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Religión y política

Por: Héctor Molinar | 14 de abril, 2017 - 06:26 | Opinión |

La transformación del derecho que hemos tenido desde que México es independiente, sin duda refleja la calidad de vida que hemos tenido en más de doscientos años. En el Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, hemos constatado más de setecientas reformas y modificaciones en los 136 artículos que establecen la forma de gobierno y la libertad que nos otorga como gobernados. Antes de la del Constituyente del 17, tuvimos las “Leyes de Reforma”, que el ilustre masón Benito Juárez expidió, separando a la iglesia católica del Estado. No obstante que logró su profesión y superación por un sacerdote que lo apoyó.

La política y la religión difícilmente pueden transitar por el mismo camino. Pero lo cierto es, que los políticos sí se aprovechan de la religión para lograr sus objetivos. La perversidad del ser humano ha sido tal, que creyéndose Dios, prefiere alimentar su ego y difiere de la naturaleza misma que lo concibió. La transformación del derecho ha tenido que ajustarse a caprichos sociales y políticos, imponiendo normas -en algunos casos-, para satisfacer intereses colectivos de grupos de poder, o para maniobrar apegados a la comercialización de vidas humanas.

Así como el célebre Benito Juárez tuvo la osadía de imponer su ley cuando fue Jefe del ejecutivo, hoy en día se realiza todavía por el Poder Ejecutivo, pero controlando el mando máximo de la justicia. La Suprema Corte de Justicia de la Nación, en algunos casos difiere del estado democrático y acata órdenes para establecer jurisprudencia apoyándose en los derechos humanos. Derechos humanos interpretados desde la cúpula del poder, por los grupos poderosos que dominan en el mundo, y no precisamente por sus bondades y buenas intenciones, sino todo lo contrario.

Si nos remitimos al pasado, encontraremos definiciones jurídicas sobre la mujer en cuanto a su virginidad, castidad y honestidad. Los Ministros de la Corte se encargaron de definir a la mujer “casta y honesta”. El comportamiento obligado ante la sociedad la limitaban hasta para tener amigos. Mientras abundaban los prostíbulos autorizados por los políticos en turno, los ministros condenaban a la mujer que era objeto de delitos sexuales. Pues la buena fama, la honestidad y la castidad eran presunción de su inocencia a prueba. También definieron en infinidad de tesis de jurisprudencia a la familia y el concepto de la misma, basados en la moda y en la presión social. El eje de la familia eran la madre y el padre, con derechos y obligaciones definidas para cada uno.

En cien años hemos cambiado y transformado la sociedad de acuerdo a los principios que establecen los políticos. La religión sigue firme en cuanto a sus valores y la interpretación sobre el comportamiento humano. Desde luego en cuanto a la doctrina. Toda vez que de los errores de la religión católica principalmente, se valen los enemigos del cristianismo para condenar en su contenido, lo que Dios establece como preceptos fundamentales de vida, para satisfacer las necesidades del ser humano. Afirman historiadores que Benito Juárez sentía repugnancia por los asuntos clericales y fue justamente donde se infiltró para lograr su profesión como Licenciado en Derecho.

Sin embargo la fe subsiste por los siglos de los siglos. La educación inculcada con bases sólidas en cuanto a las normas que rigen en la naturaleza creada por Dios, se sostienen con firmeza, a pesar de que durante cien años, -al menos en México-, han tratado de desvirtuar los grupos de poder que controlan la economía nacional. Grupos que controlan los políticos y el crimen organizado del que forman parte algunos de ellos. La ciencia del derecho que estudiamos los que ejercemos la abogacía, nos percatamos constantemente del ilegal uso del poder de los políticos, para poder equilibrar la balanza de la justicia a su favor. Legalizan lo ilegal y corrompen a la sociedad.

Palabras más, palabras menos, en los discursos políticos que utilizan a Dios para realizar actos de corrupción. El fraude se da desde el momento mismo que saben que mienten ante su gente. Que se aprovechan de la buena fe de millones de mexicanos que aman a sus familias y a Dios. Los mexicanos que trabajan honradamente, ausentes de malicia y que siguen dando a México la imagen tradicional de la familia unida para producir riqueza. Discursos y actos que desilusionan y empobrecen cada vez más la imagen pública: “Que el cielo bendiga a Chihuahua”. “Soy católico pero no impongo mis condiciones religiosas”. “Soy pecador estándar”. 

Por el Lic. Héctor Ramón Molinar Apodaca

Especialista en Gestión de Conflictos y Mediación

abogado@hectormolinar.com