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Cementerios olvidados: Ahora son parques, templos y escuelas en Chihuahua

Por: Juan Gómez Franco | 16 de octubre, 2016 - 09:59 | Estatal |

Chihuahua.-Alguna vez se ha puesto a pensar en dónde está parado o qué había en ese lugar donde usted disfruta del pasto verde y la sombra de un buen árbol. O su hijo toma clases o corre en el recreo sin saber lo que años atrás se ubicaba. Escuchar una buena sinfonía acompañado a unos metros de sepulturas…

En la ciudad de Chihuahua, como ejemplo, algunos cementerios se convirtieron en parques, templos, en un Centro Cultural, en escuela primaria, un kínder, o una calle muy transitada en la actualidad por los mismos peatones. En esos lugares que se mencionarán a continuación quedaron cuerpos sepultados y seguirán hasta que se llegue a edificar otra construcción a través de un tiempo futuro.

U otro de los casos cuando va a escuchar la eucaristía y lo hace junto a personas que están sepultadas a escasos metros de donde escucha la misa que ofrece el sacerdote.

El parque Urueta; el Revolución; el viejo panteón de Santa Rosa; el Jardín Abraham González en la Bolívar esquina con avenida Independencia; el Centro Cultural teatro de los Héroes y el de Fernando Saavedra; la Casa de los Laureles convertida luego en Cidech o Instituto de la Cultura. El primero de todos ellos se ubicaba en la esquina de la calle Vicente Guerrero, entre la Libertad y la avenida Juárez, a un lado de lo que fuera el antiguo templo de Loreto. Los templos: la Catedral, el Santuario de Guadalupe y el viejo templo de San Francisco.

 

En el 2013, se realizaban los trabajos de remodelación del Centro Histórico de la ciudad de Chihuahua para cambiar las viejas tuberías. Los trabajadores encontraron restos óseos humanos en el punto localizado entre la parte posterior del Palacio de Gobierno y el Palacio Federal o Casa Chihuahua.

En el Palacio Federal estaba la iglesia de Loreto y en el interior, el claustro del convento de los jesuitas donde estaban las celdas, mientras que, la calle Libertad, justo donde se encontraron los restos óseos, correspondía al cuerpo de la iglesia, de la cual todavía existe una de las torres del campanario que posteriormente se convertiría en el “Calabozo de Hidalgo”.

El convento fue cuartel de los norteamericanos y de los franceses alrededor de los años1846 al 60 donde ocuparon este edificio. Existe la probabilidad de que hayan fusilado gente y las hayan enterrado allí mismo.

La iglesia de Loreto estaba desde la Juárez, la calle Once, la Vicente Guerrero y la Aldama; enseguida estaba la huerta del colegio que ahora es la Plaza Hidalgo y la propiedad en total se extendía hasta la calle Coronado.

 

Entre el año de 1700 cuando ya se formaban en la hoy Chihuahua, familias que se dedicaban al comercio y la minería, se tuvo la necesidad de encontrar lugares para que sus cuerpos tuvieran el descanso eterno. No en todos se cumplió, ya que posteriormente fueron sacados y llevado a otros espacios.

Para 1756, se inicia la construcción del primer panteón en la Villa de San Felipe el Real. Este panteón encontró su espacio a un lado de la iglesia parroquial, hoy la Catedral, donde se sepultaba a personas de alcurnia y pudientes de la Villa.

Conforme fue creciendo la población, empezó a ser incómodo que los muertos los sepultaran dentro de las iglesias o fuera de ellas, ya que los olores empezaron a traspasar al interior del templo cuando se realizaban las misas.

Las autoridades de la Villa de San Felipe, querían eliminar esta costumbre, pues muchas veces y enfrentando a los intensos calores del desierto chihuahuense y al inadecuado manejo que se hacía con los cadáveres, los olores fétidos traspasaban los poros del suelo seco y arenoso de las tumbas.

En ese lugar siguen enterrados el cantero de la catedral José de la Cruz y Blas Cano de los Ríos, este último está a la entrada del templo, de la puerta principal a mano derecha.

También, en el templo de San Francisco tuvo en su capilla el cuerpo de Miguel Hidalgo y Costilla durante dos años, hasta que fue exhumado y trasladado a la ciudad de México.

El terrateniente Luis Terrazas está sepultado en el atrio del Santuario de Guadalupe, así como otras familias pudientes de la vieja ciudad de Chihuahua a principios del siglo XX.

 

 

A principios del siglo XIX, en el año de 1802, se toma la iniciativa de crear un cementerio fuera de la pequeña mancha urbana y se construye al sur de la ciudad el panteón "San Felipe", que inicia sus funciones con 40 fosas.

Actualmente se encuentra lo que se conoce como el jardín de Abraham González, que se ubica en la esquina del paseo Bolivar e Independencia.

Para el año de 1810, cuando la insurrección de Miguel Hidalgo empezaba a ser gestado en la ciudad de Dolores, en el norte no se conocía mucho de ello. Un año después, para 1811, la noticia corrió sobre la captura de unos sublevados encabezados por Miguel Hidalgo y Costilla y sus aliados que fueron llevados a la Villa de San Felipe El Real.

Luego de que fueron fusilados en los patios del convento de Jesuitas, en junio de 1811, los cuerpos de Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez, Mariano Hidalgo, hermano del padre de la patria y tesorero de la insurgencia quien sigue sepultado hoy en día en la esquina de Bolívar e Independencia, al igual que otras 20 personas.

El cuerpo de Miguel Hidalgo fue sepultado por espacio de dos años en la capilla de San Antonio, a un lado del templo de San Francisco, ubicado en lo que hoy es la calle Libertad. Por eso se le llamó a esa calle con ese nombre.

Posteriormente los cuerpos de los insurgentes fueron llevados a la ciudad de México para que ocuparan su lugar en el monumento a la Independencia.

Estuvieron en ese lugar Juan de Aldama e Ignacio Allende, Todavía están los cuerpos de Juan Bautista Carrasco, Ignacio Camargo, José María Chico, Ramón Garcés, Mariano Hidalgo, José Mariano Jiménez, Francisco Lanzagorta, Pedro León, Agustín Marroquín, Luis González Mireles, José Plácido Morrón, Onofre Gómez Portugal, Trinidad Pérez, Juan Ignacio Ramón, Manuel Santa María, Manuel Ignacio Solís, José Vicente Valencia, José Santos Villaseñor y Nicolás Zapata.

 

El antiguo panteón de “Nuestra Señora de Regla”, hoy parque Revolución fue puesto al servicio del público al presentarse por tercera vez en la ciudad la epidemia del cólera.

El número de víctimas y la lejanía del Cementerio de Nuestra Señora de la Merced, ubicado en el centro de la ciudad, obligaron al Ayuntamiento a determinar otro sitio para un nuevo camposanto. Debido a la urgencia de la situación causada por el cólera, inmediatamente comenzó la construcción y se abrieron las primeras sepulturas.

Una vez concluido el nuevo cementerio y pasada la epidemia, el antiguo panteón quedó bajo la jurisdicción del titular de la parroquia.

El historiador, Miguel Anguiano, comentó que según datos del último censo existen enterrados hoy en día 500 cuerpos en el panteón de la Regla. En el año de 1852 el carcelero de Miguel Hidalgo, Melchor Guaspe murió y fue sepultado en ese lugar y sigue todavía bajo el jardín del parque Revolución.

Melchor Guaspe fue en dos ocasiones alcalde de Chihuahua y vivió en la residencia que se ubica a un lado del estacionamiento el Mesón de Catedral. Construcción más antigua que sigue todavía en pie. En esa casa vivió también el general Ángel Trías.

Entre 1914 y 1915 el General Francisco Villa mandó construir dos criptas en este Panteón para que ahí se le diera sepultura.  En 1957 el Panteón de la Regla se convirtió en parque público con el nombre de “Antonio Deza y Ulloa”, fundador de la ciudad de Chihuahua y fue hasta 1963 que le llamaron “Parque de la Revolución”, y en el centro se construyó una media glorieta para inscribir ahí los nombres de los numerosos jefes revolucionarios.

 

 

El cementerio de la Merced comenzó sus funciones en el año de 1849, en la época en que la epidemia del cólera atacó a la población y causó cientos de víctimas. Fue considerado como el camposanto para los pobres, familias que contaban con pocos recursos económicos de la ciudad de Chihuahua. Este panteón dejó de funcionar una vez que no tuvo cupo para más inhumaciones y en el año de 1925 se levantó el actual Parque Urueta.

El alcalde Socorro García decidió en 1925 convertirlo en parque y le puso el nombre del chihuahuense, Jesús Urueta, quien fue embajador de México en Argentina en el año de 1920 y considerado “el príncipe de la Palabra”: abogado, poeta y orador.

Actualmente es un amplio corredor con jardines juegos infantiles y una escuela preescolar, donde acuden niños diariamente.

 

En el año de 1946 se iniciaron los trabajos para construir lo que hoy es la ciudad deportiva, Ahí, junto al gimnasio Nayo Revilla, se creó la rotonda de los Hombres Ilustres que en la administración del gobernador Patricio Martínez, fueron trasladados a la plaza del ángel para que sus restos descansen bajo el monumento.

En su interior se encuentran el Cayetano Justiniani, Abraham González, Toribio Ortega, Manuel Ojinaga, el gobernador más joven con apenas 32 años.

 

Otro espacio que fue utilizado como panteón pero ya se tienen pocos datos sobre su existencia, fue el de Santa Rosa, ubicado en la cuadra de la avenida Independencia, 9ª, Justiniani y Tamborel. Ahí se construyó el parque de beisbol Tuto Olmos, las oficinas de Servicios Públicos municipales y una escuela primaria, Adolfo López Mateos.

Por la parte de la calle Justiniani, a 50 metros de la calle 9ª, todavía se ven incrustadas en la pared blanca, los extremos de tumbas que están bajo los talleres de los Servicios Públicos municipales.

 

Las epidemias de cólera morbus arrasó en dos ocasiones en la ciudad de Chihuahua, matando a mil 800 personas que fueron enterradas en los cementerios de La Merced, hoy parque Urueta.

El cólera morbus fue una enfermedad considerada de gravedad, que apareció no sólo en esta capital, sino en distintas partes de México y el mundo. El seis de septiembre de 1849, la enfermedad se extendió por el territorio chihuahuense y luego a la capital del estado.

El historiador Francisco R. Almada señala que fue precisamente durante la época de 1849, cuando el cólera morbus se manifestó más agresivo con los habitantes de la capital, el tiempo en el que se abrió un nuevo cementerio.

Además de la Merced, se buscó un lugar alejado para enterrar a las víctimas de esta terrible enfermedad que afectaba más a la gente de escasos recursos, y optaron por buscar espacios. Se acordó que en los terrenos que hoy ocupa el Centro Cultural, en la avenida División del Norte, donde tuvieran su último destino los cientos de cuerpos mortuorios.

Cuando se iniciaron los trabajos de excavación del Teatro de los Héroes, en la bodega que se encuentra abajo del escenario, fueron sacadas varias osamentas que formaban parte ese cementerio de a finales del siglo XIX.

El panteón abarcaba desde la hoy avenida Universidad, donde se ubica el Instituto de Cultura y Cidech, hasta lo que hoy es la estatua de Manuel Gómez Morín, a un lado del teatro al aire libre.

Los cientos de cuerpos fueron dejados ahí al no contar con espacios para ser trasladados a otro lugar.

Se dice que por las noches, se llegan a ver algunos espectros que caminan por la vieja casona de Los Laureles, antiguo hogar de los gobernadores y que luego fue utilizada como la biblioteca del Estado de Chihuahua.

El Panteón de Dolores es otro de los más antiguos que sigue en uso desde el año de 1912, con 40 mil fosas cubiertas, y que en su interior descansan varios personajes de la historia de Chihuahua.