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Narcocultura sigue vigente

Por: Valeria Goche | 10 de marzo, 2017 - 21:09 | Revista |
Octavio Romero

Ciudad Juárez.- A pesar del dolor sufrido, y de las profundas heridas que dejó la llamada “Guerra contra el narco”, pareciera que una parte de la sociedad juarense no aprendió la lección y la fecha sigue exaltando a las bandas criminales que arrancaron la vida de miles de juarenses.

Durante gran parte del sexenio de Felipe Calderón (2006-2012), en todo México se vivió una cruenta guerra frontal contra los cárteles de las drogas y además de las decenas de miles de muertos (más de 60 mil y de ellos unos 11 mil sólo en Ciudad Juárez), quedó en la sociedad local una huella que siete años después sigue visible: la narcocultura.

NetNoticias entrevistó recientemente a Claudia Campillo, coordinadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quien aseguró que los jóvenes todavía siguen la vida de los narcotraficantes y los ven como un ejemplo a seguir.

-Mucha gente que abajó, unos encapuchados.

-Y que luego sacaron un cuerpo y quedó desmadrado.

-No, primero le dieron con la pistola, luego se les acabó la carga y sacaron la ametralladora y empezaron a dispararle al vidrio de enfrente.

-Lo bueno es que no le dieron un balazo al tanque de la gasolina, sino hubiera explotado.

-Dirás tú, van por uno y ya. Pero no, tiran a lo menso.

-Sí, y les dan a todos.

-Así mataron a mi tío, andaba caminando e iba ‘pa la iglesia y le dieron. Con su misma sangre se ahogó…

 

Así quedó recogido el testimonio de un grupo de tres niños, en el documental independiente “Narco Cultura” de Parts & Labor, Shaul Schwarz (2013), quienes de lejos presenciaban la escena de uno de los miles de crímenes violentos que tuvieron lugar en las colonias de Ciudad Juárez y, como ellos, miles de niños no solamente vieron cómo ejecutaban a desconocidos, pues se estima que unos 12 mil presenciaron alguna muerte a manos del crimen organizado.

Jorge, de seis años, estaba ahorrando en su alcancía para comprar un “cuerno de chivo” (fusil de alto poder) con el cual matar a los asesinos de su papá, relató en su momento la psicóloga que atendió a unos pocos de estos niños afectados directamente por la ola de violencia, y en este sentido, el entonces visitador de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, Gustavo de la Rosa Hickerson, dijo que el odio y deseo de venganza que en ese momento presentaban los menores, después podía convertirse en repudio contra el Estado (gobierno) que “permitió que los mataran”.

Esta matanza, que las autoridades se empeñaron en asegurar era entre los propios grupos criminales, trajo consigo los populares narco corridos, composiciones musicales en estilo de rima que glorifican la figura del delincuente, quien con tal arma, en tal ciudad o rancho de Chihuahua o Sinaloa, entre otros, mató a uno o a diez, para luego regodearse en su “hazaña” rodeado de los lujos, drogas y mujeres que consiguió gracias a ese trabajo.

Los narco corridos fueron prohibidos en Chihuahua en el 2015 y diversas legislaciones han tratado de sancionarlos ya que son una clara apología del delito.

Aún así, no es difícil conseguir discos piratas que contienen todo este material sin ningún tipo de censura y las autoridades sólo se pueden limitar a evitar que haya conciertos públicos que contengan este tipo de temas.

En este ambiente han crecido durante años los niños juarenses y aunque pudiera parecer que la tormenta ya terminó, el criminólogo y académico de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), Óscar Máynez Grijalba, asegura que tan sólo estamos frente a una “normalización” de la actividad criminal, pues en Juárez “no se podía mantener el ritmo de 3 mil muertos al año (2010)”.

Coincidió en ello el también criminólogo Antonio Gómez, quien señaló que la guerra en Juárez no ha terminado y, de forma paralela, sus consecuencias tampoco.

“Todos estos jóvenes que están inmersos en la narco cultura, no nacieron ayer en la narco cultura, ha sido un proceso que aquí, con esa guerra fatídica que tuvimos, todavía las secuelas no se terminan”, advirtió.

Sobre las consecuencias, dijo son para vivirse durante 25 años, y podrían repetirse en un ciclo si las autoridades en conjunto con empresarios y sociedad civil no trabajan para resolverlas.

Encuadró la problemática en cinco factores principales:

  • Falta de empleo o empleo precario (bajo sueldo)
  • Falta de vivienda adecuada
  • Consumo de drogas
  • Maltrato infantil
  • Bajo nivel de formación

Sobre el primer punto, dijo que las autoridades están tratando de imitar de forma muy burda el modelo americano, donde la iniciativa privada es el brazo derecho del gobierno para “aparentemente darle seguridad a todos los habitantes”.

Sin embargo, en Juárez, aunque sí hay programas donde se involucran Estado y empresarios, en realidad lo que logran es marginar al sector vulnerable a través de un documento: la carta de no antecedentes penales.

El documento tiene una vigencia de seis meses, pero si el empresario así lo quiere, puede pedirla con no más de tres meses de antigüedad, o dos semanas, no importa.

Con ello, advirtió, lo que logran es marginar al jóven que busca oportunidades, en el caso de aquellos con historia de haber ingresado a un penal, y coartan la posibilidad de conseguir empleo de otros juarenses más que no cumplen con el requisito impuesto por las empresas y pareciera que las autoridades no piensan eliminar de forma práctica.

“Tenemos población joven con muy pocas posibilidades económicas (…), existen modelos atractivos a los jóvenes (dentro del crimen organizado) sobre todo cuando no hay oportunidades económicas. El joven trata de ocupar un espacio en la sociedad, que debe estar diseñada para abrir los espacios”, continuó el académico de la UACJ.

Señaló que esta falta de oportunidades, genera jóvenes que se sienten rechazados y buscan subculturas alternas para tratar de ocupar un lugar.

 “Estás arriesgando a que entres al bote y ya no salgas, o que te entierren ¿sabes cómo?”.

Un joven de 20 años, que desde los 14 se involucró con grupos de venta y tráfico de drogas en Ciudad Juárez, y a quien denominaremos Iker (como seudónimo, para resguardar su identidad), así describió que es meterse al negocio, al cual él entró para poder sustentar a su familia.

“Somos muchos en la casa y no hay qué comer, o no hay gas. Necesidades, necesidades en la casa, más bien con la familia, eso fue”, dijo en entrevista para NetNoticias.

Y aunque hay casos como él, a quien la necesidad orilló a vender drogas al menudeo, hay otros en los que, desde niños, los jóvenes quieren ser “alguien” dentro de esos grupos, quieren ser líderes en lo ilegal, e incluso convertirse en grandes figuras delictivas como “El Chapo” Guzmán.

La televisión, la música, las amistades, padres demasiado ocupados y atención de las autoridades con un enfoque más político que social, están generando un círculo vicioso en el que los jóvenes están más vulnerables a involucrarse con la delincuencia.

“Ya hastaba harto de trabajar mucho por poco, y más porque estaba chavo, menos feria me daban”, con los grupos criminales, era “haz esto, haz lo otro, ves la forma de hacer las cosas fáciles y sacar feria”, continúa Iker, y señala que cuando trabajaba para ayudar en trabajos de albañilería, por ejemplo, ganaba 700 o 900 pesos por semana, pero, cuando se metió a trabajar vendiendo drogas, o haciendo “trabajos”, obtenía en un día hasta 8 mil pesos.

Iker ha perdido a unos cinco miembros del mismo grupo al que perteneció, todos asesinados “por querer tener más de lo que uno puede”.

“Uno gana, gana y gana y así lo gasta, en las mismas drogas, en cotorrear, en el mismo desmadre, no te queda o no guardas o administras para la familia. Así como lo agarras así se va”, explica y asegura que así es 9 de cada 10 casos.

Máynez Grijalba añadió que muchas veces para los jóvenes “no hay más” que esta subcultura para desarrollarse y pertenecer, ya que Ciudad Juárez carece de mucho soporte social para los niños y para ellos, le faltan escuelas, guarderías, programas para después de la escuela y modelos, ejemplos de jóvenes que se esforzaron y salieron adelante sin el crimen.

“Desgraciadamente a veces no les queda de otra porque la misma zona donde viven los obliga, es la única estrategia de sobrevivencia que conocen”, dijo.

Y a pesar de que es bien sabido y recomendado por los expertos, el hecho de que es más económico para un Estado prevenir el delito que procesar a un delincuente, no hay un modelo sólido de prevención en la sociedad mexicana.

Ambos criminólogos coinciden en que los programas tienen vigencia política, pues cada 3 ó 6 años se renueva todo, se renuevan las policías, los programas y así no se permite generar un frente profesional para combatir al crimen organizado.

“No tenemos programas a largo plazo, cambian directores, estrategas, se pierden recursos”, acusó Maynez.

Y todo ello, de la mano de la corrupción, genera un sistema de prevención y atención a niños y jóvenes por demás deficiente, sobre todo para una ciudad como Juárez, que vivió una ola de muerte comparable a la de la guerra en medio oriente.

Gómez dijo a su vez que el estrés postraumático de esa guerra contra el narcotráfico debe ser tratado con esos niños ya inmersos en la narcocultura, sin embargo consideró que tomando en cuenta el modelo que están tomando las autoridades en conjunto con los empresarios, pues finalmente el primer cambio que se ve en una sociedad es económico, hay un panorama muy poco alentador.

 “Ahora que se está dando como modas, más fama a todo eso, ya en las teles ya no hay pinchis… ya no hay ídolos a seguir como el hombre araña, o cosas así. Ya es más bien que el Chapo, que el narco aquí, que el cártel de allá, las canciones están relacionadas con los cárteles, todo es en relación al crimen organizado”, consideró Iker.

Antonio Gómez señaló que si las autoridades tuvieran un interés y voluntad reales para solucionar la problemática, atacando los citados factores fundamentales, podrían acabarse las secuelas de la narcoguerra en Ciudad Juárez en apenas 12 años.

“No se les puede echar la culpa a los jóvenes porque no les queda otra opción”, sentenció a su vez Maynez Grijalba.