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Cultura fiscal

Por: Alejandro Velasco | 09 de mayo, 2017 - 03:15 | Opinión |

Según el titular de la Secretaria de Hacienda y Crédito Publico, SHCP, José Antonio Meade Curibreña, las personas que realizaron su declaración anual 2016, recibieron un promedio de 8 mil pesos cada una y refiere que hasta el 5 de mayo de este 2017 quienes cumplieron con su declaración; 2 millones 96 mil personas físicas, han recibido un saldo a favor, lo que representa 17 mil 351 millones de pesos, además de que aún no concluye el proceso de devolución de saldos a favor a los contribuyentes.

Así mismo afirmó que de cada 10 contribuyentes que presentaron su declaración, 8 resultaron con saldo a favor.

Y es que más de 4 millones 600 mil personas presentaron su declaración anual 2016, lo que representa un incremento del 13% con respecto al año anterior. De la mencionada cantidad casi dos millones 500 mil declaraciones, correspondieron a personas asalariadas lo que representó 38% más que el año previo, estos números muy posiblemente tengan su origen en las intensas campañas de promoción, por parte del Servicio de Administración Tributaria, SAT, en los que casi se aseguraba que quien realizara su declaración anual, recibiría una devolución de dinero, cosa que según la mencionada institución resultó cierto en el 80% de los casos.

Y aunque todavía en nuestro país no tenemos muy arraigada la cultura de solicitar o entregar comprobantes fiscales, esta tendencia de presentar declaración muy posiblemente la detone, pues todos los gastos se deben demostrar precisamente con estos recibos o facturas, en caso contrario no hay manera de comprobarlos ante Hacienda, por lo mismo muy seguramente dentro de poco tiempo, toda persona que genere ingresos deberá estar dado de alta ente la autoridad fiscal y entregar factura o recibo que sea válido.

Lo malo es que aún nos topamos con mucha gente e inclusive pequeños negocios que se niegan a entregar este tipo de comprobantes, pese a que se supone, que todo establecimiento para poder operar debe contar con la anuencia de Hacienda, pero lo más increíble es que algunos de estos negocios están instalados en centros comerciales lo que los pone a la vista de todos, incluidos los empleados del SAT, sin embargo esto parece no importarles y “sin tantita pena” como diría el Potrillo, Alejandro Fernández, cuando un cliente pide factura de comprobación fiscal, simplemente  le dicen que ellos no entregan ese tipo de recibos y si acaso una nota simple que indique la compra que realizaron, pero de ahí en más, nada de nada.

Por eso es necesario que el consumidor haga presión y decida no comprar o contratar los servicios de alguien que no entrega factura, pues al final de cuenta, en el corto plazo la declaración anual será obligación de la mayoría de los empleados que ganen más de un salario mínimo y entre más gastos se comprueben, menores serán los impuestos que se esté obligado a saldar ante la autoridad tributaria.

Definitivamente tendremos que cambiar nuestra forma de hacer transacciones comerciales, pues a nadie conviene no recibir el comprobante correspondiente por un desembolso.

También es de llamar la atención como muchos prestadores de servicios, sencillamente dicen que no entregan factura o recibo y aun así todavía hay quien los contrate, pese a que este tipo de prácticas les perjudican de forma importante.

También no se puede entender como en la frontera, mucha gente insiste en comprar en Estados Unidos cuando lo adquirido allá, todavía es más difícil que lo pueda presentar como gasto y reducir de su base tributaria, a menos de que lo declare el momento de cruzar de regreso a México, lo que le representaría el pago de aranceles, por lo que al final de cuentas no es conveniente y muy probablemente le resulte igual que si lo hubiera comprado en nuestro país; este caso se repite con las gasolinas, ya que el combustible es un gasto que bien se puede declarar, mismo que se traduciría en un saldo a favor mucho mayor al momento de realizar la declaración.

En fin, todavía nos falta mucho en materia de cultura fiscal, pero en algún momento comenzaremos a aprender por nosotros mismos, qué es lo que más nos conviene, al menos esa es la idea.