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Del Instituto Científico Literario a la Uach

Por: Juan Gómez Franco | 16 de octubre, 2016 - 09:46 | Chihuahua |

Chihuahua.- El proceso de educación en la ciudad de Chihuahua, antes de la independencia era básicamente religioso, o en plazas públicas donde se colocaban edictos y la educación era meramente oral.

Hasta el año de 1835 inició formalmente en Chihuahua el Instituto Científico y Literario que dio pasó años más tarde a la hoy Universidad Autónoma de Chihuahua.

Antes del año de 1800, las iglesias eran espacios públicos donde se obligaba la participación de los fieles y la asistencia a las misas los domingos era obligatoria.

Los sermones eran parte de la educación que recibían los habitantes de la pequeña Villa de San Felipe El Real de Chihuahua, que acudía al templo que existía antes de la Catedral y la lejana Iglesia de San Francisco.

Las plazas públicas eran los lugares en los que se colocaban edictos informativos, advertencias y documentos que buscaban normar la vida de la comunidad.

Todos estos espacios: plazas, palacio de gobierno, iglesias y escuela, tienen en común la finalidad de educar a los ciudadanos.

En estos espacios se instruía verbalmente discursos, sermones o explicaciones sobre cómo debían comportarse los pobladores.

También se pegaban en lugares visibles decretos, circulares y disposiciones de las autoridades civiles o eclesiásticas que tenían la misma finalidad: educar a la sociedad.

La plaza pública, cuando no era obligatoria su asistencia, se convertía en espacio de encuentro, donde los comentarios, comunicaciones y críticas servían de socializador común de los conocimientos y comportamientos a desempeñar.

En la ciudad de Chihuahua fue fundada el 12 de octubre de 1709 y para 1767 con la expulsión de los Jesuitas por el Rey Carlos III en 1767, el Colegio de Loreto desaparece. Este se localiza en lo que hoy son el vejo palacio federal y el de gobierno actualmente.

El destierro de los Jesuitas fue efectos de la lucha ideológico-educativa entre los grupos sumisos a la Corona española (Franciscanos en el caso de Chihuahua) y los críticos y seguidores de los principios democráticos (Jesuitas) entre otros.

A los Jesuitas se les expulsa porque son una agrupación crítica a los planteamientos reales, los ciudadanos se les domestica e ideologiza en los espacios públicos, gratuitos y obligatorios llamado iglesia, plazas públicas, palacio de gobierno y en el Colegio de Loreto en donde se formaba la élite de Chihuahua.

En 1824 se reforma la Escuela Pública para la educación de los niños y se pone al frente a Antonio Cipriano Irigoyen de la O, quien será determinante en el impulso a la educación de Chihuahua, en esa época.

Elabora el Primer Reglamento de Educación y un año después, el 3 de febrero de 1825 emite el segundo, el cual direccionará el quehacer educativo de la época.

Se reforma la Escuela de niñas en 1824, la cual venía funcionando desde 1812 y el Estado asume la responsabilidad de impulsarla.

En el 26 Antonio Cipriano Irigoyen de la O, crea la primera escuela Normal de Chihuahua, cuyas bases las aprendió en México, en la Escuela Normal Lancasteriana. El primero de diciembre de 1827 principia “Latinidad”, es decir los estudios equivalentes hoy a la preparatoria. También se cursaban en dos años.

El primero de octubre de 1833 inicia la Carrera de Filosofía después de haberla promovido desde 1827 y para el año de 1834 crea la carrera de Teología.

Es cuando hasta el 19 de marzo de 1835 principia el Instituto Literario, hoy Universidad Autónoma de Chihuahua.

En el transcurso de los primeros 11 años de vida independiente de Chihuahua: 1824-1835, se habían creado las instituciones educativas de educación básica, media y superior, a las cuales se les confirió la tarea de alcanzar los objetivos trazados por la sociedad al comenzar su vida independiente.

La ciudad de Chihuahua apenas si alcanzaba los 9 mil 200 habitantes.

El instituto Científico y Literario fue inaugurado el 19 de marzo de 1835, si bien el término “científico” se añadió a su nombre hasta 1881, cuando se promovía el positivismo bajo el concepto de que los estudios debían tener una aplicación práctica con visión de los problemas de la vida cotidiana.

El papel del Instituto fue trascendental convirtiéndose en la institución educativa más importante y casi única de educación superior en la entidad.

Desde 1827 por decisión de Antonio Cipriano Irigoyen, diseñador académico y fomentador del proyecto formador de la institución, se funda el Instituto, cuyo primer director fue José María Bear, nombrado por José Joaquín Calvo, Gobernador del Estado.

Las materias que ahí se impartían era: Latín y Metafísica, divididos en cursos llamados “mínimos”, “medianos” y “máximos”. Para 1837 se incluyó la enseñanza del Francés y las Matemáticas, y para 1838 Lógica y Ortología.

Es hasta el año de 1856 que se agregó la materia de jurisprudencia y en 1882 se adhiere la de Gramática Española, Historia Antigua, Cosmografía e Italiano.

Las cátedras de Matemáticas, Francés e Inglés eran las que más gustaban a los estudiantes chihuahuenses porque consideraban que adquirían cultura, pero era indispensable para incrementar las relaciones comerciales y culturales con Inglaterra y Francia, que suplían a España.

En Chihuahua la educación pública empezó a tener más formalidad a mediados del siglo XIX, cuando se empieza a capacitar a maestros bajo el sistema lancasteriano: primero observan al maestro y posteriormente se les asignaba la tarea de dar instrucciones a los estudiantes.

A pesar de todo, la educación superior nombrada “para todos” en el discurso, en los hechos era clasista y solo alcanzable para una pequeña elite.

Mucho de lo planteado e idealizado no se concretaba, manteniendo el esquema básico de latinidad y filosofía del currículo en lo esencial.

En el porfiriato, la propiedad comunal junto con pueblos enteros fueron absorbidos por las haciendas ocasionando la quiebra de la actividad educativa municipal.

El balance escolar porfirista reflejaba una gran endemia educativa que contrastaba con sus propuestas. Se obstaculizó la educación de las masas: las condiciones de vida infrahumanas de la gran hacienda descartaban la educación del peón. La educación simplemente era ajena al medio rural.

El sometimiento, explotación e ignorancia -por falta de educación- del indígena, del peón, del campesino y del comunero, no se alcanzó y la sociedad rural se vio a tomar el atajo de la Revolución.

Los científicos no podían atribuir a la educación el inicio de la rebeldía popular, pues el régimen negó a las clases mayoritarias especialmente campesinas esa posibilidad.

Al término de la revolución, se empiezan a llevar maestros a diferentes partes del estado para llevarles educación, que todavía hace unas décadas se concentraba en las ciudades grandes como Chihuahua y Ciudad Juárez.

Es hasta el 8 de diciembre de 1954 cuando se fundó la Universidad Autónoma de Chihuahua, cuyo compromiso social, cultural y educativo se pone de ejemplo para las siguientes generaciones y futuras, al transformar lo que se aprende, aplicándolo para el mejor servicio de la comunidad.