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Guadalupe y Agustín

Por: Manolo de la Laguna | 02 de abril, 2018 - 06:28 | Opinión |

Diana, diana, chih, chin, chih, los zapatos de Agustín, se los puso er chapulín; esta tonadilla la cantábamos, cuando estábamos "asinita" o sea pequeñuelos y de seguro lectora (or) amable, estarás pensando que  los nombres que encabezan er texto de esta tu columna BARRERA DE SOL, se refieren al duranguense José Miguel  Ramón Adaucto Fernández y Félix, mejor conocido en la historia patria, simplemente como Guadalupe Victoria, Primer Presidente de México y al michoacano Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, mejor conocido en la misma historia patria, simplemente como Agustín de Iturbide, Consumador de la Independencia y Emperador de México.

Si así fuere, debo deciros lectora (or), que os habéis equivocao, pues nos referimos a la gran cantante mexicana Lupita Palomera y al gran compositor mexicano Agustín Lara, autor de una vieja canción que pocos recordarán y que se llama: Adiós Nicanor, sé muy bien que no has de volver, sé muy bien que tu amor es para otra mujer... y esta tonadilla, que fue éxito de la Palomera, nos lleva ar tema taurino al querer o no.

Pues nuestro personaje de esta semana, gracias a la canción de Lara, es un torero maño, de la tierra donde se bailan las alegres jotas aragonesas; es un torero que incluso su niñez la pasó en este México nuestro, donde se vistió de luces por primera vez, para actuar como novillero, en la tierra del Gran Conín, en la tierra de la peña de Bernal, Querétaro de Santiago.

La Revolución Mexicana, hizo salir del país a la familia de este torero, no sin antes haber conocido a los hermanos Zapata, al centauro del Norte Pancho Villa y ser compañero de escuela de Rodolfo Gaona y Juan Silveti; se radicaron en Cuba y de allí, el novillero regresó a España, donde continuó su oficio de lidiador de reses bravas, siendo un torero querido por la afición hispana y un excelente estoqueador, al grado que un periodista de aquellos lares, le dedicó una jota. En la iglesia del Pilar, en la cúpula más alta, pondré un letrero que diga: ¡Viva Villalta!

Se trata ni más ni menos que de Nicanor Villalta y Ferrés, quien al término de su periplo taurino, había cortao en la plaza de Madrí: 52 orejas 52 y 3 rabos 3, hazaña taurina que hasta la fecha, "naide" ha lograo igualar y como ya no hay toreros de esa talla, pues la cifra quedó, salvo opinión en contrario, únicamente para la historia y estadística taurina. Vale.   

Barrera de sol

Por Manolo de la Laguna