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Acoso

Por: Alejandro Velasco | 05 de marzo, 2018 - 03:15 | Opinión |

Actualmente se insiste en la necesidad de que termine el acoso, el cual se refiere a una acción o conducta que implica generar una incomodidad o molestia en el otro, mismo que desafortunadamente se ha convertido en una práctica tan común que algunas personas lo ven como algo normal, que ocurre dentro de la dinámica de la interacción en distintos espacios, cosa completamente errónea y de hecho, el que recibe el acoso es quien determina si lo es o no, así que el acoso es a completa interpretación del ofendido, por ende el alegar que alguien hizo una mala interpretación a una expresión, no es válido, es decir, el que alguien afirme que nunca tuvo la pretensión de ofender con sus palabras o acciones a una persona, no es aceptable, por ejemplo, Joaquín Treviño Dávila, quien fue destituido de su cargo como integrante del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Local Anticorrupción, luego de hacer comentarios homofóbicos, no puede justificar tal conducta, simplemente diciendo que nunca quiso ofender a nadie y que esa es su forma de hablar, pero si así fuera es inaceptable que alguien a quien se le encomendaría una responsabilidad tan alta, se exprese de forma tan ofensiva y menos aún que piense que sus palabras no ofenden.

Sin embargo también es necesario mencionar que en el tema del acoso, todos tenemos responsabilidad, ya que resultaría muy cómodo simplemente buscar alguien a quien pasarle esa culpa, pues al final de cuentas terminaríamos igual o de plano seria la autoridad, como es el caso, quien intervendría en un asunto en el que la propia sociedad puede y debe intervenir.

Lo malo es que si la autoridad interviene de inmediato habrá grupos que se quejarán por, por ejemplo, sentir que se limitan los derechos de la población, uno de ellos sería la libertad de expresión, al no permitir ciertas expresiones en los contenidos de programas en los diversos medios que tenemos hoy en día o en la música, sobre todo porque últimamente, las letras de las canciones están cargadas de palabras agresivas, sexistas, machistas, misóginas y hasta homofóbicas, y aunque exista cierta regulación, quien gusta de ese tipo de música se queja porque no puede ejercer ese derecho a elegir lo que escucha o ve; pero por otro lado también se queja de la violencia en las calles tanto física como verbal, sin percatarse de que posiblemente después de lamentarse de eso, escuchara música con letras agresivas o se dispondrá a ver su serie favorita que habla de las hazañas de un narcotraficante famoso y muy posiblemente hasta se haga acompañar de sus hijos pequeños, mismos que no tienen el criterio suficiente como para entender que se trata de una historia que no debe influir para nada en la conducta del individuo.

Como padres de familia debemos inculcar a los hijos la cultura del respeto en general, como anteriormente lo hicieron con nosotros, de esa forma no tendremos problemas por llamadas de atención hacia nuestros seres queridos ya que se conducirán de forma adecuada o al menos las bases las traerán y ya será su decisión si las aplica o no.

En concreto lo que debemos entender es que la solución al problema del acoso está en manos de todos y no de unos cuantos, ya que en la medida en que todos aportemos nuestro granito de arena las cosas cambiarán para nuestro propio beneficio y esa debería de ser la idea…