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Fraccionamientos cerrados.

Por: Alejandro Velasco | 25 de julio, 2017 - 03:15 | Opinión |

Los años en que los niveles de violencia en la ciudad fueron más agudos, aproximadamente entre 2008 a 2010, provocaron que los ciudadanos, al no tener garantías de que prevaleciera el estado de derecho, decidieron cerrar los accesos a su fraccionamiento o colonia, situación que provocó que la autoridad interviniera para que el mencionado cierre se diera dentro de la legalidad, para ello estableció una serie de reglas que se deberían de cumplir para autorizarlos, entre los que destacaban que la mayoría de los colonos del lugar estuvieran de acuerdo, así fue como decenas de calles se convirtieron de la noche a la mañana en calles por las que no se podía transitar a menos de que se tuviera la necesidad de visitar a alguien; de otra forma el acceso estaba completamente cerrado, ello propició que los desarrolladores de vivienda diseñaran fraccionamientos amurallados y con acceso controlado, lo que los convirtió en lugares altamente demandados, pues de alguna manera resultaba más difícil que algún delincuente ingresara a asaltar un domicilio o llevarse algún vehículo de esos lugares, por lo que resultaron altamente efectivos, y quienes compraron casa en esos lugares aceptaban las condiciones de restricción de ingreso además del pago por mantenerlo así, lo que implica una cuota mensual con la que se cubren los sueldos de los guardias y del mantenimiento que se debe dar a las rejas y sistema automatizado de puertas, cuando existen, hasta ahí no hay ningún problema, el inconveniente con este tipo de fraccionamientos surge cuando se integra un comité de vecinos que surge para cobrar las cuotas mensuales y llevar adecuadamente las cuentas y pagos que representan el tener un acceso restringido, además de hacer valer y respetar el reglamento interno de cada fraccionamiento, pero que en su afán por, aparentemente, salvaguardar los bienes y seguridad del resto de colonos, toman decisiones que no necesariamente son las más adecuadas.

Un caso concreto es el que está ocurriendo en el fraccionamiento, Jardines de San Carlos II, donde aparentemente sin tomar en cuenta a la mayoría de sus residentes, el comité de vecinos decidió que después de las 12 de la noche, nadie podrá recibir visita alguna por cuestiones de seguridad, a lo que de inmediato surgieron los reclamos pues esa debería ser una decisión de cada quien en particular, y donde nadie puede extralimitarse y prohibir de forma tajante los ingresos a cierta hora del día, por lo mismo se hace necesario que la autoridad intervenga, pues seguramente ninguna de las dos partes va a ceder en sus puntos de vista.

Obviamente que todos los colonos del lugar están de acuerdo con el acceso controlado, pero eso dista mucho de la decisión arbitraria y unilateral de prohibir las visitas después de cierta hora; imagine cuando se presente una emergencia de alguien que a altas horas de la noche va a buscar algún amigo o familiar y nada más por la hora ya no se le permita entrar; o simplemente si alguien decide tener un convivio o fiesta en su casa también va a tener problemas.

Otro inconveniente de  estos fraccionamientos lo representan los guardias que cuidan el ingreso, dado que carecen del más elemental criterio e incluso se convierten en jueces que de inmediato juzgan a los visitantes y les ponen etiquetas de sospechosos, y por lo mismo les complican más su entrada, aduciendo que ellos están para impedir que delincuentes ingresen y  afecten a los que ahí viven.

Y si nos ponemos exigentes sería bueno que existiera una forma de supervisar todo lo que se recauda en cuanto a cuotas por parte del comité de vecinos, pues en ocasiones son cantidades muy altas, cuando el gasto representa solo una parte de lo recaudado y como no le rinden cuentas a nadie, simplemente cuadran sus cuentas y lo que sobre, nadie sabe a dónde va a parar; y nadie lo sabe por qué los vecinos asumen que el trabajo se hace de buena fe y confían plenamente en su comité.

Así que el problema no es menor y menos porque pese a que se supone que en estos fraccionamientos cerrados se presta a que exista mayor convivencia entre sus ocupantes, la realidad parece que es todo lo contrario, pues no es la primera vez que se dan este tipo de conflictos, donde unos cuantos toman decisiones que le afectan a todos; definitivamente se requiere que seamos más responsables de lo que pasa a nuestro alrededor, para hacer nuestra parte y no solamente quejarnos cuando sentimos que nos perjudica una acción en particular, al menos esa es la idea.