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Concepción, el inquilino del Santuario de Guadalupe

Por: Juan Gómez Franco | 14 de octubre, 2016 - 11:22 | Chihuahua |

Chihuahua.-El inquilino del Santuario duró 20 años viviendo en el atrio del templo a la intemperie, soportando el calor y el frio, teniendo como compañía la soledad de las tumbas de los ricos enterrados a principios del siglo XX.

Qué paradoja de la vida. Todos los días llegan a escuchar en su mayoría personas con importantes recursos económicos, el cómo quitarse las culpas de sus pecados al oír los evangelios que les dice el sacerdote, pero cuando salen del templo, tal parece que se olvidan de la carga y van por más pecados.

Se dice que entre más dolencias, más se va con el médico. Entre más culpas qué limpiar, más se buscan cómo salvar sus almas.

En 20 años ninguno se enteró de que un indigente que no tenía ninguna pertenencia material, dormía entre las tumbas del general Luis Terrazas, el hombre más rico y dueño de Chihuahua a finales del siglo XIX y de su esposa Carolina Cuilty. O al otro día dormía entre las tumbas de la familia Müller, Gameros o los Ketelsey.

Concepción Heriberto llegó a los 30 años de edad, para quedarse a vivir afuera del templo de Nuestra Señora de Guadalupe. Iglesia cuya feligresía abarca una de las zonas de familias más pudientes de la ciudad.

Hoy a sus 57 viviendo con una pareja desde hace cinco, al fin puede disfrutar de un techo que lo divida de la lluvia, el viento, el frío y el calor.

Luego de cinco años de vivir en una casa de campaña y otros 20 a las afueras del templo del Santuario de Guadalupe, Concepción Heriberto al fin puede disfrutar lo que es estar en un espacio más amplio: dos metros y medio por dos de ancho. Además estar de pie sin toparse con el techo de una casa de campaña.

Cuatro sacerdotes han pasado por el templo. Todos le han permitido que se quede afuera, pero ninguno ha logrado conseguirle un buen lugar para vivir.

Concepción platica que no hay persona que quiera intentar robar en las viviendas de alrededor, sin que él se entere para evitarlo.

Algunos vecinos saben de eso y tratan de protegerlo para que continúe viviendo en el templo.

Hace unos años se le permitió que ocupara la cochera de una de las casa de a lado del templo, pero luego fue sacado hasta por la policía de ese lugar.

El inquilino del Santuario platica que dos veces le tocó que muy de madrugada llegara en un taxi una señora que se paraba en la misma puerta del templo y empezaba a rezar. “Yo le preguntaba a la señora en qué le podía ayudar y ella se alejó por el lado derecho del templo, pero no caminaba levitaba hasta que se perdía entre las tumbas”.

Era la mujer que le llaman “La Dama Elegante”, que visita los siete templos y se retira luego de rezar alguna letanía. Él dormía del lado izquierdo, entre las tumbas que lo cobijaban del frío.

Con más alegría, Concepción platica que desde hace unos cinco meses, un ingeniero de cuyo nombre no se acuerda, le trajo de los Estados Unidos una pequeña casa construida de plástico grueso, de la que se utilizan comúnmente para guardar herramienta o tiliches.

Para él y su pareja Norma Burciaga, es su hogar donde pasan los días a un lado de la tumba de don Luis Terrazas, únicamente separado por un barandal de metal negro.

Se nota la presencia femenina en el interior de su hogar, al que desde temprana hora Norma limpia para evitar mala higiene.

El inquilino del Santuario comentó que se encarga de cortar el pasto, hacer limpieza, y tocar las campanas para llamar a los feligreses a que acudan a misa.

“Mucha gente me apoya, pero hay otros que ven con desagrado que viva a un lado del templo, como si fuera algún bicho raro”, explica.

Algún alto funcionario que acude a misa, le envió al personal de Atención Ciudadana para platicar con él, pero no hubo resultados. Pedía que le ayudaran a conseguir una casa pequeña que pudiera ir pagando con sus mínimos ingresos, pero no hubo respuesta.

Quizá mala suerte o porque los espíritus de los ahí enterrados no quieren que se vaya esta alma terrenal. Es su única presencia que los une a todas horas con los vivos ya que cuando limpia sus tumbas, tal parece que platica con ellos.

El inquilino del Santuario de Guadalupe, podría cuando muera le den un pequeño espacio para siga acompañando las almas de los que escogieron ese espacio para vivir eternamente.

Mientras tanto ya formó su propia microhistoria, el indigente del templo.