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"Doctores de la Risa", alegría para sanar el alma

Por: Valeria Goche | 13 de junio, 2017 - 18:56 | Revista |
Omar Pólito

Ciudad Juárez.- “Somos los locos que creen que la risa lo cura todo”, cita que no podría definir mejor a los Doctores de la Risa en Ciudad Juárez, quienes con sus narices rojas, batas blancas con grabados multicolor y contagiable entusiasmo llevan diversión, comprensión, y lo que haga falta, a quienes más lo necesitan. 

“Nariz a la Orden”, es el grupo de los Doctores de la Risa que radica en esta frontera, y sus casi 70 voluntarios visitan hospitales públicos, orfanatos y asilos de ancianos, y están coordinados por Fernando Guijarro.

Mejor conocido como el Doctor Maromas, Guijarro y su equipo han perdido toda (o casi) inhibición. Una carismática personalidad, pero sobre todo ganas y vocación de servir, son indispensables para ejercer esta “profesión social”.

Así, cualquiera puede ser doctor de la risa, pues señala que, en su caso, él es licenciado en contaduría pública, pero una grave experiencia personal, de la que prefirió no dar detalles, lo dejó con ganas de hacer algo para el mundo.

“Yo he recibido más de lo que he dado, esta labor me apasiona, me ha quitado traumas, hasta de hablar en público, de ser más extrovertido, de perderle el miedo a las cosas”.

Desde 16 hasta los 70 años es el rango de edades de los Doctores de la Risa que atienden a los pacientes en Juárez, quienes en cada visita brindan verdaderas inyecciones de esperanza, y para poder hacerlo, reciben constantes capacitaciones, explica el doctor.

Detalla que en estas preparaciones se explican reglas y códigos de ética de los hospitales y asilos que visitan, y se enseñan técnicas para tratar con todas las personas que visitan, ya sean niños, adolescentes, adultos o adultos mayores, para todos hay atención.

“En el grupo hay personas que tenemos desde los 16 años (…) y hay hasta de 70 años. Entonces, en las visitas, a la persona de la edad que te encuentres, voy a tener a alguien que sea afín”, apunta.

El Doctor Maromas entonces explica que ellos no son precisamente payasos.

“Un payaso trae un sketch, algo preparado, magia, malabares… nosotros trabajamos con la improvisación porque cada paciente es diferente, pero sí tratamos de acercarnos de una manera divertida”.

Pero también destaca que no todas las personas necesariamente buscan que se las haga reir, a veces necesitan ser escuchadas, necesitan un abrazo o tener a alguien cerca, ser acompañadas. En ocasiones la terapia también es para la familia del paciente internado.

Entonces interviene la Doctora Channel, voluntaria de “Nariz a la Orden”, quien narra una anécdota que vivió en la clínica 35 del Instituto Mexicano del Seguro Social.

“Una señora, ya muy grande, estaba toda entubada, acompañada por su hija. Y la señora estaba cansada, no hablaba, muy triste. Llegamos a platicar con la hija. Su mamá se llamaba Doña María.

Le dije ‘hola, guapa, ¿cómo está usted? ¡Vámonos al Salón México, vamos a bailar!’. Entonces abrió los ojos y le puse mambo y cha-cha-chá, y empezó a mover los hombros.

Su hija me dijo: ‘mi mamá no se movía’, y empezó a llorar de alegría

‘¡Mira a mi mamá!’. Empezamos a aplaudir y todo”.

La Doctora Channel dijo que Doña María estaba muy enferma, pero se dio el gusto de sentir la música, de escucharla y de bailarla, “fue muy bonito”.

En el caso de los Asilos, el Doctor Maromas detalla que en ese tipo de establecimientos, un simple globo puede hacer toda la diferencia.

“Se oye como raro, pero como no pueden caminar o están sentados, los ponemos a jugar al globo entre ellos sentados, a que no se les caiga, y uno está en medio, son cosas sencillas”, explica.

Y aunque dice que en muchas ocasiones lo que los adultos mayores quieren es que los escuchen, tratan de poner un ambiente alegre y ponerles música para bailar, a quienes pueden.

Señala, divertido, que como la gran mayoría de los voluntarios son mujeres, los señores se ponen a bailar con ellas y no quieren dejar de hacerlo, pero es parte de la técnica, devolverlos a la época donde eran felices.

“Los transportamos a donde eran felices, cuando estaban contentos (…) en su época les tocó más baile”, acotó.

Sobre esta curiosidad, de que el 90% de los voluntarios son mujeres, el doctor Maromas explicó que para los hombres es más difícil superar el “ridículo” en el que los quieren poner sus amistades o familiares.

“Esta labor se presta para que sea como más maternal, de mujer, y en un hombre, yo te lo digo al principio era muy ‘buleado’ por los amigos, del tipo ‘a ver payasito, hazme reir’. El hombre no tiene tanta afinidad”, reconoce.

Pero dice que, en su caso, luego de siete años de permanecer en la profesión humanitaria, ha sido de más valor el agradecimiento de toda la gente y el dejar huella en las personas, que lo que se pudieran haber burlado de él.

“Lo que me refuerza, es más bien ver la sonrisa de las personas cada vez que vamos a las visitas, la entrega de los pacientes. (…) Esa esperanza que ponen en ti cada que entras al hospital, ese es mi motor”, comentó.

Otra cosa que define a muchos doctores de la risa, es que han vivido experiencias traumáticas, varias de las voluntarias son sobrevivientes de cáncer, personas que habían desahuciado y “por un milagro” vivieron, y es por ello que tienen la ideología de regresarle a la vida algo que les dio.

“Ser un doctor de la risa no es un compromiso contigo mismo. Es un compromiso con la humanidad, porque la humanidad te está esperando”, concluyó.