12.8°C / 55.1°F
$18.20 - $19.20

Editorial

Por: Redacción | 22 de octubre, 2017 - 00:10 | La_Neta |
Net Noticias

“… Y comprendí que la guerra era la paz del futuro. “ Estas palabras estaban inmersas  en la canción 'El Elegido' compuesta en los 70's por Silvio Rodríguez.

En su tiempo nos parecían poéticas, ahora sentimos que fueron escalofriantemente proféticas.

Ahora que estamos instalados en el futuro de aquel tiempo, vemos como, irremediablemente la guerra ha invadido todos los espacios públicos.

El 75 % de los mexicanos, según datos del Inegi, nos sentimos inseguros en cualquier parte: en la casa, en el trabajo, en la calle, en los centros de entretenimiento, etc.

La cultura de vida se ha convertido en una cultura de la muerte.

El entretenimiento que genera mayores dividendos para sus productores es aquel que tiene que ver con la violencia, la muerte y la destrucción.

Analice usted las películas de mayor éxito, los espectáculos más populares,  los videojuegos más vendidos o los programas mas vistos.

Pretenden que vivamos aterrorizados, adormecidos, encerrados, transformados en seres de consumo solamente.

Mientras ellos se apropian de todo, dirigen la política, manipulan la economía, explotan los recursos, se adueñan de todo.

Primero fue la “guerra por la libertad” y acabamos todos sometidos, luego la “guerra contra el terrorismo” y todos estamos  aterrorizados; ahora es el tiempo de la “guerra contra las drogas” y lo que se está logrando es que cada vez hay más consumidores.

Los valores invertidos.  Los países desdibujados. Los estados nacionales derruidos. Y los pocos que pretenden todavía defender su soberanía, acosados y amenazados con ser aplastados también.

Estamos inmersos en un gran cataclismo social que no percibimos en toda su magnitud devastadora, pues no es resultado de la evolución natural de la humanidad.

Y por lo que alcanzamos a vislumbrar, no tiene nada que ver con todos los valores que la humanidad ha venido forjando a lo largo de su historia.

El derecho a la vida,  al trabajo, a la educación, a la salud, a tener un patrimonio; en fin, todo lo que en las leyes está consagrado pero que el estado blandengue ya no tiene ni siquiera el poder de garantizar.

El Contrato Social está llegando a su fin y no atinamos a encontrar una nueva fórmula.