente, así como dos sobrevivientes.

El sólo cruzar el umbral del plantel los llena de sentimientos encontrados, pero quieren que su historia, que sus hijos e hijas, sean recordados.

Preámbulo y presagio

“Un día antes llegaron en la mañana a mi casa todos”, recuerda Ana María Montelongo, su hijo, Víctor Montelongo, de 16 años, falleció en el accidente.

“Empezaron a lavar los cubreasientos, empezaron a lavar su vestuario ahí conmigo, les hice de comer a todos, se bañaron, se cambiaron y estuvieron todo el día en mi casa. Como a las tres se vinieron a la escuela porque tenían algo que hacer, y al otro día salían”, relata.

En el caso de Héctor Hernández, que entonces tenía 19 años y le apodaban “El Güero”, fueron varias semanas de preparaciones, pues entre permisos en el trabajo para poder participar en la gira y trámites para su pasaporte mexicano, tenía gran emoción y expectación por el viaje, cuenta su hermano José Antonio. “Esa era su pasión”.

El día de partida a la gira llegó, y todos los bailarines se deshacían en maletas y preparativos. María Isidra, madre de Bárbara Delgadillo Flores, de 16 años, comenta que su hija estaba emocionada porque su deseo era dar a conocer el folklor mexicano en otros países.

Valentín Malanche, lavaba con sus compañeros al “Lobo” y se alegró cuando vio que sus padres, Hortencia y Valentín, alcanzaron a llegar a despedirlo, pues ellos mismos volvían de un viaje.

“Recuerdo que le dio mucho gusto que lo hubiéramos alcanzado, y a nosotros también. ‘Qué andan haciendo, por qué no se fueron’, le dijimos. ‘Andamos lavando el Lobo —porque así le decían al camión— porque ya nos vamos’”, explica la señora Malanche con una sonrisa en el rostro.

“Yo lo recuerdo como un día triste, no como otros días que nos despedíamos, no sentía yo que mi hija… como que algo no estaba bien en el viaje, porque sabíamos que el camión acababa de llegar”, dice a su vez Leticia García Carpio, mamá de Griselda González, de 17 años; ella no logró sobrevivir.

Por su parte, Susana menciona que algunos compañeros tenían cierta vibra extraña, en ocasiones decían preferir que todo el viaje se cancelara. Finalmente el camión enciende el motor, Víctor Montelongo le da un beso a su madre y sube. “Cuando el camión prendió, que se iba a arrancar, él se hizo hacia la puerta, cuando se paró en la puerta me miraba como muy triste, nomás me decía adiós y me miraba”, dice Ana María, a quien, aunque los lentes de sol le ocultan los ojos, no así con sus lágrimas en la entrevista.

Todos los jóvenes terminaron de despedirse de sus familias y se acomodaron en los asientos, las mujeres de un lado y los hombres del otro y entre tanto, María despide a Bárbara diciéndole “corre, hija, que te deja el camión” y ella le responde “ay, sí, mami. Que me deje”.

3 mil 500 kilómetros hasta Antigua, Guatemala

Ese 14 de julio en la tarde fue el último día que muchos de los padres hablaron por última vez con sus hijos; en el caso de Leticia pudo comunicarse en unas cuantas ocasiones con Griselda.

“Me dijo cuando llegó a México y cuando llegaron a Chiapas, y fue cuando yo ya no tuve contacto con ella (...) Ella siempre (se se escuchaba) contenta, se oía el bullicio en el camión, cómo se iban ellos divirtiendo a su modo, ella me platicaba que se la pasaban bien suave, que hacían escalas, se paraban a hacer comida, discada, se metían a ríos que se topaban, para ellos era otra experiencia, porque no era su primer viaje”, dice.

Susana explica que durante los cinco días del viaje se estableció una especie de rutina a bordo del “Lobo”: “Dormíamos, comíamos, jugábamos, escuchábamos música y luego nos volvíamos a dormir, era cíclico”.

Por su parte, Ana Carolina Urenda, viuda del entonces director del CBTIS 114, Adolfo Cardona, que perdió la vida en el accidente, relata que los bailarines iban felices, y que aunque al llegar a Chiapas el “Lobo” tuvo una descompostura, ellos iban ilusionados y anhelando la primera presentación de su gira.

Habiendo cruzado la frontera México-Guatemala, Susana añade que al haber perdido un día por las fallas en el camión, ya iban arreglándose para su primera presentación, “íbamos a llegar barridos a bailar”, dice. ¿Hablaron con Valentín durante el viaje?, pregunto a Valentín padre y a Hortencia. “No, nada. Hasta el mero día que nos hablaron”.

En la Cuesta de las Cañas, Guatemala

Una parada en Quetzaltenango, ya en Guatemala, para comer y prepararse precedió a los últimos 45 kilómetros del viaje antes de llegar a Antigua, donde participarían en el Festival de Santiago Apóstol.

Viajaban emocionados, contando chistes para ocultar el nerviosismo del inicio de sus presentaciones internacionales, las mujeres se maquillaban, los jóvenes se aseguraban de cuidar hasta el último detalle, algunos dormían.

Eran aproximadamente las 6 de la tarde, empezaba a caer el anochecer y llegaban a la Cuesta de las Cañas, en el kilómetro 43.5 de la carretera al occidente de la capital guatemalteca. “Alcancé a ver un letrero que decía ‘frene con motor’”, empieza a relatar Carolina Urenda. “Yo vi que iba fallando el freno del camión”.

Con voz queda, contó a Net que vio al conductor del camión y su auxiliar tratar de maniobrar para disminuir la velocidad, pero la unidad iba de bajada y ganaba aceleración, se acercaba una curva; a la izquierda la montaña, a la derecha un precipicio de más de 50 metros y al frente un muro de contención.

“Tuve la oportunidad de decirle a todos los alumnos que se agarraran, que se agarraran del camión porque íbamos a tener un accidente”, recuerda. Le dijo a su esposo, el director del CBTIS, Adolfo Cardona lo que sucedía, y éste maniobró con dos de sus hijos, los lanzó a los árboles con el camión en movimiento. Su otra hija, Cristal, iba por la parte media de la unidad. “Me agarré de los tubos, mi esposo se quedó con dos niños y mi niña la mayor iba en medio, pensé ‘para qué me la traigo al frente, tiene más probabilidades de vivir”, dice con una trágica ironía pues su hija, Cristal, de 8 años, no sobrevivió.

Vicente Correa, uno de los Makahui, se despertó con el olor a llanta quemada y dijo “huele a quemado” en varias ocasiones, recoge una nota periodística de 1992, y después escuchó: “¡Nos quedamos sin frenos! ¡Agárrense, agárrense!”.

El camión se precipitaba hacia el muro de concreto.

“De repente todo se puso negro”

Susana Córdova estuvo ahí a sus 17 años y en su momento declaró a los medios que no recuerda prácticamente ninguna imagen de lo sucedido, puros sonidos y sensaciones. “Todos estos 25 años siempre me he acordado de lo que sentí, de lo que dije, de lo que oí, pero no de lo que vi, todos mis recuerdos han sido en negro. Nunca perdí el conocimiento pero no recuerdo de lo que vi”, se excusa.

Sobrevivientes contaron que el camión dio varias vueltas antes de impactarse contra el suelo y Susana entonces oyó gemidos y lamentos de sus compañeros, recuerda a su profesor Salvador Estrada, a quien dicen a la fecha “Chava”, de cariño, que les pedía calma.

“(Nos decía) que los que podían andar fuera del camión vieran la forma de ayudar a los demás (…) él no podía moverse. Yo le gritaba a mis dos mejores amigas y no me contestaban”.

El grupo Makahui no llega a Antigua

Medios locales guatemaltecos relatan que donde esperaban al ballet folklórico Makahui se empezaron a preocupar por la tardanza de éste, y recogen también que automovilistas que pasaban por la misma carretera donde se desbarrancó el camión únicamente vieron una gran columna de polvo, por lo que avisaron a las autoridades.
Fueron soldados y bomberos quienes ayudaron a las primeras labores de rescate, el panorama era desalentador y con las primeras informaciones sobre la procedencia del camión y quiénes eran los pasajeros comenzó a regarse, como pólvora, la noticia en Guatemala y en México, pero sobre todo en Ciudad Juárez.

Tocan las puertas de las casas, suena el teléfono en las salas

“Eran como las 7 de la tarde y sentí cómo me dolió el corazón”, dice Ana Montelongo al explicar un terrible presentimiento al anochecer de aquel 19 de julio de 1992.

El teléfono en casa de los Malanche sonó, y Lorenzo, hermano de Valentín, “como que sintió algo, como que quería y no quería contestar”, comparte Hortencia.

En la vivienda de la familia de Bárbara tocaron la puerta y una vecina prorrumpió en disculpas pues llevaba espantosas noticias. “Perdóneme por lo que le voy a decir. Bárbara tuvo un accidente, los muchachos tuvieron un accidente”.

Desde entrada la noche del domingo, 19 de julio, y durante los siguientes días todo fue primero incertidumbre, y después un dolor indescriptible no sólo para las familias de las víctimas del accidente, sino también para los alumnos del CBTIS 114 y toda una comunidad que no podía creer que sus jóvenes, su más reciente orgullo, su campeón nacional de danza folklórica, encontrara tan trágico destino.
Las instalaciones de la preparatoria se convirtieron en sede de confusiones y llanto, llegaban listas y más listas, con nombres de heridos, con identidad de fallecidos y al día siguiente el terrible resultado: 24 miembros de Makahui habían perdido la vida.
Las víctimas: José Barraza, Héctor Hernández, Valentín Malanche, César de la Rosa, Alejandro Luna, Jorge Martínez, Jorge Arias, César Apodaca, Víctor Montelongo, Víctor Escobar, Aracely y Cecilia Regalado, Adriana Márquez, Sonia Guzmán, Lilia Aracely Arellano, Ana Luisa Loya, Bárbara Delgadillo, Griselda González, Jesús Lee y el profesor Francisco “Choco” Cisneros.
Además de Adolfo Cardona, entonces director del plantel, su hija Cristal, Alejandro Padilla y Carlos Aguilar, los choferes.
Doce de los dieciséis heridos fueron trasladados de inmediato hasta Ciudad Juárez en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana. Cuatro se quedaron en hospitales guatemaltecos debido a la gravedad de las lesiones. Los cuerpos llegaron después.
En Ciudad Juárez una muchedumbre se unió en solidaridad con los dolientes, y un impresionante cortejo fúnebre, con 23 carrozas al frente, cada una de ellas con un cuerpo, los llevó del Aeropuerto Internacional Abraham González hasta el Centro de Comercio Exterior, actual Academia de la Policía Municipal.
En medio de tanta confusión, María Isidra se enteró hasta ese momento del destino de su hija Bárbara.
“Mi hija estaba casi enfrente de mí, yo no la veía, no la quería ver. Cuando vi que mi hija estaba ahí, pues ya, se me agotó la última esperanza de que estuviera viva”.
La familia del profesor “Choco”, decidió llevárselo a Chihuahua.

Los deudos, una nueva familia

Este accidente se guarda en los corazones de muchos juarenses, y los seres queridos de las víctimas se unieron en una nueva familia, así como eran los muchachos y como fueron en las generaciones venideras.
Entre ellos se conocen y se procuran, se saludan con alegría y llevan en la espalda el recuerdo de sus bailarines.
Guardan videos y fotografías como un gran tesoro, así como recortes de muchas de las notas periodísticas que se publicaron en el momento, y cuando las compartieron para la realización de este reportaje, fue como si las vieran por vez primera, había rostros de consternación y voces quebradas.
Los sobrevivientes llevan a sus compañeros siempre en la mente, explica Susana, quien señala que aunque el accidente marcó un antes y un después en su vida, sus amigos siguen con ella.
Las autoridades del CBTIS 114 inauguraron la Plaza Cívica Makahui poco tiempo después, en cuyo perímetro, colocadas en media luna, cual coreografía, se erigen 24 fuentes con una placa cada una que lleva el nombre de esas 24 víctimas.
Los jóvenes descansan en el panteón Jardines Eternos, todos juntos en una tumba que lleva todos sus nombres y en el centro un medallón que representa su gran pasión por la danza.
El profesor, Salvador Estrada, quien también sobrevivió, declaró un año después del accidente: “De un total de 40 elementos sólo quedamos 18, pero volveremos a levantar al grupo”.
Y así se hizo.
Desde entonces el grupo Makahui fue sinónimo de excelencia, y hasta la salida de Chava al frente del mismo, en 2009, ganó alrededor de 8 campeonatos nacionales, a los que se incluyen múltiples preseas a los miembros como “mejor bailarín” o bailarina.
Las polkas de Chihuahua son su especialidad, pero Makahui siempre contó con un amplio repertorio de cuadros representativos de los diferentes estados de la República y así también con una sala llena de vestuarios qué lucir para disfrute de todo tipo de espectadores.
Makahui siguió viajando, aún lo hace a la fecha.
A 25 años de la tragedia, la familia de esos bailarines que se adelantaron en el camino mientras hacían lo que más amaban, pide a la comunidad que no se olvide de ellos, a los padres que apoyen a sus hijos si éstos desean bailar y elevan oraciones al cielo, donde seguramente ellos les escuchan.

Eventos

XXV Festival Luctuoso Makahui

CBTIS 114

Viernes 14 de Julio, 7:00 PM
Entrada Libre

Misa XXV aniversario luctuoso makahui

Panteón Jardines Eternos

Miércoles 19 de Julio, 9:00 AM
Entrada Libre