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López Obrador decreta que no será presidente

Por: Alfredo Martínez de Aguilar | 14 de noviembre, 2016 - 12:12 | Opinión |

Vaya mayúscula sorpresa desagradable que regaló El Peje Manuel Andrés López Obrador a sus fanáticos seguidores, con motivo de su 63 cumpleaños, pues al fin Pejelagarto, confirmó que el pez por la boca muere.

Desde ya podemos adelantar que, a pesar del triunfo del populismo con Donald Trump en Estados Unidos, en el caso de México, el presidente del concejo nacional de Morena, no será presidente de la República. Y lo sabe.

Permanentemente contradictorio como es su controvertida personalidad, reflejada en su doble discurso y doble moral maniquea, MALO contradice la impresión general que el triunfo de Trump le beneficia y fortalece.

Quizás fruto de un momento de lucidez, Manuel Andrés López Obrador cobra conciencia y deja entrever en sus palabras que a diferencia de los estadunidenses, los mexicanos no se equivocarán y no lo harán presidente.

A lo largo de la historia el pueblo de México ha dado sobradas muestras que es sabio y, sobre todo, que ama su libertad al extremo del libertinaje. El riesgo es que el que por su gusto es buey hasta la coyunda lame.

La partidocracia en general, pero de manera especial el PRI-gobierno ha lastimado innecesariamente durante casi un siglo a los mexicanos pobres y éstos cada vez son más pobres y están sumamente resentidos socialmente.

La creciente desigualdad, la escandalosa corrupción y la condenable impunidad tienen hasta la madre al pueblo pobre y éste en medio de su desesperación puede oír el canto de las sirenas de las promesas del populismo.

Una de las últimas oportunidades y llamadas a la supervivencia del PRI, es combatir la corrupción empezando de manera congruente por su propia casa, no solo llevando a la cárcel a los gobernadores y funcionarios rateros.

Indispensable es, al mismo tiempo, confiscar todo el dinero robado y los bienes adquiridos con sus fortunas mal habidas a los grandes corruptos del país en todos los sectores, pues también hay empresarios corruptos.

Entendible totalmente esta actitud y conclusión porque al Peje, se le puede acusar de todo, menos de pendejo, porque es más que inteligente, es genialmente perverso, formado en el viejo sistema dominado por el PRI.

Jamás hay que olvidar que López Obrador debe gran parte de su formación a dos distinguidos tabasqueños, al poeta Carlos Pellicer Cámara y al destacado político Enrique González Pedrero, de quienes, dicen, fue efebo.

La base de la programación neurolingüística enseña que, te conviertes en lo que decretas o dices con tus propias palabras. Y López Obrador decreta que si no gana la presidencia en 2018 se iría literalmente a La Chingada.

La Ley de la Atracción enseña, asimismo, que al fin energía, lo que piensas, dices y haces, es lo que atraes. No hay, pues, buena o mala suerte, sino energía positiva y negativa, que atraes o rechazas con tus acciones.

A ello se suma el hecho que, con dichas acciones puedes transformar las circunstancias que te rodean. Lograrlo requiere, ciertamente, una alta carga de inteligencia, humildad y testosterona o, si lo prefiere, firmeza y decisión.

Este 13 de noviembre, según una nota del portal Aristegui Noticias, el dirigente de Morena cumple 63 años y hace una revelación: “Si desgraciadamente nos va mal en el 18, seguiré sembrando plantas e ideas hasta que fallezca, pero no volvería nunca más a ser candidato a nada”. 

“Deseo vivir cuando pueda y hasta que muera en la Quinta La Chingada. Si el pueblo de México se manifiesta en 2018 por un cambio de fondo y me da su confianza, vendría a la quinta como ahora, de vez en cuando; pero si la mayoría de la gente dice que no me quiere gobernando o los de la mafia del poder nos lo impiden, entonces sí me iría literalmente a La Chingada. Es mi plan B: refugiarme en este lugar maravilloso”, confiesa el dirigente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, en el marco de su cumpleaños 63.

Ya en 2012 había hecho una revelación similar en una reunión privada.

En un artículo del político, publicado en el diario Reforma y titulado “Posdata palencana” -el cual también reproduce en su cuenta de Facebook-, AMLO habla sobre ese lugar, su familia, sus bienes, el 2018 y más.

“Adelanto que me dedicaré a leer, escribir y a dar clases, porque de algo tengo que vivir. Además, así mis adversarios conservadores no seguirán necios preguntando ‘de qué vivo, si no trabajo’…”.

“En fin, si desgraciadamente nos va mal en el 18, seguiré sembrando plantas e ideas hasta que fallezca, pero no volvería nunca más a ser candidato a nada. Diría: quise ser como Juárez, Madero y Lázaro Cárdenas, y no pude o no supe hacerlo. Mientras viva, no dejaré de luchar por la justicia y por la auténtica democracia, pero me retiraré del protagonismo político para así, con humildad y arrogancia, al mismo tiempo, poder decir a mis adversarios y a quien quiera oírlo, “ya ven, no soy un ambicioso vulgar”. Sólo me importa estar bien conmigo mismo, con mi conciencia, con el prójimo, con la nación y con la historia”, asegura López Obrador.

Y se suelta: “En 2015, manejando un vehículo en el camino de Palenque a Villahermosa, con Beatriz y mis cuatro hijos, les dicté mi testamento político que ya obra en manos de un notario. Repito: no tengo ningún bien material, ni cuentas de cheques ni tarjetas de crédito. En otras ocasiones, he explicado que nunca me ha interesado el dinero, aunque por respeto a las personas, no dejo de recalcar que no todo el que tiene es malvado. Precisamente, en 2015, entregué a mis hijos la Quinta La Chingada, heredada de mis padres: a Jesús le toca la casa y 4 mil metros cuadrados; a José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo Alfonso, una superficie de 2 mil 500 metros cuadrados a cada uno. Cuando les informé a mis hijos grandes que al Jueche le quedaría la casa de sus abuelos, porque no había recibido nada, ninguno se disgustó, son buenos de verdad.

“Aquí sostengo que el mejor consejo y la enseñanza mayor que uno puede dar a los seres queridos es la del desinterés por lo material, porque muchas veces la infelicidad se produce por la ambición al dinero. En consecuencia, la satisfacción más grande que uno puede tener mientras exista, es contar con hijos honestos, que hagan de su vida una línea recta y lleven a la práctica sentimientos sinceros de amor al prójimo, en especial, a los débiles, pobres y humillados”, cuenta.

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