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Cleptocracia: el gobierno de los ladrones

Por: Héctor Molinar | 30 de diciembre, 2016 - 13:28 | Opinión |

La corrupción en México, ya es ilimitada y ha crecido desmesuradamente. Involucra a todo tipo de personas, de todas las clases sociales y militantes de todos los partidos políticos. Es una enfermedad incurable y progresiva como el alcoholismo. Está en todas partes y en todo el sistema político mexicano. Es criminal porque destruye la esperanza, la ilusión, el progreso, la vida misma. Destruye todo a su paso. ¡Así tenemos más de cien años! Un país fuera de control.

Y por si fuera poco, seguimos contribuyendo en el sostenimiento de lo insostenible, como ocurre con la economía del país, si es que a esto se le puede llamar economía. Los aumentos de las gasolinas que entrarán en vigor a partir de enero, caen como una potente bomba nuclear. Destruirá sin duda, familias enteras de millones de pobres mexicanos y se sostendrá en débiles agujas. Estamos peor que nunca, vilmente engañados con el peor gobierno en los últimos cuarenta años. Lo bueno casi no se cuenta, pero cuando nada bueno se tiene, cuenta mucho.

Enrique Peña Nieto termina el año con el país empobrecido, y sin un plan de gobierno definido para enfrentar el reto. Sin duda el ataque inminente de los Estados Unidos de Norteamérica, será otro golpe mortal en la economía nacional. Los integrantes del gabinete federal son cómplices de la corrupción y son tan culpables como el primer mandatario de la nación. Hemos aprendido a vivir bajo la discriminación y el maltrato gubernamental. Somos débiles para enfrentar nuestros miedos, y celebramos nuestras desgracias burlándonos hasta de la muerte.

El Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, justifica lo injustificable, respecto a los precios de las gasolinas y el diesel, pues declaró en entrevista con Loret de Mola, que “no es una decisión del gobierno que suba o que baje el precio de la gasolina, es una circunstancia del cambio en el precio de los insumos y de la imposibilidad que tendríamos seguirlo manteniendo artificialmente bajo”. Lo que interpretamos de sus propias palabras, es que lo que han sostenido, es la corrupción de Pemex. Es indudable que los diversos funcionarios y sindicalizados de Pemex se enriquecieron ilícitamente y quebraron a la empresa más redituable del país. 

El Partido Revolucionario Institucional, ha demostrado una vez más que es incorregible. Todos los diputados y senadores que emanan de este partido político son cómplices y han contribuido con la corrupción. Nos han llevado a un laberinto sin salida. Unidos con otros partidos que nacieron del mismo PRI, como lo son el Verde, Movimiento Ciudadano, El PRD, PANAL, Encuentro Social y el PT. El único que ha denunciado las corruptelas es el Presidente del Partido MORENA, Andrés Manuel López Obrador, quien ha sido vilmente atacado por sus adversarios.

El Partido Acción Nacional, ha sido una opción sin el éxito esperado y deseado por la ciudadanía. Ha logrado abrir de nueva cuenta camino, cuando todo parecía perdido como consecuencia del fallido gobierno de Felipe Calderón. Se salvan cuando menos por una mejor administración en la economía de México de los últimos dos sexenios panistas. Con el aumento de las gasolinas subirá considerablemente todo el costo de la vida. Pero parte de la corrupción también somos todos los mexicanos, por permitir tanto abuso y omisos en denunciar y exhibir a los malos funcionarios.

El malestar es nacional y todo parece indicar que seguiremos igualmente insensibles ante la prepotencia del poder. Somos indiferentes ante el terror que todos los días viven padres de mujeres asesinadas y desaparecidas. De familias enteras que mueren de hambre. De tanta injusticia social y crímenes de alto impacto. Somos el malestar de nuestros propios males. La trata de personas y la esclavitud sexual, así como la prostitución de menores son delitos actuales que se cometen diariamente. Es tiempo de reaccionar y actuar con determinación unidos, en contra del sistema que tanto nos ha dañado.    

Tenemos leyes, pero está ausente la autoridad. Es lamentable ser testigos presenciales, de funcionarios que no saben ni siquiera pronunciar las palabras correctamente que denotan su ignorancia, así como de servidores cínicos e inmorales, que se han servido del pueblo. Ya lo dijo el Maestro Miguel Carbonell “Lo llaman democracia representativa", pero ni es democrática ni representa a nadie. Se trata más bien de una fachada para que unos pocos políticos mediocres y rapaces se aprovechen del resto de nosotros. No es democracia: es cleptocracia, el gobierno de los ladrones.

Por el Lic. Héctor Ramón Molinar Apodaca

Especialista en Gestión de Conflictos y Mediación

abogado@hectormolinar.com