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Anagnórisis

Por: Humberto Leal Valenzuela | 19 de junio, 2017 - 05:24 | Opinión |

Quizá el título de este escrito le parezca un poco extraño o raro.  O a lo mejor se le haga bastante común, si usted se dedica al estudio de la literatura o, más particularmente, de la dramaturgia.

El concepto fue acuñado por Aristóteles hace mas de 2 mil 500 años, en un texto clásico denominado Poética. Que es el primero conocido por la humanidad que se propone desentrañar los misterios de la tragedia.

La anagnórisis se traduce como la revelación, y es el momento pleno en que el héroe trágico, sujeto de la acción, reconoce su identidad y las circunstancias que le rodean. Sean estas adversas o propicias.

El personaje se da cuenta del terreno que pisa y las posibilidades que tiene de superar su situación. Las decisiones que toma en este momento serán las que lo lleven a la destrucción o la sublimación.

La anagnórisis, con la toma de conciencia del personaje y la estrategia que siga a partir de ese momento, generalmente conduce al desenlace de la historia.

La realidad es que en nuestro país quienes viven en la felicidad divertida de la comedia son muy pocos. La gran mayoría de habitantes de nuestra nación nos debatimos en una constante tragedia día a día.

Algunos escritores como Abel Quezada o José Agustín la han denominado tragicomedia, por esa mezcla entre la tragedia que ocurre y ese humorismo y desparpajo con que el mexicano toma la realidad.

Comúnmente decimos de algunos hechos que “si no fueran tan trágicos serian cómicos”.

Y es que a veces, la tragedia esta tan cerca de la comedia como la exageración misma.

Cuando la tragedia se exagera produce la risa propia de los cómicos.

Creo que todos los mexicanos debemos tomar conciencia, individual o colectiva, de nuestra identidad y las posibilidades que tenemos de sublimarnos, porque la otra alternativa es ir a la destrucción.

Necesitamos la Anagnórisis en nuestra nación. Nos urge. Es un imperativo de sobrevivencia.

De todo esto trataremos en nuestras colaboraciones. Muchas gracias por su lectura.

Por Humberto Leal Valenzuela.

hlealva@hotmail.com