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Colocan a nuevo santo mexicano en fachada de San Pedro

Por: Agencia Notimex | 13 de octubre, 2016 - 20:36 | Internacional |
Agencia Notimex

Ciudad del Vaticano.- La imagen oficial del nuevo santo mexicano, el “niño cristero” José Sánchez del Río, fue colocada hoy en la fachada de la Basílica de San Pedro, a tres días de su canonización prevista para el domingo próximo.

El pendón gigante fue colgado por obreros del Vaticano de uno de los balcones centrales del frontispicio, junto a los retratos de los otros seis beatos que serán declarados santos el próximo fin de semana por el Papa Francisco.

Se trata del sacerdote gaucho argentino José Gabriel Brochero (1840-1914), el sacerdote mártir de la revolución francesa Salomón Leclercq (1745-1792), y el obispo español Manuel González García (1877-1940).

Además de los presbíteros italianos Lodovico Pavoni (1784-1849) y Alfonso Maria Fusco (1839-1910), así como la religiosa francesa Elisabetta della Santisima Trinidad Catez (1880-1906).

Por tradición eclesiástica los mártires son considerados los más importantes entre los santos, porque su muerte violenta los “asemeja más a Jesús”. Ése es el motivo por el cual la imagen de Sánchez del Río, joven mártir, fue colocada hacia el centro de la fachada.

El pendón de otro mártir, Leclercq, ocupó el puesto principal e inmediatamente después el mexicano. Desde este jueves las figuras despertaron la curiosidad de miles de fieles y visitantes en la plaza del Vaticano.

La foto o la pintura elegida para ser exhibida durante la ceremonia de canonización se convierte en la estampa oficial del santo, reconocida por la Santa Sede.

En el caso de Sánchez del Río se trata de una pintura que lo muestra de frente, de cuerpo entero, vestido con una camisa blanca y un pantalón de mezclilla azul. En su mano derecha, sobre el pecho, empuña un rosario, y en la izquierda una hoja de palma, significado de la “palma del martirio”.

Su cabeza está rodeada por una tenue aureola blanca y sobre su camisa se observa una fina faja con la frase “nunca fue tan fácil ganarse el cielo”, frase que él mismo pronunció antes de su muerte.

El muchacho está descalzo y se puede apreciar, a sus espaldas, una serie de pisadas de sangre en referencia a la tortura que los soldados mexicanos le aplicaron antes de matarlo, que fue desollar las plantas de sus pies.

Más allá, detrás suyo, se ubica el estandarte con la representación de la Virgen de Guadalupe que él solía llevar al inicio de las tropas cristeras, durante el conflicto religioso en México (1926-1929).

Su retrato está acompañado por un fondo difuminado propio de un atardecer con las montañas a lo lejos, y todo a sus costados se ubican trazos de figuras geométricas.

La diócesis de Zamora, que incluye la población original del “niño cristero”, mandó a imprimir miles de estampitas con la pintura oficial del nuevo santo, que serán repartidas en la Plaza de San Pedro al finalizar la canonización.

Nacido en Sahuayo (Michoacán) el 28 de marzo de 1913, José Sánchez del Río fue un destacado joven católico que participó de las vanguardias locales de la Acción Católica de la Juventud Mexicana y cuando estalló la Guerra Cristera, en 1926, quiso unirse a las fuerzas de la resistencia, pero su madre no se lo permitió.

Luego de una inicial negativa a su alistamiento en las fuerzas cristeras guiadas por el general Prudencio Mendoza, finalmente el joven logró ingresar en el grupo. Convenció a su madre con la frase: “Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora”.

El 6 de febrero de 1928, durante una batalla, el muchacho dio su caballo al general y así lo salvó, quedando él prisionero de las tropas gubernamentales.

Tras cuatro días de cautiverio, los hombres del ejército federal lo sacaron de la parroquia donde estaba preso, le cortaron las plantas de los pies y lo condujeron descalzo por las calles de Sahuayo hasta el Panteón Municipal.

Ante una tumba ya preparada fue ahorcado y acuchillado por sus verdugos. Uno de ellos, Rafael Gil Martínez alias “El Zamorano”, lo bajó del árbol y lo remató con un tiro en la sien.

Fue declarado beato junto con otros 11 mártires mexicanos el 20 de noviembre de 2005 durante una ceremonia en el Estadio Jalisco de Guadalajara, presidida por el cardenal José Saraiva Martins, entonces prefecto para las Causas de los Santos del Vaticano.