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El arte de gobernar

Por: Héctor Molinar | 17 de octubre, 2016 - 05:51 | Opinión |

El arte de gobernar, una frase difícil de asimilar por el significado de ambas palabras por separado. Si la inspiración, las emociones, percepciones y sensaciones son sentimientos que combinan la creatividad y el mejor ambiente para satisfacer los sentidos, podemos entonces afirmar que gobernar es un arte. Desde luego que todo político debe entender que para sentir estos valores, debe apreciar a sus semejantes. Debe entender que servir, va más allá de una simple actuación y de buenas intenciones. La sensibilidad proporciona la empatía, la cercanía con la gente la seguridad para admitir el entorno social en el que se desenvuelve, y la gobernabilidad el proceso de medir las consecuencias de sus actos.

Cada gobernante en turno, busca la manera de convencer al gobernado con discursos y promesas que influyen en el ánimo de la gente, para privilegiar en primer término, el placer de sentir el poder y establecer una personalidad a través de una imagen proyectada por expertos. Diseñada para llegar al sentimiento humano y a los más necesitados de justicia social. El arte de gobernar, lleva implícito la combinación de ser receptivo y permeable a las emociones de los subordinados. Siendo lo más importante como principio fundamental, que pueda gobernarse a sí mismo para dar el ejemplo con los hechos, con su propia conducta en la toma de decisiones, sin egoísmo, imparcial y  atento al movimiento social que encabeza, que incluye lo político y lo religioso.

Gobernar, significa escuchar, atender y equilibrar las críticas, estar preparado para vencer el ego, para enfrentar las adversidades y establecer las condiciones favorables para la acción de gobierno, para desarrollar acciones y poner en marcha sus políticas afines a los principios establecidos por la mayoría, así como identificar el daño que puede ocasionar, en caso contrario en perjuicio de la democracia. Ganar elecciones por mayoría de votos de la minoría votante, no es el resultado alentador para considerarse como un gran triunfador. Menos aún, cuando sobre la conciencia del gobernante pesa el hecho de haber utilizado mecanismos fraudulentos, que son comunes en los países corruptos como el nuestro. La ingobernabilidad es un pecado de grandes dimensiones.

Por ello es necesario analizar la conducta de los gobernantes en turno. Todos llegan sencillos, amigables, sonrientes, relajados, llenos de optimismo, cordiales y entusiastas y conforme pasa el tiempo, van perdiendo el encanto y muestran el verdadero rostro que los identifica plenamente como uno más del montón. El que impone y es autoritario denota en su quehacer político la falta de educación, ausencia de valores e ignorancia cívica, o en su caso dejan ver el rostro manipulador de sus padrinos políticos. Por eso no siempre resulta como queremos, ni suele suceder lo que nos hacen creer. Por eso, gobernar en es un arte. O el arte de gobernar cuando el liderazgo permite conservar la estabilidad y el buen funcionamiento del dispositivo de poder. Evita tanto la tiranía como la ley implacable.

En nuestro estado estamos “estrenando” gobernantes, tenemos nuevo gobernador y nuevo presidente municipal en el caso de nuestra sufrida ciudad (por gusto), quienes han diseñado cada uno por separado, la estrategia que creen adecuada a las necesidades de la comuna. Ambos han contratado a su equipo de colaboradores, -que pagaremos todos los ciudadanos con nuestras contribuciones-, bajo la percepción ciudadana de la falta de control en sus emociones y la falta de comunicación a pesar de que ambos ¡son expertos en la comunicación!. Así las cosas no pueden darse de la mejor manera. La consulta ciudadana es la más importante para tomar decisiones, pues no necesariamente emana de los regidores, ni de los diputados, que de entrada son parte del sistema manipulado por el poder que ejerce el principal.

Mientras se ponen de acuerdo, la delincuencia y el crimen organizado siguen dando ejemplo del poder territorial ante la impunidad. Todas las libertades y derechos humanos que pregonamos con las instancias e instituciones creadas para tal finalidad, nunca se lograrán ante la falta de gobernabilidad de sus gobernantes. El arte de gobernar no es a través de los sillones y de un palacio, es mediante el diálogo permanente, la conciencia y el reconocimiento de la comuna que es la más sabia para inducir al gobernante en turno por el camino del bien y la sabiduría, o acabará por hundirlo ante su propia ingobernabilidad.

Por el Lic. Héctor Ramón Molinar Apodaca

Especialista en Gestión de Conflictos y Mediación

abogado@hectormolinar.com

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