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Encuestas políticas: un verdadero principio de incertidumbre.

Por: Luis Carlos Ortega | 20 de mayo, 2016 - 13:03 | Opinión |

A  pocos días de que se lleve a cabo un nuevo proceso electoral que decidirá quiénes ocuparán los cargos de elección popular actualmente en juego, la comunidad juarense se encuentra inmersa en un periodo de campañas donde la publicación de encuestas sigue siendo uno de los mecanismos más usados para tratar de incidir en la opinión pública.

No son un factor determinante a la hora de la decisión, pues se trata sólo de instrumentos de medición y diagnóstico del sentir ciudadano, utilizados con el objetivo fundamental de averiguar, de entender y sacar provecho de lo que el público piensa respecto a un candidato, a modo de una especie de fotografía que retrata, con cierto grado de certeza, el ánimo político que prevalece en el instante en que se realiza.

Al igual que en épocas pasadas y en el sentido estricto de su origen, su utilidad radica entonces en obtener datos que sirvan para los fines de las campañas políticas.

Sin embargo en años recientes parecen estar tomando un papel que les atribuye facultades casi de carácter mágico, elevadas a nivel de oráculo, con el deseo de visionar vívidamente los insignes destinos de un candidato y pretender usarlas como instrumentos de movilización masiva e influencia electoral, con el evidente, discrecional y marcado sesgo a favor de quien las ordena.

Entender el comportamiento de los votantes, predecir con ello el resultado de una elección, y con esto pretender inclinar la balanza a favor del candidato en cuestión, no pasan de ser sólo apuestas de intención, parte del juego política actual en condiciones las que sin embargo, de acuerdo al politólogo Philip E. Tetlock, estas previsiones de expertos resultan “sólo algo ligeramente mejor que tirar los dados”.

En un artículo publicado por la empresa de sondeos de opinión “Coto Consulting” se destaca que uno de los principales problemas que enfrentan hoy en día las empresas de investigación, es que suelen ser clasificadas no por el rigor científico aplicado en la realización del trabajo, sino  por el nivel de acierto que se tiene en el resultado final de una elección.

 Según el citado medio, en el terreno de la realidad esto es algo imposible de obtener aún y cuando el sondeo se realizara al lado de las urnas el mismo día de la votación, pues siempre existirán factores imponderables de influencia que pueden dar al traste con las predicciones, tal como ha ocurrido en pasados procesos electorales.

En Física Cuántica existe algo conocido como el “Principio de Incertidumbre” de Walter Heisenberg, una máxima que expresa que “si en un instante dado hay una gran certeza para conocer el momento lineal de un electrón, habrá una gran incertidumbre en conocer su posición, y viceversa”.

En Política, y más en el terreno de las encuestas, la cosa parece funcionar igual: “si en un instante dado hay una gran certeza para conocer la intención de voto de un elector, habrá una gran incertidumbre en conocer su decisión final, y viceversa”.

Haría falta un Heisenberg político que investigue -con el mayor grado de certeza posible- los mecanismos de funcionamiento bajo los cuales se rige esta especie de “Física Cuántica Electoral” que nos envuelve hoy en día.