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Cementerio nuclear de Samalayuca, el recuerdo de un desastre

Por: Valeria Goche | 17 de julio, 2017 - 10:12 | Revista |
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Ciudad Juárez.- El escándalo desatado en Ciudad Juárez entre 1983 y 1984 aún tiene eco este 2017, pues el “cementerio nuclear” de Samalayuca permanece en la mira internacional a través de una vigilancia multinacional, y la constante exigencia a autoridades mexicanas de información actualizada.

El director de Protección Civil de Ciudad Juárez, Efrén Matamoros Barraza, explica que la Comisión Nacional de Energía Nuclear y Salvaguardias (CNENS) realiza visitas periódicas a la zona, la última aproximadamente en 2015 y que organismos de otros países le piden a la misma reportes e informes sobre el estado del área.

“Vino la CNENS. Ellos vienen y nos solicitan el apoyo para ir al lugar a dar una inspección. Se hace el recorrido, traen su equipo, instrumentos, llevamos lo de nosotros y se detecta”, dice.

Señaló que en los años del desastre, la lectura superaba los 4 o 5 mil niveles de radiación.

“Hasta los trajes de quienes llevaron todo en los camiones los enterraron”, recuerda.

1984, Ciudad Juárez

“Lo más difícil fue que haya sido primera vez, no había protocolo ni procedimiento para hacer las cosas”.

Así recuerda Edmundo Orozco que fue la experiencia, luego de que una máquina de telemetría fuera desmantelada y su contenido radioactivo, una bomba de Cobalto 60, esparcido en varios puntos de la ciudad, principalmente en el Yonke Fénix.

El hombre, actualmente de 69 años, trabajaba en ese establecimiento cuando todo ocurrió, y hoy en día sigue en la empresa, que a raíz del incidente hubo de trasladarse a su ubicación actual, sobre la carretera Panamericana, y platica que entonces todo el terreno, en la Benemérito de las Américas, y equipo quedó clausurado.

Edmundo recuerda que en ese entonces el escándalo alcanzó niveles internacionales ya que, al no haber antecedentes de un incidente de este tipo en la ciudad, no había la experiencia para manejar la contingencia.

Por su parte, Matamoros Barraza añade que en su momento fue vaciado toda clase de material en el actual depósito, de unos 100 por 100 metros de extensión, desde los restos del metal contaminado, las varillas para construcción que se fabricaron, equipo del yonke que manejó los residuos y hasta la camioneta donde un incauto empleado transportó inicialmente la bomba de Cobalto 60.

Luego todo fue bañado con concreto y la zona restringida al público, en ese entonces las lecturas de niveles de radiación rebasaban los 5 mil, señaló Matamoros.

“Se enterraron sillas, camionetas, todo lo que estuvo en contacto, se hizo el agujero, se desechó, hasta concreto le pusieron por esa razón (la radiación). En un momento se manejaba que había gente que lo había desenterrarlo. No. Para desenterrarlo hay que quitar todo el cemento”, explica.

Fue en enero de 1984 cuando las alarmas saltaron, por casualidad, en Nuevo México, cuando un laboratorio detectó la presencia de radiación.

Una vez se informó a las autoridades en Ciudad Juárez, comenzó el escándalo y una serie de acciones focalizadas para contener la contaminación, que para entonces se había extendido debido a que el  Cobalto 60, contenido en una máquina de telemetría que hasta diciembre de 1983 había sido propiedad del Centro Médico de Especialidades, fue desmantelada sin las debidas precauciones.

Ese material se trasladó en una camioneta común hasta el citado Yonke, donde se vendió a fundidoras de metal, que ya lo habían convertido en varilla para construcción y ya se había vendido a constructoras de varios estados del país.

“Gente que compró de esa varilla les tiraron la casa, no sé si después hayan logrado recuperar algo”, apunta Edmundo.

A raíz de este incidente, el Yonke Fénix se convirtió en el primero, quizá de toda América Latina, en contar con detector de radiación, y de esta forma, todo el material que entra, permanece, y sale de sus patios está monitoreado, explica.

Actualmente, afirma que las grandes recicladoras tienen estos equipos, conocidos comúnmente como “portales”, además de otros portátiles, como el Contador Geiger, equipo con el que también cuenta la Dirección de Protección Civil.

Las circunstancias fueron las mejores capacitadoras, añade Edmundo, aunque él no es un inspector certificado, cuenta con mucha experiencia en el área de la detección de radiación, ha capacitado a otro personal, y comenta que actualmente sus servicios en la materia ya no son necesarios ante la existencia de más información y más capacitadores.

Ciudad Juárez está preparada

El titular de la dependencia municipal explicó que desde entonces hubo muchos movimientos en cuanto a reglamentos y protocolos, se ha procurado un mayor control en los equipos similares al que entonces fue desmantelado y las instituciones médicas deben seguir un riguroso procedimiento para desecharlos.

“Los que sacan rayos equis, o hasta los propios dentistas y todo, ya no pueden deshacerse de ellos (los equipos), aparte del riesgo, es una situación jurídico-legal para ellos”, apuntó.

El funcionario afirmó que existe un control muy cercano de parte de la Comisión Nacional de Energía Nuclear y Salvaguardias, y que para desechar equipo de ese tipo, debe haber comunicación directa con ellos para darle al material la disposición apropiada.

Señala que en la última revisión que se hizo del lugar, se inspeccionaron no sólo los aproximadamente 100 por 100 metros que constituyen el cercado donde se encuentra el depósito, sino que se hicieron lecturas en más de 500 metros a la redonda del mismo, para asegurarse de que ya no existe radiación peligrosa.

En su punto álgido, el sitio registraba muy altas lecturas, por arriba de los 4 o 5 mil niveles de radiación, pero Matamoros Barraza afirma que en la última inspección el aparato no arrojó más de 50, por lo que se considera que el área está sin riesgos.

Comentó, sin embargo, que será la CNENyS la que haga en su momento la declaratoria oficial, y el sitio continuará restringido hasta entonces.

Protección Civil actualmente tiene “dos aparatos y al personal capacitado para, en cuanto nos dan aviso de algo, nosotros vamos al lugar y sacamos la lectura que pudiera haber y nos hacemos cargo, y damos aviso inmediatamente a las autoridades para que nos hagan indicaciones”.

Finalmente, comentó que los reportes por presencia de radiación son muy poco comunes, pero en cualquier caso, y con la experiencia del Cobalto 60, las autoridades ya tienen un antecedente y la preparación para actuar si se volviera a presentar una contamiinación similar.