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Legalización o combate a la droga: eterna discusión, urgente decisión.

Por: Luis Carlos Ortega | 08 de marzo, 2017 - 05:49 | Opinión |

Las autoridades en materia de salud de Ciudad Juárez deberían considerar cambiar el enfoque con el que tradicionalmente vienen atendiendo el fenómeno de la drogadicción en la localidad, basada hoy en día en conceptos que resultan prejuiciosos, satanizantes y contraproducentes, al dejar de lado aspectos que desde hace tiempo son utilizados con éxito en otros países.

De acuerdo a los criterios de apertura el consumo de drogas requiere de una visión centrada en el control y la supervisión antes que en la erradicación, práctica esta última que corresponde a la visión norteamericana, que desde hace muchos años seguimos prácticamente al pie de la letra.

En Juárez existen hoy en día varias organizaciones que están usando el modelo de Cáritas basado en una visión diferente de supervisión y de regulación de carácter sociocultural, organizaciones que están empujando en aspectos formativos de modo que esto “parece ir modificando” en parte la forma de ver y de intervenir al respecto.

A nivel mundial hay un cada vez más creciente coro de voces críticas de países como Alemania que han presionado para que en los foros de análisis se incluya el tema de “la reducción de daños” como parte de la visión que corresponde a la política mundial de drogas.

Las organizaciones que comparten esta visión llevan años tratando de acomodarla en la agenda mundial donde sigue teniendo mucha fuerza la visión de Estados Unidos, centrada en la erradicación como el principal factor de cambio.

Las intervenciones preventivas deben poner al alcance de los drogoconsumidores los recursos necesarios y los entornos apropiados para no promover conductas inadecuadas, y sí en cambio de comportamientos de auto cuidado.

Esto exige sin embargo una visión menos prejuiciosa y más enfocada hacia la reducción de daños, en la cual el control y la supervisión del consumo de drogas, junto con una política de regulación sociocultural debe estar por encima de la idea de erradicación, como propone el gobierno norteamericano.

Es menester reconocer sin embargo que pese a la resistencia oficial, el gobierno federal ha tenido iniciativas para, por ejemplo, administrar una clínica de Metadona, que es una de las estrategias que contempla la reducción de daños.

Cabe resaltar que mientras en años anteriores el presupuesto nacional en materia de drogadicción siempre se había enfocado en un porcentaje muy alto sólo al tema del combate, desde hace algunos años se ha comenzado a financiar o subrogar algunos servicios para la reducción de daños a organismos de la sociedad civil, lo cual constituye un cambio pequeño pero significativo.

Lo dominante sin embargo sigue siendo esta visión represiva porque además lamentablemente han sido tan fuertes las campañas en este sentido, que mucha gente sí piensa que ésa debe ser la solución y que sí hay que penalizar y criminalizar a los adictos, por eso la respuesta gubernamental sigue siendo en ese sentido.

Ante el embate del narcotráfico, las violencias ligadas a las drogas y el incremento en el consumo interno de todo tipo de estupefacientes,  es indispensable que se estudien detenidamente las condiciones en que se presenta el fenómeno de la drogadicción para diseñar políticas acordes con esta realidad.

Formar a la gente dentro de una estructura efectiva para la prevención, con el seguimiento de una metodología científica, y no de meras ocurrencias e ideas prejuiciosas como sucede en la mayoría de los casos, puede ser la puerta de acceso a una situación de control real de un fenómeno que en las actuales circunstancias, amenaza con seguir creciendo.

Por: Luis Carlos Ortega